Herodes



Evangelio según san Mateo, 2: 1- 2 Cuando hubo nacido Jesús en Belén de Judá en tiempo de Herodes el Rey, he aquí unos Magos vinieron del Oriente a Jerusalén diciendo: «¿ Dónde está el rey de los judíos que ha nacido? porque vimos su estrella en el oriente, y venimos a adorarle». (vv. 1- 2)

Siendo él mismo idumeo, tiembla cuando oye hablar de un rey de los judíos. Teme que el cetro, volviendo a manos de los judíos, le sea arrancado, y que su raza caiga para siempre del trono. Cuanto más grande es el poder, mayores son los peligros y temores que lo cercan. Así como en los árboles las ramas más elevadas son agitadas por el viento más ligero, de la misma manera los hombres, cuanto más elevado es el puesto que ocupen, son más fácilmente agitados por el leve anuncio del más pequeño suceso; a diferencia de aquéllos de condición humilde, que viven casi siempre en paz, como en el fondo de un apacible valle

Pseudo- Crisóstomo, opus imperfectum super Matthaeum, hom. 2

Catena Aurea. Santo Tomás de Aquino

Oración

Oh Dios, fortaleza de los que esperan en ti, que has hecho brillar en la Iglesia a san Juan Crisóstomo por su admirable elocuencia y su capacidad de sacrificio, te pedimos que, instruidos por sus enseñanzas, nos llene de fuerza el ejemplo de su valerosa paciencia. Por nuestro Señor Jesucristo

Evangelio

San Lucas 7:1-10
Una vez concluidas todas estas palabras al pueblo, entró en Cafarnaún Se encontraba enfermo y a punto de morir un siervo de un centurión, muy querido de éste. Habiendo oído hablar de Jesús, le envió unos ancianos de los judíos para rogarle que viniera y salvara a su siervo. Éstos, llegando ante Jesús, le suplicaban insistentemente, diciendo: «Merece que se lo concedas, porque ama a nuestro pueblo y él mismo nos ha edificado la sinagoga.» Iba Jesús con ellos y, estando ya no lejos de la casa, envió el centurión a unos amigos a decirle: «Señor, no te molestes, porque no soy digno de que entres bajo mi techo, por eso ni siquiera me consideré digno de salir a tu encuentro. Mándalo de palabra y quede sano mi criado. Porque también yo, que soy un subalterno, tengo soldados a mis órdenes, y digo a éste: `Vete’, y va; y a otro: `Ven’, y viene; y a mi siervo: `Haz esto’, y lo hace.» Al oír esto, Jesús quedó admirado de él, y volviéndose dijo a la muchedumbre que le seguía: «Os digo que ni en Israel he encontrado una fe tan grande.» Cuando los enviados volvieron a la casa hallaron al siervo sano.

Palabra del Señor

Daños de la tibieza



De pequeñas caídas se preparan las grandes: por las muchas concesiones hechas a la sensualidad y a la soberbia en mil cosas pequeñas, se cae en cosas de mayor importancia. Porque así pasa en la vida espiritual. La Escritura nos dice que, quien no cuida de las cosas pequeñas, cae en las grandes, y quien es fiel en lo poco, también lo será en lo mucho, y quien falta a la justicia en las cosas pequeñas, faltará también en las grandes (cf. Lc 16,10); todo lo cual quiere decir que el cuidado o el descuido en ciertas obras redunda en otras semejantes. El alma tibia acepta el pecado venial con toda tranquilidad; conoce su maldad, pero como no llega a ser pecado mortal, vive con una paz aparente, considerándose buen cristiana, buena religiosa, sin darse cuenta de la peligrosidad de tal conducta: el pecado venial deliberado puede ser para él, el detonante de pecados mortales graves. De ahí (de la tibieza) nacen muchos pecados veniales deliberados, de los que apenas nos dolemos, porque poco a poco se van extinguiendo la luz del juicio y la delicadeza de la conciencia; se vive realmente en habitual disipación y se hacen muy a la ligera los exámenes de conciencia. Con eso va amortiguándose el horror al pecado mortal, van siendo más raras las gracias divinas, y se aprovecha menos de ellas el alma

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Se turbo



Evangelio según san Mateo, 2: 3- 6 Y el Rey Herodes, cuando lo oyó, se turbó, y toda Jerusalén con él. Y convocando todos los príncipes de los sacerdotes y los escribas del pueblo, les preguntaba dónde había de nacer Cristo. Y ellos le dijeron: «En Belén de Judá: porque así está escrito por el Profeta. Y tú, Belén, tierra de Judá, no eres la menor entre las principales de Judá; porque de ti saldrá el caudillo que gobernará a mi pueblo Israel». (vv. 3- 6)

Así como los magos desean un Redentor, Herodes teme un sucesor. Esto es lo que significan aquellas palabras: «Y el Rey Herodes, cuando lo oyó, se turbó»

San Agustín, in sermonibus de Epiphania

Catena Aurea. Santo Tomás de Aquino



¡Madre de Dios y Madre mía, María!



