Debemos renovar todos los días nuestro buen propósito, excitándonos al fervor, como si fuera el primer día de nuestra conversión, de esta forma:
Ayúdame Señor, a cumplir mis buenos propósitos, y a dedicarme a tu santo servicio. Concédeme la gracia de empezar en este día, una verdadera vida de perfección porque lo que he hecho hasta hoy, es poca cosa
Además, es de lógica el pensar en que todo daño se debe reparar, así mismo pasa con el pecado. Todo pecado causa en el alma dos cosas: culpa y pena (cf. 2 Sam 12,13-14; 24,12). No basta pedir perdón, además hay que resarcir (reparar) el daño hecho, no porque Dios lo necesite sino porque nuestra alma lo necesita. El ejemplo del clavo en la pared: se quita el clavo (perdón de la culpa) pero queda el hueco (pena) que hay que resanar. En la confesión se perdonan nuestras culpas pero nos queda el deber de reparar el mal hecho; sino lo hacemos en vida, a través de la oración, la penitencia y las buenas obras, lo haremos en el purgatorio.
La Eucaristía contiene y expresa todas las formas de oración: es la “ofrenda pura” de todo el Cuerpo de Cristo a la gloria de su Nombre (cf Ml 1, 11); es, según las tradiciones de Oriente y de Occidente, “el sacrificio de alabanza”.
Aleluya, aleluya, aleluya. Yo soy el camino y la verdad y la vida —dice el Señor—; nadie va al Padre, sino por mí. Aleluya, aleluya, aleluya.
EVANGELIO Mc 8, 11-13.
¿Por qué esta generación reclama un signo?
Lectura del santo Evangelio según San Marcos.
EN aquel tiempo, se presentaron los fariseos y se pusieron a discutir con Jesús; para ponerlo a prueba, le pidieron un signo del cielo. Jesús dio un profundo suspiro y dijo: «¿Por qué esta generación reclama un signo? En verdad os digo que no se le dará un signo a esta generación». Los dejó, se embarcó de nuevo y se fue a la otra orilla.
La revelación “de lo que ha de suceder pronto” —el Apocalipsis— está sostenida por los cánticos de la liturgia celestial (cf Ap 4, 8-11; 5, 9-14; 7, 10-12) y también por la intercesión de los “testigos” (mártires) (Ap 6, 10). Los profetas y los santos, todos los que fueron degollados en la tierra por dar testimonio de Jesús (cf Ap 18, 24), la muchedumbre inmensa de los que, venidos de la gran tribulación nos han precedido en el Reino, cantan la alabanza de gloria de Aquel que se sienta en el trono y del Cordero (cf Ap 19, 1-8).
En comunión con ellos, la Iglesia terrestre canta también estos cánticos, en la fe y la prueba. La fe, en la petición y la intercesión, espera contra toda esperanza y da gracias al “Padre de las luces de quien desciende todo don excelente” (St 1, 17). La fe es así una pura alabanza.
Aleluya, aleluya, aleluya. Un gran Profeta ha surgido entre nosotros. Dios ha visitado a su pueblo. Aleluya, aleluya, aleluya.
EVANGELIO Mc 1, 40-45.
La lepra se le quitó, y quedó limpio.
Lectura del santo Evangelio según san Marcos.
EN aquel tiempo, se acercó a Jesús un leproso, suplicándole de rodillas: «Si quieres, puedes limpiarme». Compadecido, extendió la mano y lo tocó diciendo: «Quiero: queda limpio». La lepra se le quitó inmediatamente y quedó limpio. Él lo despidió, encargándole severamente: «No se lo digas a nadie; pero para que conste, ve a presentarte al sacerdote y ofrece por tu purificación lo que mandó Moisés, para que les sirva de testimonio». Pero cuando se fue, empezó a pregonar bien alto y a divulgar el hecho, de modo que Jesús ya no podía entrar abiertamente en ningún pueblo; se quedaba fuera, en lugares solitarios; y aun así acudían a él de todas partes.
para que estos últimos cumplan la obligación por la que alegremente se entregaron a Cristo y a su Iglesia, de día enseñando y de noche orando Lucas 21:36 Estad en vela, pues, orando en todo tiempo para que tengáis fuerza, logréis escapar y podáis manteneros en pie delante del Hijo del hombre.»21:37 Durante el día enseñaba en el Templo y salía a pasar la noche en el monte llamado de los Olivos Lucas 22:39 Salió y, como de costumbre, fue al monte de los Olivos; los discípulos le siguieron.22:40 Llegado al lugar les dijo: «Pedid que no caigáis en tentación.»
Ahora bien, ¿Por quien oraba Cristo?
«Nuestro Señor no oraba por Él, sino por nosotros»
San Ambrosio de Milán Libro III, in Evangelio de Lucas
Oh, qué grande era el fervor de todos los religiosos en los comienzos de su santa comunidad Oh, qué devotos eran para orar, cuánto esmero tenían por progresar en la virtud, con qué austeridad y disciplina vivían, cuán respetuosos y obedientes eran para con los superiores que los dirigían. Los recuerdos de su vida atestiguan que fueron gente santa y perfecta, que combatieron valerosamente contra los ataques del mundo, y pisotearon los engaños mundanales Pero ahora ya se considera gran cosa que uno no desobedezca gravemente a los reglamentos que le obligan, y que acepte con paciencia las obligaciones, que se comprometió a sobrellevar con alegría. Ah, qué tibieza, que negligencia en nuestra vida de piedad! que pronto hemos decaído del primer fervor, y de puros tibios y cansados ya hasta nos aburre la vida espiritual Ojalá que no de adormescas completamente en el progreso, en la virtud, tú que has visto tantos buenos ejemplos de personas fervorosas Hoy, si escuchas la voz de Dios, no endurezcas tu corazón (Salmo 94) Tienes nombre de vivo, pero estás muerto, reanima lo que en ti está a punto de morir, pues Dios no ha encontrado perfectas tus obras. Arrepiéntete, pues Él, el Señor va a llegar de manera inesperada. El vencedor será revestido de blancas vestiduras, su nombre estará escrito en el Libro de la Vida, y Jesucristo, lo proclamará ante el Padre y sus ángeles (Apocalipsis 3)