Exhortación a la piedad durante la Santa Misa

Reconocer, dice, que los cristianos no pueden llevar a cabo obra más santa y más divina que este admirable misterio, es también reconocer que nunca sería demasiado grande el cuidado y la diligencia que en ella pudiéramos poner, además de una pureza de corazón y una piedad edificante

Concilio de Trento, Sesión 22. Decreto sobre lo que se ha se observar y evitar en la celebración de la Misa, Capítulo 9

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La descristianización no es, la pérdida de la fe, sino la pérdida de la razón



Cuando un muchacho, educado cristianamente por la familia y la comunidad parroquial, a tenor de los asertos apodícticos de algún profesor o algún texto empieza a sentir vergüenza por la historia de su Iglesia, se encuentra objetivamente en el grave peligro de perder la fe. Es una observación lamentable, pero indiscutible; es más, mantiene su validez general incluso fuera del contexto escolástico. Aquí tenemos un problema pastoral de los más punzantes; y sorprende constatar la poca atención que recibe en los ambientes eclesiales. Para salvar nuestra alegría y orgullo de pertenecer al «pequeño rebaño» destinado al Reino de Dios, no sirve la renuncia a profundizar en las cuestiones que se plantean.

Es indispensable, por el contrario, la aptitud para examinar todo con tranquila ecuanimidad: en oposición a lo que comúnmente se piensa, la escéptica cultura contemporánea no carece de cuentos, sino de espíritu crítico; por eso el Evangelio se encuentra tan a menudo en posición desfavorable.

Tal como he dicho en repetidas ocasiones, el problema más radical a consecuencia de la descristianización no es, en mi opinión, la pérdida de la fe, sino la pérdida de la razón: volver a pensar sin prejuicios ya es un gran paso hacia adelante para descubrir nuevamente a Cristo y el proyecto del Padre.

Cardenal GIACOMO BIFFI Arzobispo de Bolonia

Ese libro me basta



Jesucristo ejercita sobre nosotros su papel de eterna Verdad comunicándonos, a través de su doctrina divina, el resplandor de su sabiduría infinita. La inteligencia de Jesucristo es un abismo donde la pobre razón humana, aun iluminada por la fe, se pierde y anonada. En Cristo existían cuatro clases de ciencia, completamente distintas, pero perfectamente combinadas y armonizadas entre sí: la ciencia divina, que poseía plenamente en cuanto Verbo de Dios; la beatifica, que le correspondía como bienaventurado aun acá en la tierra; la infusa, que recibió de Dios y en grado incomparablemente superior al de los ángeles, y la adquirida, que fué creciendo, o manifestándose cada vez más perfectamente, a todo lo largo de su vida 1°. Con razón se admiraba San Pablo al contemplar reunidos en Cristo todos los tesoros de la sabiduría y de la ciencia (Col. 2,3).

Y estos tesoros infinitos no quiso reservárselos exclusivamente para sí. Plugo al Padre que fueran comunicados a los hijos adoptivos en la medida y grado necesarios para su vida de tales. El mismo Cristo le decía al Padre en la última cena: «Yo les he comunicado las palabras que tú me diste, y ellos ahora las recibieron, y conocieron verdaderamente que yo salí de ti, y creyeron que tú me has enviado» (lo. 17,8). ¡Y qué doctrina la de Cristo! «Jamás hombre alguno habló como éste» (lo. 7,46). Las más celebradas concepciones de los llamados «genios de la humanidad» palidecen y se esfuman ante un solo versículo del sermón de la Montaña.

Su moral sublime, iniciada en las divinas paradojas de las bienaventuranzas y rematada en el maravilloso sermón de las Siete Palabras que pronunció agonizante en la cruz, será siempre para la humanidad, sedienta de Dios, el código divino de la más excelsa perfección y santidad. El alma que quiera encontrar el verdadero camino para ir a Dios no tiene más que abrir por cualquiera de sus partes el Evangelio de Jesucristo y beber la Verdad a raudales.

Los santos acaban por perder el gusto a los libros escritos por los hombres: «Yo—decía Santa Teresa del Niño Jesús—apenas encuentro algo en los libros, a no ser en el Evangelio. Ese libro me basta»

Novissima verba is de mayo. 0.378 (Obras completas., Buenos Aires

El alma es libre



es decir, el alma posee la facultad de determinarse por su propia elección, de hacer una cosa preferentemente a otra, de obrar el bien o de hacer el mal. Esta facultad se llama libre albedrío

R. P. Hillaire, la religión demostrada LOS FUNDAMENTOS DE LA FE CATÓLICA ANTE LA RAZÓN Y LA CIENCIA

COLECCIÓN DE MODA DE CÉLINE DION



Extracto del anuncio publicitario de la marca de moda «Celinununu»: Dion irrumpe en una sala de bebés por la noche y hechiza a los niños con polvo mágico. Uno recuerda la declaración que hizo Olaf Scholz: «Queremos conquistar la soberanía aérea sobre las camas de los niños».