Yo no soy digno de pronunciar tu nombre; pero tú que deseas y quieres mi salvación, me has de otorgar, aunque mi lengua no es pura, que pueda llamar en mi socorro tu santo y poderoso nombre, que es ayuda en la vida y salvación al morir.

¡Dulce Madre, María!, haz que tu nombre, de hoy en adelante sea la respiración de mi vida.

No tardes, Señora, en auxiliarme cada vez que te llame. Pues en cada tentación que me combata, y en cualquier necesidad que experimente, quiero llamarte sin cesar; ¡María!

Así espero hacerlo en la vida, y así, sobre todo, en la última hora, para alabar, siempre en el cielo tu nombre amado: “¡Oh clementísima, oh piadosa, oh dulce Virgen María!”

¡Qué aliento, dulzura y confianza, qué ternura siento con sólo nombrarte y pensar en ti!


Doy gracias a nuestro Señor y Dios, que nos ha dado para nuestro bien, este nombre tan dulce, tan amable y poderoso. Señora, no me contento con sólo pronunciar tu nombre; quiero que tu amor me recuerde que debo llamarte a cada instante; y que pueda exclamar con San Anselmo:

“¡Oh nombre de la Madre de Dios, tú eres el amor mío!”

Amada María y amado Jesús mío, que vivan siempre en mi corazón y en el de todos, vuestros nombres salvadores. Que se olvide mi mente de cualquier otro nombre, para acordarme sólo y siempre, de invocar vuestros nombres adorados. Jesús, Redentor mío, y Madre mía María, cuando llegue la hora de dejar esta vida, concédeme entonces la gracia de deciros:

“Os amo, Jesús y María; Jesús y María, os doy el corazón y el alma mía”
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Oración

El Señor es mi pastor, nada me falta, En verdes praderas me hace recostar

Evangelio

Aleluya, aleluya, aleluya.
Dios me libre de gloriarme si no es en la cruz del Señor,
por la cual el mundo está crucificado para mí, y yo para el mundo.
Aleluya, aleluya, aleluya.
EVANGELIO
Mc 8, 27-35.

Tú eres el Mesías. El Hijo del hombre tiene que padecer mucho.

✠ Lectura del santo Evangelio según san Marcos.

EN aquel tiempo, Jesús y sus discípulos se dirigieron a las aldeas de Cesarea de Filipo; por el camino preguntó a sus discípulos:
«¿Quién dice la gente que soy yo?».
Ellos le contestaron:
«Unos, Juan el Bautista; otros, Elías, y otros, uno de los profetas».
Él les preguntó:
«Y vosotros, ¿quién decís que soy?».
Tomando la palabra Pedro le dijo:
«Tú eres el Mesías».
Y les conminó a que no hablaran a nadie acerca de esto. Y empezó a instruirlos:
«El Hijo del hombre tiene que padecer mucho, ser reprobado por los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, ser ejecutado y resucitar a los tres días».
Se lo explicaba con toda claridad. Entonces Pedro se lo llevó aparte y se puso a increparlo. Pero él se volvió y, mirando a los discípulos, increpó a Pedro:
«¡Ponte detrás de mí, Satanás! ¡Tú piensas como los hombres, no como Dios!».
Y llamando a la gente y a sus discípulos les dijo:
«Si alguno quiere venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo, tome su cruz y me siga. Porque, quien quiera salvar su vida, la perderá; pero el que pierda su vida por mí y por el Evangelio, la salvará. Pues ¿de qué le sirve a un hombre ganar el mundo entero y perder su alma?».

Palabra del Señor

Gracia y Gloria

51:1 Prestadme oído, seguidores de lo justo, los que buscáis a Yahvé. Reparad en la peña de donde fuisteis tallados, y en la cavidad de pozo de donde fuisteis excavados. Isaias


83:12 Porque Yahvé es almena y escudo, él otorga gracia y gloria; Yahvé no niega la felicidad al que camina con rectitud. Salmos

Paz

93:12 Feliz el hombre a quien educas, Yahvé, aquel a quien instruyes en tu ley,
93:13 para aliviarlo tras los días amargos
Salmos