Evangelio

Aleluya, aleluya, aleluya.
El que me sigue no camina en tinieblas —dice el Señor—,
sino que tendrá la luz de la vida.
Aleluya, aleluya, aleluya.

EVANGELIO
Jn 12, 24-26.

A quien me sirva, el Padre lo honrará.

Lectura del santo evangelio según san Juan.

EN aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«En verdad, en verdad os digo: si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo; pero si muere, da mucho fruto.
El que se ama a sí mismo, se pierde, y el que se aborrece a sí mismo en este mundo, se guardará para la vida eterna. El que quiera servirme, que me siga, y donde esté yo, allí también estará mi servidor; a quien me sirva, el Padre lo honrará».

Palabra del Señor.

Vio y creyó

La tela que lo había envuelto, mucho más pesada que el simple paño que se encontraba sobre su rostro, cayó por la propia acción de la ley de gravedad, lo mismo que las vendas que quedaron «extendidas»; sin embargo, el sudario (pañuelo) que se encontraba sobre su rostro, mucho más ligero y pequeño y, por así decirlo, «almidonado» por el desecado de los aromas líquidos, al recibir el golpe de calor de la Resurrección, quedó «por el contrario» (chorís) «envuelto», en una «posición singular» o «única» (eis), como envolviendo algo que ya no estaba… Y es esto lo que llamó la atención de los apóstoles. Llegamos entonces a la traducción final del texto joánico según el padre Persili, que podría colocarse así: «Juan, inclinándose, advirtió que las cintas estaban extendidas, pero no entró. Llegó entretanto Simón Pedro que lo seguía y entró en el sepulcro y contempló las cintas extendidas y el sudario, que había estado sobre la cabeza, no extendido con las cintas, sino por el contrario, envuelto en una posición singular. Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado el primero al sepultcro; vio y creyó» (Jn 20,4- 8)

¡Crucifícalo!: Análisis histórico-legal de un deidicio
Javier Olivera Ravasi

Toda la iglesia Santa

Evangelio según san Mateo, 1: 22- 23 Mas todo esto fue hecho para que se cumpliese lo que habló el Señor por el Profeta, que dice: He aquí la Virgen concebirá, y parirá hijo: y llamarán su nombre Emmanuel, que quiere decir «con nosotros Dios». (v. 22- 23)

Primero, los ángeles entonando cánticos; segundo, los apóstoles predicando; luego, los santos mártires; y por fin, todos los creyentes

Rábano

Catena Aurea. Santo Tomás de Aquino

Oración

Estoy crucificado con Cristo: vivo yo, pero no soy yo, es Cristo quien vive en mí

Evangelio

San Mateo 17:22-27
Yendo un día juntos por Galilea, les dijo Jesús: «El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres; le matarán, y al tercer día resucitará.» Y se entristecieron mucho. Cuando entraron en Cafarnaún, se acercaron a Pedro los que cobraban las didracmas y le dijeron: «¿No paga vuestro Maestro las didracmas?» Dice él: «Sí.» Y cuando llegó a casa, se anticipó Jesús a decirle: «¿Qué te parece, Simón?; los reyes de la tierra, ¿de quién cobran tasas o tributo, de sus hijos o de los extraños?» Al contestar él: «De los extraños», Jesús le dijo: «Por tanto, libres están los hijos. Sin embargo, para que no les sirvamos de escándalo, vete al mar, echa el anzuelo, y el primer pez que salga, cógelo, ábrele la boca y encontrarás un estáter. Tómalo y dáselo por mí y por ti.»

Palabra del Señor

La Santa Misa es el más grande y perfecto sacrificio de satisfacción


Para comprender mejor lo que vamos a decir, es preciso saber antes que en todo pecado resulta un mal doble: el de la culpa y el de la pena.
La culpa, que nos hace perder a Dios, nos es perdonada en el sacramento de la penitencia
La pena, podría ser igualmente perdonada por completo en la confesión, pero en general no lo es, porque nuestra contrición suele ser imperfecta. Dios ha dispuesto que el sacramento de la reconciliación nos salve de la pena eterna; pero nos queda que sufrir una pena temporal, que varía según la extensión de nuestro arrepentimiento, el ardor de nuestros buenos propósitos y la medida de nuestra satisfacción.

