Únicamente para mayor Gloria de Dios



Evangelio según san Mateo, 5: 33- 32 «Además oísteis que fue dicho a los antiguos: No perjurarás; mas cumplirás al Señor tus juramentos. Pero yo os digo, que de ningún modo juréis: ni por el cielo, porque es el trono de Dios: ni por la tierra, porque es la peana de sus pies: ni por Jerusalén, porque es la ciudad del gran rey: ni jures por tu cabeza, porque no puedes hacer un cabello blanco o negro. Mas vuestro hablar sea, sí, sí, no, no. Porque lo que excede de esto, de mal procede». (vv. 33- 37)

Esto fue concedido entonces a los hombres en la ley, como a niños, porque así como ofrecían víctimas al Señor, para que no las inmolasen a los ídolos, así también se les permitía jurar por Dios. No porque hiciesen con esto alguna cosa buena, sino porque sería mejor ofrecer esto al Señor que a los demonios

San Jerónimo

Asunción de la virgen María


#15deAgosto
Asesorado por los más eminentes #teólogos y después de consultar al #episcopado #universal, el día 1 de noviembre de 1950 el papa #PíoXII definió como #dogma de #fe que la #Santísima #VirgenMaría, #MadredeDios, terminado el curso de su #vidaterrena, fue #elevada al #cielo en #cuerpoyalma.
En la bula #MunificentissimusDeus, en la que declara esta verdad, se abstuvo de hablar de la muerte o dormición de María, aunque mencionó a numerosos santos padres que, además de enseñar el traslado al cielo de la Virgen María, hablan también de su #dormición. Es esta la #fiestamariana más antigua que no tiene relación con alguna del Señor. Se designó con nombres varios: #deposición, dormición, #tránsito, #natalicio, #asunción y #pausatio. Es difícil precisar cuándo comenzó a celebrarse esta fiesta, sin duda muy antigua, lo cual pone de manifiesto la común creencia de que, acabada su vida terrena, la Virgen María fue llevada al cielo. Siendo #papasanSergioI (8 sep.), que era de origen oriental, figura en Roma, en el #LiberPontificalis, la fiesta de la Dormición de la Virgen María. San #GregoriodeTours afirma que la fiesta se celebraba a mediados de enero en Oriente, y también en algunos lugares de Europa, como Francia e Irlanda. Según Nicéforo Calixto fue el emperador Mauricio (562-602) quien la estableció el 15 de agosto
(13 sep.) pronunció estas palabras: “¿Cuál es ahora el objeto de nuestra atención? Aquel que desde la excelsa e inconmovible atalaya de los cielos, sin abandonar el seno del Padre, ha descendido al seno virginal, siendo concebido y asumiendo nuestra carne, y, aceptando voluntariamente su pasión y muerte, ha obtenido la incorrupción de su cuerpo que era de origen terreno, y al subir de nuevo al Padre condujo hacia Él también a su Madre según la carne, y elevó a las regiones celestiales a la que había sido un cielo sobre la tierra […] El arca viviente y espiritual de Dios es conducida al lugar del reposo de su Hijo”
En esa fiesta, con rango de #solemnidad, la Virgen María es celebrada como patrona de numerosos pueblos, ciudades y diócesis

Oración

Dios todopoderoso y eterno, que hiciste subir al cielo en cuerpo y alma a la Inmaculada Virgen María, Madre de tu Hijo; concédenos estar siempre orientados hacia el cielo, para que merezcamos participar de su misma gloria

Evangelio

San Lucas 1:41-50
En cuanto oyó Isabel el saludo de María, saltó de gozo el niño en su seno, Isabel quedó llena de Espíritu Santo y exclamó a gritos: «Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu seno; y ¿de dónde a mí que venga a verme la madre de mi Señor? Porque apenas llegó a mis oídos la voz de tu saludo, saltó de gozo el niño en mi seno. ¡Feliz la que ha creído que se cumplirían las cosas que le fueron dichas de parte del Señor!» Y dijo María: «Alaba mi alma la grandeza del Señor y mi espíritu se alegra en Dios mi salvador porque ha puesto los ojos en la pequeñez de su esclava, por eso desde ahora todas las generaciones me llamarán bienaventurada, porque ha hecho en mi favor cosas grandes el Poderoso, Santo es su nombre y su misericordia alcanza de generación en generación a los que le temen.

