Intervención de Prócula, esposa de Pilato «Mientras estaba sentado en el tribunal, su mujer le mandó decir: No te metas con este justo, porque hoy, en sueños he sufrido por su causa» (Mt 27, 19). La Vulgata dice «nihil tibi et iusto illi», dando un matiz más fuerte, «no tengas nada que ver con eseSigue leyendo «Prócula»
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No nos dejes caer en la tentación
Esta petición llega a la raíz de la anterior, porque nuestros pecados son los frutos del consentimiento a la tentación. Pedimos a nuestro Padre que no nos “deje caer” en ella. Traducir en una sola palabra el texto griego es difícil: significa “no permitas entrar en” (cf Mt 26, 41), “no nos dejes sucumbir aSigue leyendo «No nos dejes caer en la tentación»
Actas sobre el caso de un tal Cristo
Ahora bien, podía darse el caso de que, ciertas religiones, por diversos motivos, fuesen declaradas también como superstitio illicita (cosa que pasará años más tarde con el cristianismo por sus ansias de no querer ser tratada como «una religión más», sino como la única religión verdadera). Pero volviendo al «informe de Cristo», aunque hasta elSigue leyendo «Actas sobre el caso de un tal Cristo»
José
Evangelio según san Mateo, 1: 19- 19 Y José, su Esposo, como era justo y no quisiese infamarla, quiso dejarla secretamente. (v. 19) Al querer dejarla era justo, y al querer hacerlo en secreto muestra ser piadoso, pues la pone a salvo de toda infamia y por eso dice: «Como era justo, quiso dejarla». EsSigue leyendo «José»
Nuestras deudas
No hay límite ni medida en este perdón, esencialmente divino (cf Mt 18, 21-22; Lc 17, 3-4). Si se trata de ofensas (de “pecados” según Lc 11, 4, o de “deudas” según Mt 6, 12), de hecho nosotros somos siempre deudores: “Con nadie tengáis otra deuda que la del mutuo amor” (Rm 13, 8). LaSigue leyendo «Nuestras deudas»
José
Evangelio según san Mateo, 1: 19- 19 Y José, su Esposo, como era justo y no quisiese infamarla, quiso dejarla secretamente. (v. 19) O en otros términos: si a ti solo consta el pecado de otro contra ti, y quieres inculparle ante los hombres, no eres el hermano que corrige, eres su delator. Por esoSigue leyendo «José»
El perdón a los enemigos
La oración cristiana llega hasta el perdón de los enemigos (cf Mt 5, 43-44). Transfigura al discípulo configurándolo con su Maestro. El perdón es cumbre de la oración cristiana; el don de la oración no puede recibirse más que en un corazón acorde con la compasión divina. Además, el perdón da testimonio de que, enSigue leyendo «El perdón a los enemigos»
Pureza de Alma y Rectitud de Intención
Con dos alas se eleva uno sobre las cosas de la tierra: rectitud de intención y pureza. Es necesario tener rectitud en el entendimiento para obrar por fines elevados, y pureza en los afectos. Con la rectitud de intención dirigimos hacia Dios todo lo que hacemos. Con la pureza en los afectos nos independizamos deSigue leyendo «Pureza de Alma y Rectitud de Intención»
El Pincelito
Si el lienzo que pinta un artista pudiera pensar y hablar, seguramente no se quejaría de que el pincel lo toque y lo retoque sin cesar; ni tampoco envidiaría la suerte de ese instrumento, pues sabría que la belleza que lo adorna no se la debe al pincel sino al artista que lo maneja ElSigue leyendo «El Pincelito»
¿Y qué se dijo del proceso de Cristo?
Algunos como Blinzler señalan que todos los procesos por «alta traición» debían ser comunicados sin excepción a Roma; lo mismo señala Lidia Storoni Mazzolani, otra estudiosa del tema al decir que «es probable que existiera un informe dirigido al emperador. Y también es posible que Tiberio hubiera querido saber algo más al respecto»[ 51]. EnSigue leyendo «¿Y qué se dijo del proceso de Cristo?»