Cuando oigáis la Misa

Cuando oigáis la Misa, dice, acordaos de que es vuestra propiedad
El sacerdote os lo repite, cuando volviéndose a los asistentes, les dice: «Orad, hermanos míos, para que MI SACRIFICIO, que es también VUESTRO, sea agradable a Dios Padre todopoderoso

Persuadidos del valor de vuestro tesoro, preguntad a vuestro querido Maestro: Señor, ¿Cuánto es lo que os debo? ¿Son cien, son mil, son diez mil talentos? Reconozco mi deuda y os la voy a pagar, no por mí mismo, sino por los méritos de vuestro Hijo, presente sobre este altar. Os ofrezco el tesoro que me habéis dado.

• In tesoro de la Misa . c IX

Explicación de la Santa Misa (R Padre Martin de Cochem) año 1630 – 1712

Agradecimiento por la Gracia de Dios

Para trabajar naciste. ¿Cómo quieres dedicarte sólo a descansar? Prepárate para recibir sufrimientos, y no solamente consuelos. Espera encontrar cruz de sufrimientos en la vida, y no sólo alegría y gozos.

«A Dios le ha parecido bien quebrantar con sufrimientos al siervo que más quiere, y por las fatigas que soporta y por sus penas, santificará a muchos otros (Isaías 53, 10)

Imitación de Cristo (Tomás de Kempis) 1418

Pilato



San Mateo dice que «todo el pueblo gritó: que su sangre caiga sobre nosotros y sobre nuestros hijos» (Mt 27, 25). ¿A quién se refiere el evangelista–que escribe para los hebreos– cuando dice todo el pueblo? ¿Acaso a algunas personas, a la mayoría, o a alguna minoría? La Escritura es clara y precisa, dice todo el pueblo, por lo que debe entenderse como la inmensa mayoría. Si era una masa de gente (pas jó láos) ante la cual se lavó las manos y apenas pudo ser contenida por una legión de aproximadamente 500 soldados resulta evidente que se trataba de una multitud importante y no de «algunos» pocos judíos… Las palabras «caiga su sangre sobre nosotros y sobre nuestros hijos» corresponden a una expresión judía (2 Sam., 1, 16; 3, 29; 14, 9; Jer., 28, 35; Hech., 18, 6) y quieren decir: «La responsabilidad y la culpa caigan sobre nosotros y sobre nuestros hijos»[ 98]. En fin, riesgos de la democracia… Cabe decir también que junto a los judíos naturalmente es responsable Poncio Pilato al mandar a azotar al acusado–a pesar de estar convencido de su inocencia– y sentenciarlo a muerte. Debemos tener en cuenta que es el único juez de la historia que declaró inocente a Cristo y en varias oportunidades: «Yo no encuentro en él ningún motivo que sea digno de muerte». Luego, por segunda vez, les declaró la inocencia: «Vosotros me habéis traído a este hombre como excitador del pueblo a la revuelta; yo lo interrogué delante vuestro y yo no encuentro en él motivo alguno de los crímenes de que vos lo acusáis; ni Herodes tampoco, pues él me lo ha reenviado. Vosotros lo veis, nada que merezca la muerte ha sido probado contra él»

¡Crucifícalo!: Análisis histórico-legal de un deidicio
Javier Olivera Ravasi

Casa de David

Evangelio según san Mateo, 1: 22- 23 Mas todo esto fue hecho para que se cumpliese lo que habló el Señor por el Profeta, que dice: He aquí la Virgen concebirá, y parirá hijo: y llamarán su nombre Emmanuel, que quiere decir «con nosotros Dios». (v. 22- 23)

Pues no se sabe que ningún hombre de aquel tiempo se haya llamado Emmanuel. Mas objeta el hebreo: ¿Cómo puede sostenerse que esto se haya dicho por Cristo y María, habiendo mediado desde Akaz hasta María tantos centenares de años? Aunque el profeta habla a Akaz, la profecía no se dijo para él sólo ni para su época, pues dice: «Oíd, casa de David» y no «Oye tú Akaz». Además, «El mismo Señor os dará una señal» añade el profeta,como si dijera «el Señor y no otro»; de lo que cualquiera puede inferir que el Señor mismo, en persona, había de ser la señal. Y al decir en plural a vosotros y no a ti, en singular, se deduce que no precisamente por Akaz, o sólo a Akaz se dijo el contenido de la profecía

Pedro Alfonso, in dialogo contra Iudaeos

Catena Aurea. Santo Tomás de Aquino

Oración

Oh Dios, que infundiste en santa Clara un profundo amor a la pobreza evangélica, concédenos, por su intercesión, que, siguiendo a Cristo en la pobreza de espíritu, merezcamos llegar a contemplarte en tu reino. Por nuestro Señor Jesucristo

Evangelio

Aleluya, Aleluya.
Dichosos los pobres en el espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos.
Aleluya.




EVANGELIO
Mt 19, 27-29.

Vosotros, los que me habéis seguido, recibiréis cien veces más.

Lectura del santo Evangelio según san Mateo.