Palabra del Señor

Hacia el surgimiento de la ideología



El origen de los primeros abusos de la Razón lleva, en cierta medida, el nombre de Ilustración. Es de su ethos de donde se derivó el racionalismo constructivista, como una de sus expresiones más significativas. Así, el profundo desprecio por las formaciones sociales no intencionadas, sumado a la voluntad de (re)construir por medio de la razón humana las instituciones sociales, marcará el devenir de las ciencias sociales. Por otro lado, pero directamente ligado a este, el asombroso desarrollo de las ciencias naturales, dispuestas precisamente a conocer para controlar y dominar la naturaleza, serán tomadas por los científicos sociales como matriz de lo que la ciencia debe ser, en lo que se dio en llamar positivismo.

De estas entrañas surgiría el socialismo. El hombre había tomado, pues, consciencia de la estrecha correlación entre conocimiento y poder. La presunción de que la buena sociedad es aquella que se construye y organiza de manera planificada a partir del conocimiento, va acompañada de una carrera ideológica para establecer, en concreto, cuál es entonces el buen conocimiento a partir del cual el poder obrará su reconstrucción y reproducción. La apelación al carácter ideológico de esta carrera está lejos de ser arbitraria: la misma noción de «ideología» aparece (como no podía ser de otra manera) en este mismo contexto histórico y geográfico. En efecto, la Ilustración francesa llamó por primera vez «ideología» al estudio sistemático de las ideas, sus causas y sus desarrollos.

Era tal la fascinación por las ideas que una ciencia debía ocuparse de ellas. Según las esperanzas ilustradas, con arreglo a las mejores ideas se podrían crear las mejores sociedades y, por añadidura, los mejores hombres; y nadie más apropiado para decidir cuáles son las mejores ideas que aquellos que las estudian. La ideología, como estudio, buscó socavar el poder del antiguo régimen, por un lado, pero procuró, al mismo tiempo, ocupar el espacio que quedaba vacante. La ideología encarna todo un proyecto político. Pero hay algo más. No se trata de política a secas; no se aprecia simplemente un proyecto vinculado a la adquisición o conservación del poder. Lo que se ve es ciertamente más complejo: el poder proyectando y construyendo un hombre en su concepción ideal y una sociedad diagramada conforme a la razón. Es política, por supuesto, pero política comprometida en una reforma integral de la cultura. Terry Eagleton, al reparar en esta original acepción de ideología, reflexiona: «La ideología atañe a un programa cabal de ingeniería social, que remodelará nuestro entorno social, modificará nuestras sensaciones
y cambiará nuestras ideas». Esta fue la fantasía, agrega Eagleton, de filósofos como Holbach, Condillac, Helvetius, Joseph Priestley, William Godwin y Samuel Coleridge. El objeto de una batalla cultural es la visión del mundo que los hombres mantienen, y esta es a su vez un producto de las sensaciones y las ideas que circulan. La ideología, procurando consciente y deliberadamente modificar esos patrones, se convierte en un instrumento indispensable de toda batalla cultural.

* Saint-Simon: «Es preciso que los fisiólogos echen de su compañía a los filósofos, moralistas y metafísicos, del mismo modo que los astrónomos han echado a los astrólogos y los químicos a los alquimistas» (OSSE, vol. 15, p. 39). Citado en Hayek, La contrarrevolución de la ciencia, p. 190. Hayek comenta que incluso el «fisicismo» fue considerado una suerte de religión, como tercera fase de una evolución que iba del politeísmo al monoteísmo, y de este al «fisicismo».

Terry Eagleton, Ideología. Una introducción (Barcelona: Paidós, 1997), p. 96.

