Madre Tierra?

En consecuencia, el sentimiento religioso, que brota por vital inmanencia de los senos de la subconsciencia, es el germen de toda religión y la razón asimismo de todo cuanto en cada una haya habido o habrá. Oscuro y casi informe en un principio, tal sentimiento, poco a poco y bajo el influjo oculto de aquel arcano principio que lo produjo, se robusteció a la par del progreso de la vida humana, de la que es —ya lo dijimos— una de sus formas. Tenemos así explicado el origen de toda relígión, aun de la sobrenatural: no son sino aquel puro desarrollo del sentimiento religioso. Y nadie piense que la católica quedará exceptuada: queda al nivel de las demás en todo. Tuvo su origen en la conciencia de Cristo, varón de privilegiadísima naturaleza, cual jamás hubo ni habrá, en virtud del desarrollo de la inmanencia vital, y no de otra manera.
¡Estupor causa oír tan gran atrevimiento en hacer tales afirmaciones, tamaña blasfemia! ¡Y, sin embargo, venerables hermanos, no son los incrédulos sólo los que tan atrevidamente hablan así; católicos hay, más aún, muchos entre los sacerdotes, que claramente publican tales cosas y tales delirios presumen restaurar la Iglesia! No se trata ya del antiguo error que ponía en la naturaleza humana cierto derecho al orden sobrenatural. Se ha ido mucho más adelante, a saber: hasta afirmar que nuestra santísima religión, lo mismo en Cristo que en nosotros, es un fruto propio y espontáneo de la naturaleza. Nada, en verdad, más propio para destruir todo el orden sobrenatural.
Por lo tanto, el concilio Vaticano, con perfecto derecho, decretó: «Si alguno dijere que el hombre no puede ser elevado por Dios a un conocimiento y perfección que supere a la naturaleza, sino que puede y debe finalmente llegar por sí mismo, mediante un continuo progreso, a la posesión de toda verdad y de todo bien, sea excomulgado»
CARTA ENCÍCLICA PASCENDI DEL SUMO PONTÍFICE PÍO X SOBRE LAS DOCTRINAS DE LOS MODERNISTAS

Liturgia

El Trato que le demos a la Liturgia, decidirá el destino de la fe y de la Iglesia Teología de la Liturgia, Benedicto XVI

El cuarto mandamiento

abstenerse de comer carne y ayunar en los días establecidos por la Iglesia

asegura los tiempos de ascesis y de penitencia que nos preparan para las fiestas litúrgicas y para adquirir el dominio sobre nuestros instintos, y la libertad del corazón (cf CIC can 1249-1251; CCEO can 882).

Oración

El que come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí, y yo en él, dice el Señor

Evangelio

Aleluya, aleluya.
Que el Padre de nuestro Señor Jesucristo ilumine nuestras mentes, para que podamos comprender cuál es la esperanza que nos da su llamamiento.
Aleluya.

EVANGELIO
Mc 8, 22-26

El ciego quedó curado y veía todo con claridad


Lectura del santo Evangelio según san Marcos 

En aquel tiempo, Jesús y los discípulos llegaron a Betsaida. Le trajeron un ciego pidiéndole que lo tocase. El lo sacó de la aldea, llevándolo de la mano, le untó saliva en los ojos, le impuso las manos y le preguntó:
–¿Ves algo?
Empezó a distinguir y dijo:
–Veo hombres, me parecen árboles, pero andan.
Le puso otra vez las manos en los ojos; el hombre miró: estaba curado, y veía con toda claridad. Jesús lo mandó a casa diciéndole:
–No se lo digas a nadie en el pueblo.

Palabra del Señor.

