Oración

Ya que deseamos que la luz de Cristo ilumine a todos los hombres, pidamos al Padre que a todos llegue el reino de su Hijo

Evangelio

Aleluya, aleluya, aleluya.
Bendito seas, Padre, Señor del cielo y de la tierra,
porque has revelado los misterios del reino a los pequeños.
Aleluya, aleluya, aleluya.

EVANGELIO
Mc 3, 31-35.

El que cumple la voluntad de Dios, ése es mi hermano y mi hermana y mi madre.

Lectura del santo Evangelio según san Marcos

EN aquel tiempo, llegaron la madre de Jesús y sus hermanos y, desde fuera, lo mandaron llamar.
La gente que tenia sentada alrededor le dice:
«Mira, tu madre y tus hermanos y tus hermanas están fuera y te buscan».
Él les pregunta:
«¿Quiénes son mi madre y mis hermanos?».
Y mirando a los que estaban sentados alrededor, dice:
«Estos son mi madre y mis hermanos. El que haga la voluntad de Dios, ése es mi hermano y mi hermana y mi madre».

Palabra del Señor.

Jesús y Simón

Jesús impuso entonces a Simón un nuevo nombre. Pedro -literalmente roca-, nombre propio que no aparece por ninguna parte en registros históricos anteriores a ese momento. Jesús prometió construir un edificio sobrenatural sobre el fundamento de esa roca. Y llamó al edificio Mi Iglesia; porque no sería una institución meramente humana. Sería también, en algún sentido, incorruptible: Los poderes de la muerte (o las puertas de infierno) no prevalecerán contra ella. Así, pues, Dios mismo ofrece garantías de que preservará la autoridad de Pedro.

Jesús

Jesús manso y Humilde de Corazón, haz mi corazón semejante al tuyo

Consagración episcopal

«Señor Jesús, dame amor, un amor fuerte y ardiente por Ti y, por amor tuyo, por todos los hombres y por todo lo que es bueno. Dame fortaleza, para que considere insignificante todo lo del mundo, caso de que pretenda separarme de Ti. Dame alegría en mi sacerdocio, para el que Tú me has elegido. Haz que observe fielmente tus mandamientos y dame la gracia de hacer cosas grandes en mi sacerdocio con humildad profunda y con intención pura»
ATHANASIUS SCHNEIDER

La oración de la Virgen María



La oración de María se nos revela en la aurora de la plenitud de los tiempos. Antes de la Encarnación del Hijo de Dios y antes de la efusión del Espíritu Santo, su oración coopera de manera única con el designio amoroso del Padre: en la anunciación, para la concepción de Cristo (cf Lc 1, 38); en Pentecostés para la formación de la Iglesia, Cuerpo de Cristo (cf Hch 1, 14). En la fe de su humilde esclava, el don de Dios encuentra la acogida que esperaba desde el comienzo de los tiempos. La que el Omnipotente ha hecho “llena de gracia” responde con la ofrenda de todo su ser: “He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra”. Fiat, ésta es la oración cristiana: ser todo de Él, ya que Él es todo nuestro

Oración

El Señor es clemente y misericordioso. Lento a la cólera y rico en piedad

Evangelio

Aleluya, aleluya, aleluya.
Yo os he elegido del mundo —dice el Señor—
para que vayáis y deis fruto, y vuestro fruto permanezca.
Aleluya, aleluya, aleluya.
EVANGELIO
Mc 16, 15-18.

Id al mundo entero y proclamad el Evangelio.

Lectura del santo Evangelio según san Marcos.

EN aquel tiempo, Jesús se apareció a los once y les dijo:
«Id al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación.
El que crea y sea bautizado se salvará; el que no crea será condenado.
A los que crean, les acompañarán estos signos: echarán demonios en mi nombre, hablarán lenguas nuevas, cogerán serpientes en sus manos y, si beben un veneno mortal, no les hará daño. Impondrán las manos a los enfermos, y quedarán sanos».

Palabra del Señor.

Cordero de Dios

He ahí el cordero de Dios, que quita el pecado del mundo (Juan 1, 29)

Venceremos gracias a la Sangre del Cordero, según explica Apocalipsis 12

«Ahora ya ha llegado la salvación, el poder y el reinado de nuestro Dios y la potestad de su Cristo, porque ha sido arrojado el acusador de nuestros hermanos, el que los acusaba día y noche delante de nuestro Dios.12:11 Ellos lo vencieron gracias a la sangre del Cordero y a la palabra de testimonio que dieron, porque despreciaron su vida ante la muerte.12:12 Por eso, regocijaos, cielos y los que en ellos habitáis. ¡Ay de la tierra y del mar! porque el diablo ha bajado a vosotros con gran furor, sabiendo que le queda poco tiempo.»

St.Paul Cathedral, Munster, Germany, AD 1946, Misa durante la guerra.

Jesús escucha la oración



La oración a Jesús ya ha sido escuchada por Él durante su ministerio, a través de signos que anticipan el poder de su muerte y de su resurrección: Jesús escucha la oración de fe expresada en palabras (del leproso [cf Mc 1, 40-41], de Jairo [cf Mc 5, 36], de la cananea [cf Mc 7, 29], del buen ladrón [cf Lc 23, 39-43]), o en silencio (de los portadores del paralítico [cf Mc 2, 5], de la hemorroisa [cf Mc 5, 28] que toca el borde de su manto, de las lágrimas y el perfume de la pecadora [cf Lc 7, 37-38]). La petición apremiante de los ciegos: “¡Ten piedad de nosotros, Hijo de David!” (Mt 9, 27) o “¡Hijo de David, Jesús, ten compasión de mí!” (Mc 10, 48) ha sido recogida en la tradición de la Oración a Jesús: “Señor Jesucristo, Hijo de Dios, ten piedad de mí, pecador”. Sanando enfermedades o perdonando pecados, Jesús siempre responde a la plegaria del que le suplica con fe: “Ve en paz, ¡tu fe te ha salvado!”.

San Agustín resume admirablemente las tres dimensiones de la oración de Jesús: Orat pro nobis ut sacerdos noster, orat in nobis ut caput nostrum, oratur a nobis ut Deus noster. Agnoscamus ergo et in illo voces nostras et voces eius in nobis (“Ora por nosotros como sacerdote nuestro; ora en nosotros como cabeza nuestra; a Él se dirige nuestra oración como a Dios nuestro. Reconozcamos, por tanto, en Él nuestras voces; y la voz de Él, en nosotros”) (Enarratio in Psalmum 85, 1; cf Institución general de la Liturgia de las Horas, 7)