En el obscuro Medievo



En la pintura, una vez más, nos vemos obligados a citar las grandes obras que aun permanecen y que nos siguen asombrando, de las cuales no siempre han quedado los nombres de sus autores, pero toda iglesia europea de aquella época es testigo de lo que decimos. Sin embargo hay algunos nombres que permiten mostrar el “barbarismo” medieval

Henri Bellechose (fl. 1415; murió antes del 28 de enero de 1445) fue un pintor de estilo gótico internacional de los Países Bajos meridionales

La Última Comunión y Martirio de San Denis, por Henri Bellechose, 1416

Mientras tú ríes



Adoctrinamiento en la infancia El grupo objetivo de Miley Cyrus son las niñas de 11 y 12 años. Y no coloque fotografías de sus conciertos, debido a su alta carga inmoral e indecente

Si bien la creación completamente arbitraria de decenas de nuevos gēnėros no está exenta de comicidad para el ciudadano medio, el grueso de la educación en materia de gėnęro es todo menos divertido y se concentra en las instituciones educativas.

La trªnvêrsalizacįøn de gėnęro está diseñada para confundir sēxualmę nte y perturbar y manipular a los niños en el ámbito más íntimo del alma humana, es decir, el ámbito sēxûąl, a una edad tan temprana de manera que surjan adultos lo más desorientados y desapegados que sea posible. Por lo tanto, la educación de gėnęro debe romper radicalmente con el molde burgués. Según el «Child Values Monitor» de UNICEF, el 98% de los niños encuestados dijeron que sus padres son los que mejor les enseñan los valores.

Pero, ¿quién de los activistas de gėnęro preguntaría a los niños por lo que quieren? Independientemente de los deseos del niño, se promueve la separación completa y lo más temprana posible del niño de sus padres. Se amplían sistemáticamente las guarderías, los jardines de infancia y las escuelas de jornada completa.

Con el fin de eliminar los restos de los valores burgueses, los niños son deliberadamente hechos inseguros en cuanto a su identidad. Por ejemplo, las autoras de la obra estándar «Sexualpädagogik der Vielfalt» (Pedagogía sexûâl de la diversidad), Elisabeth Tuider y sus correligionarias quieren explícitamente que se utilice la confusión y la «ambigüedad» como método. Con el pretexto de prevenir los embarazos de adolescentes, los abusos sęxûâles y el sįdª, la educación sexûâl obligatoria en las escuelas secundarias en Alemania se está convirtiendo cada vez más en un campo de juego para las activistas de gėnęro. Ya no se enseñan a los alumnos los hechos biológicos de manera neutral, sino que el enfoque de la educación sexûâl hoy en día se centra en la práctica de las relaciones sęxûâles.

Cada vez más a menudo, grupos de defensa extraescolares, como pro familia o SchlAU, acompañan estas lecciones. En su mayoría, siguen su propia agenda e introducen a los jóvenes en detalle en las prácticas de las minorías sęxûâles. Su contenido se centra en el máximo placer, la reducción de los riesgos y la exclusión de los efectos secundarios indeseables que acompañan a un modo de vida irresponsable. A los alumnos se les propaga en el lenguaje más vulgar que está permitido todo lo que sea divertido, siempre que todos los implicados estén de acuerdo, que todas las prácticas y todas las orientaciones sęxûâles son iguales, y sobre todo se les anima a que lo prueben todo ellos mismos. Poner un condón sobre un pene de plástico es en estas condiciones el ejercicio más inocente.

La salida del armario se practica con juegos de rol, se reflexiona sobre cómo abrir un burdel, etc. El objetivo de estas lecciones solo puede ser la disolución de la identidad de gėnęro de los jóvenes y la promoción de formas de vida no hetęrosexûāles

WZ del 18 de septiembre de 2014

Antje Schmelcher: Unter dem Deckmantel
der Vielfalt, FASZ vom 12. Oktober 2014

El argumento de la divinidad de Cristo



”Si Jesucristo es Dios, entonces el Cristianismo es la religión verdadera”. La veracidad de esta premisa resulta evidente desde que se aceptan las inexorables implicancias del principio de no contradicción. En efecto, si Jesucristo es Dios solamente el Cristianismo puede ser verdad. Ninguna otra doctrina religiosa puede ser conciliable con este hecho. Jesucristo dijo: “Yo Soy el Camino, la Verdad y la Vida; nadie viene al Padre si no es por Mí” (Juan 14: 6). Esta es una declaración absolutamente exclusivista. Así, de acuerdo con esto, si una religión propone un camino fuera de Él simple y llanamente se trata de una religión falsa. No hay otra alternativa. Si Jesucristo es Dios, el Cristianismo es la única religión verdadera y punto (le guste o no le guste escucharlo a los hombres de nuestra época relativista). Por tanto, queda establecida la primera premisa.