Publicaciones inquietantes en la cuenta de Instagram de la marca de moda Nununu. Empresa matriz de la marca Dion

En el obscuro Medievo



En la pintura, una vez más, nos vemos obligados a citar las grandes obras que aun permanecen y que nos siguen asombrando, de las cuales no siempre han quedado los nombres de sus autores, pero toda iglesia europea (cristiandad) de aquella época es testigo de lo que decimos. Sin embargo hay algunos nombres que permiten mostrar el “barbarismo” medieval

Hans Holbein (Augsburgo, Baviera, Alemania, 1465-Issenheim, Alsacia, 1524) fue un pintor alemán. Él y su hermano Sigmund o Sigismund Holbein pintaron varias obras religiosas al final del estilo gótico. Hans el Viejo fue un pionero y líder en la transición del arte alemán desde el estilo gótico al renacentista

The Dormition of the Virgin

Aborrecerlo por la culpa, y ya amarlo por naturaleza


Tregua de navidad


Evangelio según san Mateo, 5: 43- 48 «Habéis oído que fue dicho: Amarás a tu prójimo, y aborrecerás a tu enemigo. Mas yo os digo: Amad a vuestros enemigos; haced bien a los que os aborrecen. Y rogad por los que os persiguen y os calumnian: Para que seáis hijos de vuestro Padre, que está en los cielos. El cual hace nacer su sol sobre buenos y malos: y llueve sobre justos y pecadores. Porque si amáis a los que os aman, ¿qué recompensa tendréis? ¿No hacen también lo mismo los publicanos? Y si saludarais solamente a vuestros hermanos, ¿qué hacéis de más? ¿No hacen esto mismo los gentiles? Sed, pues, perfectos, así como vuestro Padre celestial es perfecto». (vv. 43- 48)

Yo pregunto ahora a los maniqueos el por qué debe considerarse como propio de la ley

de Moisés lo que solamente fue dicho para los antiguos: «Aborrecerás a tu enemigo». ¿Acaso San Pablo no dijo que algunos hombres eran aborrecibles para Dios? Debe también preguntarse cómo se entiende que con el ejemplo de Dios (para quien dijo San Pablo que algunos hombres eran aborrecibles) deben odiarse los enemigos, y que además con el ejemplo de Dios, que hace salir su sol sobre los buenos y sobre los malos y que enseña a amar a los enemigos.

Esta regla debe entenderse en este sentido: que aborrezcamos al enemigo por lo malo que en él pueda encontrarse (esto es, la iniquidad), y que amemos al amigo por lo que en él se encuentra de bueno (esto es, la racionalidad de una criatura racional). Oído, pero no comprendido, lo que se había dicho a los antiguos: «Aborrecerás a tu enemigo», eran conducidos los hombres al aborrecimiento del hombre, cuando no debieron aborrecer sino su vicio.

A éstos, pues, corrige el Señor, cuando añade: «Yo os digo: Amad a vuestros enemigos». Como que ya había dicho (5,17): «No he venido a quebrantar la ley, sino a cumplirla». Mandando también que amemos a los enemigos nos obliga a comprender cómo podemos a un mismo hombre, ya aborrecerlo por la culpa, y ya amarlo por naturaleza.


San Agustín, contra Faustum, 19, 24

Oración

Te pedimos, Señor, que tu gracia continuamente nos preceda y acompañe, de manera que estemos dispuestos a obrar siempre el bien

Evangelio

San Lucas 14:1-11
Sucedió que un sábado fue a comer a casa de uno de los jefes de los fariseos. Ellos le estaban observando Había allí, delante de él, un hombre hidrópico. Entonces preguntó Jesús a los legistas y a los fariseos: «¿Es lícito curar en sábado, o no?» Pero ellos se callaron. Entonces le tomó, le curó y le despidió. Y a ellos les dijo: «¿A quién de vosotros se le cae un hijo o un buey a un pozo en día de sábado y no lo saca al momento?» Y no pudieron replicar a esto. Notando cómo los invitados elegían los primeros puestos, les dijo una parábola: «Cuando alguien te invite a una boda, no te pongas en el primer puesto, no sea que haya invitado a otro más distinguido que tú y, viniendo el que os invitó a ti y a él, te diga: `Deja el sitio a éste’, y tengas que ir, avergonzado, a sentarte en el último puesto. Al contrario, cuando te inviten, vete a sentarte en el último puesto, de manera que, cuando venga el que te invitó, te diga: `Amigo, sube más arriba.’ Y esto será un honor para ti delante de todos los que estén contigo a la mesa. Porque todo el que se ensalce, será humillado; y el que se humille, será ensalzado.»

Palabra del Señor

Debilidad



Evangelio según san Mateo, 5: 43- 48 «Habéis oído que fue dicho: Amarás a tu prójimo, y aborrecerás a tu enemigo. Mas yo os digo: Amad a vuestros enemigos; haced bien a los que os aborrecen. Y rogad por los que os persiguen y os calumnian: Para que seáis hijos de vuestro Padre, que está en los cielos. El cual hace nacer su sol sobre buenos y malos: y llueve sobre justos y pecadores. Porque si amáis a los que os aman, ¿qué recompensa tendréis? ¿No hacen también lo mismo los publicanos? Y si saludarais solamente a vuestros hermanos, ¿qué hacéis de más? ¿No hacen esto mismo los gentiles? Sed, pues, perfectos, así como vuestro Padre celestial es perfecto». (vv. 43- 48)

Se comprende que había cierto grado de caridad en la justicia de los fariseos y la que pertenecía a la ley antigua, porque hay quienes aborrecen aun a aquellos que los aman. Sube, pues, un grado más aquel que ama al prójimo, aunque aborrezca a su enemigo. Para designar esto se añade: «Y aborrecerás a tu enemigo». Frase que no es un precepto, sino una condescendencia con la debilidad

Agustín, de sermone Domini, 1, 21