Aleluya, aleluya, aleluya. Jesús proclamaba el evangelio del reino, y curaba toda dolencia del pueblo. Aleluya, aleluya, aleluya.
EVANGELIO Mc 6, 53-56.
Los que lo tocaban se curaban.
Lectura del santo Evangelio según san Marcos.
EN aquel tiempo, terminada la travesía, Jesús y sus discípulos llegaron a Genesaret y atracaron. Apenas desembarcados, lo reconocieron y se pusieron a recorrer toda la comarca; cuando se enteraba la gente dónde estaba Jesús, le llevaba los enfermos en camillas. En los pueblos, ciudades o aldeas donde llegaba colocaban a los enfermos en la plaza y le rogaban que les dejase tocar al menos la orla de su manto; y los que lo tocaban se curaban.
El que tiene verdadera y perfecta caridad, no se busca a sí mismo en cosa alguna; más sólo desea que sea Dios glorificado en todas las cosas. De nadie tiene envidia, porque ama algún placer particular, ni se quiere gozar en sí; más desea sobre todas las cosas gozar de Dios. A nadie atribuye ningún bien; más refierelo todo a Dios, del cual, como de primera fuente, emanan todas las cosas, y en quien finalmente todos los santos descansan con perfecto gozo. ¡Oh quién tuviese una centella de verdadera caridad! Por cierto que sentiría estar todas las cosas mundanas llenas de vanidad Imitación de Cristo (Tomás de Kempis)
La intercesión es una oración de petición que nos conforma muy de cerca con la oración de Jesús. Él es el único intercesor ante el Padre en favor de todos los hombres, de los pecadores en particular (cf Rm 8, 34; 1 Jn 2, 1; 1 Tm 2 5-8). Es capaz de “salvar perfectamente a los que por Él se llegan a Dios, ya que está siempre vivo para interceder en su favor” (Hb 7, 25). El propio Espíritu Santo “intercede por nosotros y su intercesión a favor de los santos es según Dios” (Rm 8, 26-27).
Aleluya, aleluya, aleluya. Cristo tomó nuestras dolencias y cargó con nuestras enfermedades. Aleluya, aleluya, aleluya.
EVANGELIO Mc 1, 29-39.
Curó a muchos enfermos de diversos males.
Lectura del santo evangelio según san Marcos.
EN aquel tiempo, al salir Jesús de la sinagoga, fue con Santiago y Juan a la casa de Simón y Andrés. La suegra de Simón estaba en cama con fiebre, e inmediatamente le hablaron de ella. Él se acercó, la cogió de la mano y la levantó. Se le pasó la fiebre y se puso a servirles. Al anochecer, cuando se puso el sol, le llevaron todos los enfermos y endemoniados. La población entera se agolpaba a la puerta. Curó a muchos enfermos de diversos males y expulsó muchos demonios; y como los demonios lo conocían, no les permitía hablar. Se levantó de madrugada, cuando todavía estaba muy oscuro, se marchó a un lugar solitario y allí se puso a orar. Simón y sus compañeros fueron en su busca y, al encontrarlo, le dijeron: «Todo el mundo te busca». Él les responde: «Vámonos a otra parte, a las aldeas cercanas, para predicar también allí; que para eso he salido». Así recorrió toda Galilea, predicando en sus sinagogas y expulsando los demonios.
Jesucristo se revistió del traje sacerdotal en el santuario del seno maternal, donde al tomar nuestra carne, con ella se revistió de nuestra mortalidad. En la noche bendita de la Navidad salió de ese santuario de la entrada al mundo empezó el introito. entonó el kyrie eleison cuando extendió sus manecitas en el pesebre como para pedir Socorro. El Gloria in excelsis fue cantado por los Ángeles cuando se aparecieron a los pastores conduciendolos hacia donde estaba el niño recién nacido. Jesús dijo la colecta cuando pasaba las vigilias en oración implorando para nosotros la Divina Misericordia. Leyó la epístola cuando hizo las explicaciones de Moisés y los profetas. Anunció el evangelio al recorrer judea predicando la buena nueva. El ofertorio cuando se ofreció a Dios padre por la salvación de los hombres el cual aceptó todos sus sufrimientos. Cantó el prefacio alabando a Dios sin cesar en lugar nuestro y Dándole gracias por sus beneficios. El Sanctus fue celebrado por los hebreos, a la entrada de Jesús en Jerusalén; el domingo de Ramos cuando exclamaron !Bendito sea el que viene en el nombre del Señor¡ !Hosanna al Hijo de David¡ El Salvador efectuó la Consagración en la última Cena, por la transubtanciación del pan y del vino, en su Cuerpo y en su Sangre. La Elevación tuvo lugar, cuando fue clavado en la cruz y levantado en el aire para servir de espectáculo al mundo. Recitó el Pater; al pronunciar las siete palabras en la cruz. La fracción de la Hostia se efectuó cuando su Alma santísima se separó de su Cuerpo adorable. Reconoceréis en el Agnus Dei, la confesión del Centurión dándose golpes de pecho y exclamando: Verdaderamente este hombre era el Hijo de Dios. La Comunión, es el embalsamamiento y la sepultura. La Bendición, fue cuando Jesús bendijo al pueblo antes de dejar el mundo extendiendo las manos en el momento de su Ascensión.
¡Cuán hermosa y solemne es esta Misa celebrada por el Salvador en esta tierra! Es la misma ue los sacerdotes dicen todos los días, aunque más brevemente. Nosotros somos más favorecidos que aquéllos que vivieron en tiempo de Jesucristo. Ellos oyeron una Misa muy larga, pero única, en tanto que nosotros podemos asistir todos los días a varias, a recoger con poco trabajo los frutos de toda la vida del Salvador
Explicación de la Santa Misa (R Padre Martin de Cochem)
Quien ama mucho, hace mucho. Quien hace bien lo que tiene que hacer, mucho hace. Muy buena obra hace quien se preocupa más por ser útil al grupo donde vive, que por hacer sus propios antojos. Muchas veces parece caridad lo que solamente es seguir las inclinaciones de la propia naturaleza.
Porque raras veces no están nuestras acciones maniobradas por las propias inclinaciones naturales, por el deseo de recompensas y de obtener ventajas
Nadie está predestinado a la condenación, Dios quiere que todos los hombres se salven (cf. 1 Tim 2,4), para eso los creó. Dios nunca pensó en dos caminos -la condenación o la salvación-, sólo pensó en la salvación, no tenía otra opción. El Infierno es simplemente la negación, la no aceptación de ésta. El Cielo y el Infierno no son equiparables.
Cuando se participa así en el amor salvador de Dios, se comprende que toda necesidad pueda convertirse en objeto de petición. Cristo, que ha asumido todo para rescatar todo, es glorificado por las peticiones que ofrecemos al Padre en su Nombre (cf Jn 14, 13). Con esta seguridad, Santiago (cf St 1, 5-8) y Pablo nos exhortan a orar en toda ocasión (cf Ef 5, 20; Flp 4, 6-7; Col 3, 16-17; 1 Ts 5, 17-18).