“Jesucristo afirmó ser Dios”. Esto puede establecerse sin mayores problemas por medio del análisis directo e indirecto de las palabras y obras de Jesús, estando establecida ya la fiabilidad histórica general de los Evangelios. Comencemos analizando sus palabras. Una de las cosas más chocantes a este respecto es que Jesús se arroga para sí mismo el nombre que se había dado Dios en el Antiguo Testamento (cfr. Éxodo 3: 14): “Yo Soy” (de allí viene el nombre Yahvé). “Si no creyeren que Yo Soy, morirán en sus pecados” (Juan 8: 24), dice Jesús sin ambages a los judíos. Uno podría pensar que se trata de una mera coincidencia gramatical pero hay que entenderlo en el contexto de la cultura judía, que es justamente el correspondiente a la predicación de Jesús. Para los judíos el nombre de Dios era sagrado y el que un hombre lo utilice para sí era la más terrible blasfemia. No era raro, pues, que le tiraran piedras a Jesús cuando este declaró:

“Antes de que Abraham fuera, Yo Soy” (Juan 8: 58). Ellos sí entendían lo que Él quería decir y lo que eso implicaba. Otra forma de abordar la cuestión es analizando la forma en que Jesucristo entiende su relación con el Padre. Si bien enseña a los discípulos a dirigirse a Dios como “Padre” (cfr. Lucas 11: 2), para Él es “mi Padre” (cfr. Mateo 7: 21; 18: 10, 20: 23, 26: 53, etc.). Se trata de una relación exclusiva, única, ontológicamente singular. Y esto no es solo nuestra interpretación ¡sino de la del mismo Jesús! En efecto, Él no solo dice “Yo estoy en el Padre, y el Padre está en Mí” (Juan 14: 11), sino que hasta llega al extremo de declarar: “El Padre y Yo somos uno solo” (Juan 10: 30). Finalmente, con respecto a sus palabras tenemos que Jesús se propone como el fundamento y realización mismos de la existencia humana, algo que corresponde exclusivamente a Dios. En el Evangelio según San Juan encontramos abundantes declaraciones en este sentido: “Yo Soy el pan que da vida” (6: 35), “Yo Soy la Luz del mundo” (8: 12), “Yo Soy el Buen pastor” (10: 14), “Yo Soy la Resurrección y la Vida” (11: 25), “Yo Soy el Camino, la Verdad y la Vida” (14: 6), “Yo Soy la Vid verdadera” (15: 1). Pasemos ahora a analizar sus obras. Lo primero que salta a la vista en este contexto es el absoluto sentido de autoridad que tenía Jesús en su ministerio. Su autoridad no era como la de los escribas o los profetas. Los escribas nunca enseñaban sin citar a otras autoridades y los profetas siempre hablaban en nombre de Dios. Pero Jesús pretendía tener autoridad propia. Su fórmula no era “Así dice el Señor…”, sino “En verdad les digo…” (cfr. Mateo 21: 31, Lucas 23: 43, Juan 3: 3, etc.).