Arrodillarse

Nos arrodillamos ante la humildad de nuestro señor Jesucristo, que siendo hijo de Dios, murió en una cruz, por nuestra salvación.
Arrodillarse eres una expresión propia del cristianismo, no sabía de otras culturas, ya que era considerada una actitud bárbara.
En la traducción del griego del nuevo testamento, encontramos 59 veces los palabra προσκύνησις (pros y kuteo, literalmente ‘besando hacia») 24 de estás en apocalipsis, libro de la liturgia celestial, el modelo de nuestra liturgia,
Se diferencia 3 posturas:

1) prosternación: es la acción o gesto ritual de doblar la rodilla para tumbarse a tierra (decúbito prono) en señal de adoración, sumisión, respeto o súplica

2) Caer de rodillas

3) Permanecer de rodillas

Sobre el Santo Sacrificio de la Misa

San Fulgencio de Ruspe (Telepte, Numidia, actual Tunicia, c. 468 – 1 de enero, c. 533)
«Creed sin duda alguna que el Hijo único de Dios que se hizo hombre por nosotros, se ofrece en sacrificio a Dios. A este Dios Altísimo es a quien la Iglesia Católica ofrece sin cesar en la fe y en la caridad el sacrificio del pan y del vino»

La Biblia en la Misa

Marcos 28, 19c en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo

Modernistas

Sin embargo, en todo este proceso, de donde, en sentir de los modernistas, se originan la fe y la revelación, a una cosa ha de atenderse con sumo cuidado, por su importancia no pequeña, vistas las consecuencias histórico-críticas que de allí, según ellos, se derivan.
Porque lo incognoscible, de que hablan, no se presenta a la fe como algo aislado o singular, sino, por lo contrario, con íntima dependencia de algún fenómeno, que, aunque pertenece al campo de la ciencia y de la historia, de algún modo sale fuera de sus límites; ya sea ese fenómeno un hecho de la naturaleza, que envuelve en sí algún misterio, ya un hombre singular cuya naturaleza, acciones y palabras no pueden explicarse por las leyes comunes de la historia. En este caso, la fe, atraída por lo incognoscible, que se presenta junto con el fenómeno, abarca a éste todo entero y le comunica, en cierto modo, su propia vida. Síguense dos consecuencias. En primer lugar, se produce cierta transfiguración del fenómeno, esto es, en cuanto es levantado por la fe sobre sus propias condiciones, con lo cual queda hecho materia más apta para recibir la forma de lo divino, que la fe ha de dar; en segundo lugar, una como desfiguración —llámese así— del fenómeno, pues la fe le atribuye lo que en realidad no tiene, al haberle sustraído a las condiciones de lugar y tiempo; lo que acontece, sobre todo, cuando se trata de fenómenos del tiempo pasado, y tanto más cuanto más antiguos fueren. De ambas cosas sacan, a su vez, los modernistas, dos leyes, que, juntas con la tercera sacada del agnosticismo, forman las bases de la crítica histórica. Un ejemplo lo aclarará: lo tomamos de la persona de Cristo. En la persona de Cristo, dicen, la ciencia y la historia ven sólo un hombre. Por lo tanto, en virtud de la primera ley, sacada del agnosticismo, es preciso borrar de su historia cuanto presente carácter divino. Por la segunda ley, la persona histórica de Cristo fue transfigurada por la fe; es necesario, pues, quitarle cuanto la levanta sobre las condiciones históricas. Finalmente, por la tercera, la misma persona de Cristo fue desfigurada por la fe; luego se ha de prescindir en ella de las palabras, actos y todo cuanto, en fin, no corresponda a su naturaleza, estado, educación, lugar y tiempo en que vivió.
Extraña manera, sin duda, de raciocinar; pero tal es la crítica modernista.
CARTA ENCÍCLICA PASCENDI DEL SUMO PONTÍFICEPÍO X SOBRE LAS DOCTRINAS DE LOS MODERNISTAS

El tercer mandamiento

tercer mandamiento («recibir el sacramento de la Eucaristía al menos por Pascua») garantiza un mínimo en la recepción del Cuerpo y la Sangre del Señor en conexión con el tiempo de Pascua, origen y centro de la liturgia cristiana (cf CIC can 920; CCEO can 708-881, 3)