En aquel tiempo, dijo Pedro a Jesús: -«Nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido; ¿qué nos va a tocar?» Jesús les dijo: -«Os aseguro: cuando llegue la renovación, y el Hijo del hombre se siente en el trono de su gloria, también vosotros, los que me habéis seguido, os sentaréis en doce tronos para regir a las doce tribus de Israel. El que por mí deja casa, hermanos o hermanas, padre o madre, mujer, hijos o tierras, recibirá cien veces más, y heredará la vida eterna.»

Palabra del Señor

Buscando a quien devorar

El diablo no duerme, ni la carne está muerta todavía. Por esto tienes que vivir siempre preparado para la batalla. Porque a tu derecha y a tu izquierda hay enemigos espirituales en continua actividad, que no te conceden treguas ni amnistías.

«Vigilad y orad, porque el espíritu está pronto, pero la carne es débil» (Mateo 26, 41) «Estad alerta, porque nuestro enemigo, el diablo, da vueltas alrededor de vosotros como león rugiente buscando a quién devorar (1 Pedro 5, 8)

Imitación de Cristo (Tomás de Kempis) 1418

Santo Sacrificio de la Misa

Nuestra naturaleza rechaza las penitencias y todos quisieran poder aligerarlas. Si morimos sin habernos lavado, sin haber dado satisfacción, tendremos que ir a expiar al Purgatorio. ¿No habrá algún medio para evitar las llamas del Purgatorio o a lo menos, para abreviar su duración y su intensidad? Si, hay uno que Nuestro Señor mismo nos indica por esta parábola del Evangelio? (San Mateo 18). El reino de los cielos es semejante a un rey que quiere arreglar cuentas con sus servidores. Hay uno que le debe diez mil talentos; y como este infeliz no tiene con qué pagar, su amo ordena venderlo con su mujer y sus hijos y con todo lo que posee. El servidor se arroja a sus pies y le suplica diciendo: Ten paciencia conmigo y yo te pagaré todo. Movido de compasión el amo de este servidor, le deja ir y le perdona su deuda. Sin embargo, es evidente que no podrá jamás reunir esa suma tan considerable aunque viviese cien años.

¿Acaso necesitaré explicaros esta parábola? El deudor es el pecador cargado de crímenes; eres tú, oh cristiano; es de ti, de quien Jesucristo dice: «No sabes cuán pobre eres, cuán infeliz, cuán miserable, ciego y desnudo» ¿Cómo quieres con tus pocas buenas obras pagar diez mil talentos, tú que en toda tu vida no has logrado ganar uno sólo? Un solo pecado mortal tiene por consecuencia una pena tan grande que, si tuvieses que pagarla con tus propias fuerzas, no te bastaría la vida entera. Y sin embargo, hay un medio muy fácil de librarte de ella. Arrójate como el hombre del Evangelio a los pies de tu divino creador y dile: Señor tened paciencia, concededme un poco de tiempo, yo os pagaré todo por medio de la Santa Misa que oiré y mandaré celebrar

Explicación de la Santa Misa (R Padre Martin de Cochem) año 1630 – 1712

Perdónalos porque no saben lo que hacen



Sabemos que, una vez venido Cristo, sin Cruz no hay redención. En el proceso jurídico de Cristo se pueden y se deben diferenciar bien los diversos planos de responsabilidad. Una cosa es la causa final y teológica de la pasión de Jesús (la salvación de la humanidad a causa del pecado) y otra la causa eficiente histórica que la ejecutó (los judíos por medio de Pilato); no hacer esta distinción hace que uno a veces termine confundiendo los planos, como lo hace uno de los autores a quien hemos seguido al decir: … deberíamos declararnos culpables a nosotros mismos, pues el pecado es humano y no judío ni romano[ 96]. Las siete palabras de Jesús en la cruz–palabras dichas conscientemente al Padre Celestial– así lo atestiguan: «Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen» (Lc 23,34); Nuestro Señor no maldijo, sino que pidió perdón para sus verdugos y los causantes de Su muerte, pero no por ello los exculpó. Aunque suene «históricamente incorrecto decirlo» no podemos sino recalcar con Cristo que la principal responsabilidad recae sobre los cabecillas del pueblo elegido: «El que me ha entregado a ti tiene mayor pecado» (Jn 19, 11). Y si se le llama homicida a quien asesina a un hombre, debe llamarse deicida a quien asesina a Dios[ 97]. Y son ellos los deicidas quienes podrían ser divididos en dos grandes clases: los miembros del Sanedrín, por un lado y la masa del pueblo por otro: «es tu nación–decía Pilato– y los pontífices quienes te han entregado a mí…» (Jn 18, 35). En cuanto a los jefes y toda la clase dirigente del Sanedrín, veían en la popularidad de Jesús un peligro para su propia autoridad. Especialmente los saduceos creían que, si continuaba creciendo el movimiento del Galileo, una intervención romana podía acabar con la relativa «independencia» que conservaba la nación. Por parte de la plebe–esa masa ingente que se presentó el Viernes Santo– se hizo solidariamente responsable de los dirigentes, de allí que su culpa sea menor, pero culpa al fin

¡Crucifícalo!: Análisis histórico-legal de un deidicio
Javier Olivera Ravasi

Oración

San Lorenzo exclamó: Yo adoro a mi Dios y sólo a él le sirvo; Por eso no temo tus tormentos