Más aún, Él no solo pretendía enseñar la verdad sino también ¡ser la Verdad misma! (cfr. Juan 14: 6). Y no solo eso. Jesús pretendía hacer por autoridad propia cosas que le competen exclusivamente a Dios. Así, por ejemplo, se ven episodios en los Evangelios en los que ordena a las leyes de la naturaleza y expulsa demonios ¡en su propio nombre! (cfr. Lucas 8: 22- 25 y Marcos 9: 25). Pero tal vez el ejemplo más claro de esto sea el de la pretensión que tenía Jesús de perdonar los pecados. En una ocasión unos jóvenes le trajeron a un paralítico, tendido en una camilla, y lo bajaron por el techo de la casa. Jesús se percató de que la necesidad de ese hombre era primariamente espiritual y le dijo: “Tus pecados te son perdonados” (Marcos 2: 5). La concurrencia se quedó atónita ante tal declaración. De hecho, los maestros de la Ley murmuraban: “¿ Cómo se atreve éste a hablar así? Sus palabras son una ofensa contra Dios. Solo Dios puede perdonar pecados” (Marcos 2: 7). Y con toda razón. Nosotros podemos legítimamente perdonar las ofensas que se nos hacen; pero solamente Dios puede perdonar los pecados que se cometen contra Él. Sin embargo, Jesús, en lugar de amilanarse o aclarar “No, yo no pretendo ser Dios, me están malinterpretando”, respondió: “¿ Por qué piensan ustedes así? ¿Qué es más fácil decirle al paralítico: ‘Tus pecados te son perdonados’, o decirle ‘Levántate, toma tu camilla y anda’? Pues voy a demostrarles que el Hijo del Hombre tiene autoridad en la tierra para perdonar pecados” (Marcos 2: 8- 10). Y acto seguido sanó al paralítico. Finalmente, como muestra patente de las pretensiones de divinidad de Cristo tenemos el hecho de que no tuvo ningún problema en ser llamado directamente Dios y en recibir adoración. Esto es muy importante porque Jesús, siendo parte de la cultura judía, era consciente de que el primer mandato de Dios era “no tengas otros dioses aparte de mí (…) no te inclines delante de ellos ni les rindas culto” (Éxodo 20: 3,5).

No obstante, cuando el apóstol Tomás le dijo “¡ Señor mío y Dios mío!” (Juan 20: 28), Jesús no se molestó en corregirle. Lo reprendió por su incredulidad, pero no por haberle adorado. Todo lo anterior muestra que, efectivamente, Jesús tuvo reclamos de divinidad. Sin embargo, alguno podría cuestionar nuestra premisa implícita de fondo diciendo: “¿ Y qué sucede si no partimos de la fiabilidad histórica general de los Evangelios? ¿Cómo podría probarse que Jesús hizo reclamos de divinidad?”. Bueno, para hacer consistentemente tal cuestionamiento, y no como mero capricho, habría primero que refutar todo lo que hemos desarrollado en el capítulo anterior (y esto tendría que ser de modo exhaustivo y concluyente, no basta con plantear una o dos dudas sobre tal o cual aspecto particular, que eso lo puede hacer cualquiera). Pero el punto es que incluso si no asumimos la fiabilidad histórica general de los Evangelios se puede probar que Jesús hizo reclamos de divinidad. ¿Cómo? Por medio de lo que el erudito del Nuevo Testamento Gary Habermas ha llamado método de los hechos mínimos.

En este caso no se apela a la fiabilidad general de los documentos, sino que se analiza cada dicho o hecho concreto para determinar su fiabilidad histórica particular. Pues bien, aplicando este método Habermas halla que se pueden establecer varios pasajes que implican divinidad como dichos auténticos del Jesús histórico. Por ejemplo, encontramos que Jesús se llama a sí mismo “el Hijo del Hombre” en tan numerosas ocasiones (cfr. Mateo 8: 20, 10: 23, 12: 8, 12: 32, 13.41, 16: 27, 19: 28, 24: 27, 25: 31; Marcos 8: 38, 10: 45; Lucas 6: 22, 7: 34, 9: 44, 12: 8; Juan 3: 13, 5: 27, 6: 62, 9: 35) que parece que es su título favorito. Y aquí es donde Habermas aplica el llamado criterio de disimilitud: “Si una enseñanza de Jesús no fue tomada de los judíos, y si la misma enseñanza no se encuentra en la iglesia temprana, es especialmente probable que sea auténtica del propio Jesús” (1). Pues bien, pese a las muy numerosas ocasiones en que el título de “Hijo del Hombre” aparece en los Evangelios (que, como sabemos, se escribieron algunas décadas después), nos encontramos con que no aparece ni una sola vez en los demás libros del Nuevo Testamento que son más tempranos con la única excepción del caso de Hechos 7: 56 que es extraordinario por cuanto se trata de la referencia a una visión. Así que este título, que en los Evangelios aparece prácticamente solo por boca de Jesús, difícilmente podría ser una invención de la comunidad cristiana primitiva.