Explicación de la Santa Misa (R Padre Martin de Cochem) año 1630 – 1712

y todo por mi

26:39 Y adelantándose un poco, cayó rostro en tierra, y suplicaba así: «Padre mío, si es posible, que pase de mí esta copa, pero no sea como yo quiero, sino como quieres tú.»Mateo
22:43 Entonces se le apareció un ángel venido del cielo que le confortaba.Lucas

Dios con nosotros

Evangelio según san Mateo, 1: 22- 23 Mas todo esto fue hecho para que se cumpliese lo que habló el Señor por el Profeta, que dice: He aquí la Virgen concebirá, y parirá hijo: y llamarán su nombre Emmanuel, que quiere decir «con nosotros Dios». (v. 22- 23)

En realidad aquí se pone nombre a un hecho. Acostumbra la Escritura poner por nombre los hechos mismos que se verifican. Así, al decir: «Llamarán su nombre Emmanuel», es como si dijera: «Verán a Dios entre los hombres». Por eso no dice «lo llamarás», sino «lo llamarán», es decir, así lo llamarán las gentes y así lo confirmarán los hechos

San Juan Crisóstomo, homiliae in Matthaeum, hom. 5

Catena Aurea. Santo Tomás de Aquino

Vió y creyó



Vayamos entonces a las fuentes originales entonces. Las traducciones comunes del Evangelio atribuyen a San Juan casi la misma palabra para tres verbos distintos, cuando el mismo Evangelista se encarga de colocar verbos distintos para cosas distintas. San Juan, al llegar a este pasaje, utiliza tres acciones: blépei, theórei y eíden…, que significan respectivamente: constatar con perplejidad, contemplar y “ver plenamente”, para así comprender y creer. Pero, ¿qué vio? Antes que nada hay que recordar que el sudario exterior, ese pedazo de tela que se encontraba sobre la cabeza de Cristo (de unos 60 x 80 centímetros) no era el único, como decíamos. Había un segundo paño que iba desde el mentón hasta la cabeza (por eso San Juan especifica de qué sudario se trataba: «el sudario que cubrió su cabeza») que se utilizaba para que la boca del difunto no se abriese, causando así la impresión de sus familiares durante el velatorio judío. El lienzo al que se refiere San Juan fue el sudario o pañuelo que cubría el rostro y la cabeza del Señor Cristo. Éste, no estaba extendido como las cintas (en posición horizontal), sino enteyligménon (que se ha traducido normalmente por «plegado», que viene de entylísso que corresponde al verbo envolver) es decir, envuelto. El Evangelio narra que se encontraba chorís, que es un adverbio; este chorís, habitualmente es traducido como «aparte», pero tiene un sentido doble: uno local y otro modal, por lo que perfectamente puede ser traducido como «diferentemente» o «al contrario», o «de diversa manera». Este último sentido tiene más lógica para el contexto y para comprender mejor lo que sucedió con la Santa Síndone. Por ello, cuando habitualmente en las traducciones se lee: «vio el lienzo, no como la síndone, sino en otro lugar…» Debería leerse: «no como la síndone, “sino” (“ alá”) “diferentemente” o “de un modo diverso…”» (chorís). El Evangelio sigue diciendo en nuestras traducciones habituales, que vio el lienzo… «en otro lugar…». En griego: «eis éna tópon», inicialmente, «en un lugar» (traducción literal). Pero en vez de traducir tópon como «lugar», sin problemas podría traducirse también como «diferente posición» (esta acepción la trae, por ejemplo, el conocido Dizionario de Lorenzo Rocci). Eis puede también traducirse, aparte con el número «uno» como único, es decir, «en una posición única». En el famosísimo diccionario Kittel de lengua griega, acerca de la voz eis se lee: «En el N.T., la voz “eis” es usada raramente como numeral. La mayor parte de las veces significa “único”, “incomparable”, o bien, “dotado de validez única”». Entonces, resumiendo, siguiendo la traducción de Persili, el sudario, «estaba envuelto en una posición única», como desafiando la gravedad, como si fuese un envoltorio pero ¡sin lo que debía envolver! ¡Y es esto lo que llama la atención a San Pedro y a San Juan! Y…: ¿Cómo pudo ser eso? Según los científicos de la NASA que estudiaron la Santa Síndone de Turín, el fenómeno de la Resurrección se dio por medio de un gran golpe de calor, o bien por una gran radiación. Vuelta el alma al cuerpo de Cristo, el fenómeno de la radiación «quemó» la Síndone que cubría el cuerpo de Cristo y luego, desaparecido el Cuerpo (ya que era impasible) dejó las «huellas»

¡Crucifícalo!: Análisis histórico-legal de un deidicio
Javier Olivera Ravasi

Oración

Día tras día, te bendeciré, Señor. Aleluya