En cuanto a los judíos no cristianos del primer siglo tenemos que, por más que conocieran ese título, jamás lo aplicarían a Jesús ¡precisamente porque implica divinidad! Cuando uno escucha la frase “hijo del hombre” uno puede pensar que hace alusión al origen puramente humano de alguien, pero en la cosmovisión judía es todo lo contrario. Como explica Habermas, el título de “Hijo del Hombre” viene del texto judío de Daniel 7: 13- 14 -y es claro que Jesús lo conocía y aplicaba con especificidad a sí mismo (véase Mateo 24: 30, 26: 64; Marcos 13: 26, 14: 62 y Lucas 21: 27)- y representa a “una figura profética que los críticos textuales frecuentemente identifican como pre- existente y divina, que establecerá el Reino de Dios en la tierra”.

Así que aquí tenemos un claro dicho del Jesús histórico reclamando divinidad. Pero tal vez el ejemplo más concluyente aplicando el método de los hechos mínimos sea el de Marcos 13: 32. Sucede que en este texto Jesús se identifica claramente como Hijo del Padre, en rango divino, pero al mismo tiempo dice que no sabe “ni el día ni la hora” del Juicio Final. Pues bien, este texto no podría haber sido introducido por cristianos que quisieran “fabricar” la divinidad de Jesús pues resulta problemático: supuestamente Dios sabe todo y Jesús reconoce que no sabe algo. ¡Así que precisamente el carácter problemático del texto demuestra inequívocamente que se trata de un dicho auténtico de Jesús pues de ningún modo lo habría introducido así alguien que quisiera defender su divinidad! Respecto de cómo se puede resolver esto a nivel teológico o de interpretación bíblica es algo que trataremos con detalle en un libro subsiguiente. Para los fines de esta premisa ello basta y sobra para establecer a un nivel histórico como dicho auténtico de Jesús que Él se afirmó como “Hijo del Padre” implicando trascendencia divina.

Queda, entonces, establecida la segunda premisa: Jesús hizo afirmaciones de divinidad

Dante A. Urbina
¿CUÁL ES LA RELIGIÓN VERDADERA?: Demostración racional de en cuál Dios se ha revelado

Clive Staples Lewis



Tal vez pocos lo sepan o perciban, pero la famosísima serie de libros infantiles “Las Crónicas de Narnia” tiene en realidad un trasfondo cristiano: representa la fantástica lucha entre el bien y el mal, en medio de la cual el creador de Narnia -el león Aslan- se inmola para salvar al mundo. Sin embargo, unos años antes Lewis ni siquiera era creyente… hasta que fue sorprendido por la Alegría. Clive Staples Lewis (más conocido como C. S. Lewis) nació el 29 de noviembre de 1898 en Belfast (Irlanda). Hijo de un notario y de la hija de un pastor protestante, Lewis fue el menor de dos hermanos. Su niñez estuvo rodeada por cuartos vacíos, áticos explorados en solitario, largos pasillos, bellos jardines, y sobretodo libros, muchos libros. Sin embargo, como él mismo cuenta en su obra autobiográfica Sorprendido por la Alegría (1955), en aquella época sucedió un hecho que marcó su vida: la muerte de su madre.

A partir de allí comenzó a ver al mundo como un lugar frío y desolado. “Si me piden que crea que esto es obra de un espíritu benévolo y omnipotente, mi respuesta es que toda la evidencia apunta en el sentido contrario”. Ya desde entonces, “antes de leer a Lucrecio, sentía la fuerza de su argumento: Si Dios hubiera creado el mundo no sería un mundo tan débil e imperfecto como lo vemos”. Unos pocos años después Lewis fue a concluir sus estudios preuniversitarios con “el Viejo Knock”, el señor Kirk. Lewis, influenciado por lo que le había dicho su padre, esperaba encontrar a un hombre supersentimental. Se encontró con todo lo contrario: “Si alguna vez ha existido un hombre que fuera casi un ente puramente lógico, ese hombre fue Kirk. (…) Tomaba la observación más intrascendente como un emplazamiento a la discusión. (…) No se ahorraba una refutación lógica ni siquiera en atención al sexo ni a la edad. Le asombraba que hubiera quien no deseara que le aclarasen algo o le corrigiesen”.

Aunque al comienzo fue difícil, las conversaciones con Kirk ayudaron tremendamente a Lewis a desarrollar aquella dialéctica irónica y sutil y aquella lógica apabullante que tanto utilizaría luego en sus libros apologéticos. “Al final, a menos que me sobreestime, me convertí en un ‘sparring’ nada despreciable. Fue un gran día aquél en que el hombre que durante tanto tiempo había peleado para demostrar mi imprecisión, me acabó advirtiendo de los peligros de tener una sutileza excesiva”.

En 1917, durante la primera Guerra Mundial, participa como soldado del frente francés. Al tiempo cae enfermo y es enviado al hospital Le Tréport, donde permanecerá “tres deliciosas semanas”. “Fue allí donde leí por primera vez un ensayo de Chesterton. Nunca había oído hablar de él ni sabía qué pretendía; ni puedo entender demasiado bien por qué me conquistó tan inmediatamente. Se podría esperar que mi pesimismo, mi ateísmo y mi horror hacia el sentimentalismo hubieran hecho que fuera el autor con el que menos congeniase. Puede ser que la Providencia, o alguna ‘causa segunda’ de algún tipo extraño, dirige nuestros gustos previos cuando decide unir dos mentes”. Chesterton sería decisivo en la conversión de Lewis. Como ya habíamos dicho “Dios sabe nuestros gustos”…
poco pequeña (…). No era que no me gustaran. Todos ellos eran entretenidos, pero nada más. Parecían poco profundos, demasiado simples. El dramatismo y la densidad de la vida no aparecían en sus obras”.

Culminados sus estudios con excelentes calificaciones se incorpora inmediatamente al grupo de profesores y ya desde 1925 comienza a enseñar filosofía y literatura en Oxford. Allí conoce a un nuevo amigo que jugaría un papel importantísimo en su conversión al Cristianismo: el famoso escritor J. R. Tolkien. Católico y filólogo, Tolkien derriba dos viejos prejuicios de Lewis: “Al entrar por primera vez en el mundo me había advertido (implícitamente) que no confiase nunca en un papista, y al entrar por primera vez en la Facultad (explícitamente), que no confiara nunca en un filólogo. Tolkien era ambas cosas”. En dichas condiciones el ateísmo de Lewis tenía los días contados. En el capítulo XIV -titulado “Jaque mate”- de su ya varias veces citada obra autobiográfica Sorprendido por la Alegría, comparando la situación previa a su conversión con el ajedrez escribe: “Mis piezas estaban en las posiciones menos ventajosas de todo el tablero. Pronto ni siquiera pude alimentar la ilusión de que yo llevaba la iniciativa. Mi Adversario empezó a hacer sus últimos movimientos”. Y así fue. Lo primero que hizo Dios fue derribar la torre de la filosofía idealista hegeliana que todavía tenía Lewis. “Enseñaba filosofía (sospecho que muy mal) a la vez que literatura inglesa y mi aguado hegelianismo no era útil a la hora de enfrentarme a la tutoría. Un profesor debe aclarar las cosas. Ahora, no podía explicar el Absoluto. ¿Te refieres a nadie- sabe- qué, o te refieres a una mente sobrehumana y, por tanto (también podemos admitirlo), a una persona?”.

Luego de eso Dios lo puso en jaque con una de sus mejores piezas cuando se trata de lógicos (como era el caso de Lewis): Chesterton. “Después leí el Everlasting Man de Chesterton, y por primera vez vi toda la concepción cristiana de la historia expuesta de una forma que parecía tener sentido. (…) Recordarás que ya pensaba que Chesterton era el hombre vivo más sensato que había, ‘dejando a un lado su Cristianismo’. Ahora creía, estoy totalmente convencido (aunque no lo decía: las palabras habrían revelado el absurdo), que el Cristianismo mismo era muy sensato, ‘dejando de lado su Cristianismo’”. No se acababa de recuperar Lewis cuando Dios derribó aquel firme alfil que se encontraba a su costado: “No hacía mucho que había terminado el Everlasting Man cuando me ocurrió algo mucho peor. A principios de 1926, el más convencido de todos los ateos que conocía se sentó en mi habitación al otro lado de la chimenea y comentó que las pruebas de la historicidad de los Evangelios eran sorprendentemente buenas. ‘Es extraño’, continuó, ‘esas majaderías de Frazer sobre el Dios que muere. Extraño. Casi parece como si realmente hubiera sucedido alguna vez’. Para comprender el fuerte impacto que me supuso tendrías que conocer a aquel hombre (que nunca ha demostrado ningún interés por el Cristianismo). Si él, el cínico de los cínicos, el más duro de los duros, no estaba a salvo, ¿a dónde podría volverme yo? ¿Es que no había escapatoria?”.

Finalmente, Dios cercó a Lewis con todas sus piezas y le dio el mate: “La zorra había sido expulsada del bosque hegeliano y corría por campo abierto ‘con todo el dolor del mundo’, sucia y cansada, con los sabuesos pisándole los talones. Y casi todo el mundo pertenecía a la jauría: Platón, Dante, MacDonald, Herbert, Barfield, Tolkien, Dyson, la Alegría. Todo el mundo y todas las cosas se habían unido en mi contra” (48). Entonces el Rey del otro lado del tablero, el Rey del universo, se quitó su disfraz filosófico y se convirtió en presencia viva. No estaba dispuesto a discutir. Simplemente se paró en frente de él y “se limitó a decir: ‘Yo soy el Señor’, ‘Soy el que Es’, ‘Yo Soy’”.

Lewis no tuvo más opción que aceptar su derrota: la Alegría había ganado: “Debes imaginarme solo, en aquella habitación del Magdalen (…). Hacia la festividad de la Trinidad de 1929 cedí, admití que Dios era Dios y, de rodillas, recé. (…) La dureza de Dios es más agradable que la amabilidad de los hombres, y su coacción es nuestra liberación”. La Alegría llegó a la vida del aburrido profesor de Oxford y se convirtió en uno de los apologistas más importantes del siglo XX.

Entre sus principales obras apologéticas destacan El Problema del Dolor (1940), Cartas del Diablo a su Sobrino (1942) y Mero Cristianismo (1952). Murió en 1963. Actualmente, desde la eternidad sigue dedicándose junto al sutil y elegante Chesterton a dar “jaque mate” a los ateos. Y corren rumores de que ya han ganado a varios…

C. S. Lewis, El Problema del Dolor, Magdalen College, Oxford, 1940, p.4.

C. S. Lewis, Sorprendido por la Alegria, Ed Rayo, 2006, pp. 87-88

*Tolkien era profundamente católico y ello también se evidenció en sus obras. Cualquiera
que haya leído la trilogia El Señor de los Anillos podrá fácilmente identificar el paralelo:
Frodo representa a Jesús; el anillo de poder, a los pecados del mundo; el Monte del Destino,
al Calvario; su amigo Sam, al apóstol Pedro (o al cristiano -seguidor de Cristo-en general); la criatura Gollum, a Judas Iscariote; etc

Dedicarás tus juramentos al Señor



Evangelio según san Mateo, 5: 33- 32 «Además oísteis que fue dicho a los antiguos: No perjurarás; mas cumplirás al Señor tus juramentos. Pero yo os digo, que de ningún modo juréis: ni por el cielo, porque es el trono de Dios: ni por la tierra, porque es la peana de sus pies: ni por Jerusalén, porque es la ciudad del gran rey: ni jures por tu cabeza, porque no puedes hacer un cabello blanco o negro. Mas vuestro hablar sea, sí, sí, no, no. Porque lo que excede de esto, de mal procede». (vv. 33- 37)

Nuestro Señor había enseñado antes que no debe hacerse injuria alguna a nuestro prójimo, prohibiendo la ira como el homicidio, la concupiscencia como el adulterio, y el abandono de la mujer como el acta del divorcio. Ahora, como consecuencia, enseña que debe evitarse toda injuria contra el Señor, puesto que prohíbe como malo, no sólo el perjurio, sino también el juramento como ocasión de algún mal. Y por ello dice: «Además oísteis que fue dicho a los antiguos: No perjurarás». Se dice en el Levítico: «No perjurarás en mi nombre» ( Lv 19,12) y para que las creaturas no se hiciesen dioses a su gusto, mandó que todo juramento se atribuya a Dios, y no se haga por las creaturas. De donde añade: «Dedicarás tus juramentos al Señor; esto es, si sucediese el que jurases, jurarás por el Creador, y no por la criatura». De donde se dice en el Deuteronomio: «Temerás al Señor tu Dios, y jurarás por su nombre» ( Dt 6,13 )

Glosa