Justicia con los pobres

El amor a los pobres es incompatible con el amor desordenado de las riquezas o su uso egoísta: «Ahora bien, vosotros, ricos, llorad y dad alaridos por las desgracias que están para caer sobre vosotros. Vuestra riqueza está podrida y vuestros vestidos están apolillados; vuestro oro y vuestra plata están tomados de herrumbre y su herrumbre será testimonio contra vosotros y devorará vuestras carnes como fuego. Habéis acumulado riquezas en estos días que son los últimos. Mirad: el salario que no habéis pagado a los obreros que segaron vuestros campos está gritando; y los gritos de los segadores han llegado a los oídos del Señor de los ejércitos. Habéis vivido sobre la tierra regaladamente y os habéis entregado a los placeres; habéis hartado vuestros corazones en el día de la matanza. Condenasteis y matasteis al justo; él no os resiste» (St 5, 1-6)

San Juan Crisóstomo lo recuerda vigorosamente: “No hacer participar a los pobres de los propios bienes es robarles y quitarles la vida; [] lo que poseemos no son bienes nuestros, sino los suyos” (In Lazarum, concio 2, 6).

Es preciso “satisfacer ante todo las exigencias de la justicia, de modo que no se ofrezca como ayuda de caridad lo que ya se debe a título de justicia” (AA 8): «Cuando damos a los pobres las cosas indispensables no les hacemos liberalidades personales, sino que les devolvemos lo que es suyo. Más que realizar un acto de caridad, lo que hacemos es cumplir un deber de justicia» (San Gregorio Magno, Regula pastoralis, 3, 21, 45).

Oración

Oh Dios, que has preparado tu reino para los humildes y los sencillos, concédenos la gracia de seguir confiadamente el camino de santa Teresa del Niño Jesús, para que nos sea revelada, por su intercesión, tu gloria eterna. Por nuestro Señor Jesucristo

Evangelio

Aleluya, aleluya.
Está cerca el Reino de Dios: convertíos y creed en el evangelio.
Aleluya.

EVANGELIO
Lc 10, 1-12.

Lectura del santo Evangelio según San Lucas.

En aquel tiempo, designó el Señor otros setenta y dos y los mandó por delante, de dos en dos, a todos los pueblos y lugares adonde pensaba ir él. Y les decía: «La mies es abundante y los obreros pocos; rogad, pues, al dueño de la mies que mande obreros a su mies.
¡Poneos en camino! Mirad que os mando como corderos en medio de lobos. No llevéis talega, ni alforja, ni sandalias; y no os detengáis a saludar a nadie por el camino.
Cuando entréis en una casa, decid primero: «Paz a esta casa». Y si allí hay gente de paz, descansará sobre ellos vuestra paz; si no, volverá a vosotros.
Quedaos en la misma casa, comed y bebed de lo que tengan, porque el obrero merece su salario.
No andéis cambiando de casa. Si entráis en un pueblo y os reciben bien, comed lo que os pongan, curad a los enfermos que haya, y decid: «Está cerca de vosotros el reino de Dios.»
Cuando entréis en un pueblo y no os reciban, salid a la plaza y decid: «Hasta el polvo de vuestro pueblo, que se nos ha pegado a los pies, nos lo sacudimos sobre vosotros. De todos modos, sabed que está cerca el reino de Dios.»
Os digo que aquel día será más llevadero para Sodoma que para ese pueblo.»

Palabra del Señor.

Pecado mortal

“Es la transgresión voluntaria de la ley de Dios en materia grave”[5]. Para que haya pecado mortal se requieren tres condiciones:

Materia grave: «La materia grave es precisada por los Diez mandamientos según la respuesta de Jesús al joven rico: “No mates, no cometas adulterio, no robes, no levantes testimonio falso, no seas injusto, honra a tu padre y a tu madre” (Mc 10, 19)» (Catecismo, 1858).

Pleno conocimiento: “Presupone el conocimiento del carácter pecaminoso del acto, de su oposición a la Ley de Dios” (Catecismo, 1859).

Pleno consentimiento: “Implica también un consentimiento suficientemente deliberado para ser una elección personal” (Catecismo, 1859).

Efectos del pecado mortal[6]:

El pecado mortal arroja a Dios de nuestra alma, y así como la posesión de Dios es ya un gusto anticipado de la dicha celestial, también el perderle es a manera de un preludio de la eterna condenación: ¿No perderemos, al perder a Dios, los bienes todos, puesto que Él es la fuente de todos ellos?

Con él perdemos la gracia santificante, por la que nuestra alma vivía una vida semejante a la de Dios; es, pues, una especie de suicidio espiritual.

Perdemos también nuestros méritos pasados, que habíamos acumulado a costa de tantos esfuerzos. Mientras estamos en pecado mortal no podemos merecer cosa alguna para el Cielo, todas nuestras obras son en vano.

El Catecismo es muy claro en afirmar que “Si no es rescatado por el arrepentimiento y el perdón de Dios, causa la exclusión del Reino de Cristo y la muerte eterna del infierno” (n. 1861). Con razón, algunos teólogos, se atrevieron a decir que “el pecado mortal es el infierno en potencia”[7].

El amor a los pobres

Dios bendice a los que ayudan a los pobres y reprueba a los que se niegan a hacerlo: “A quien te pide da, al que desee que le prestes algo no le vuelvas la espalda” (Mt 5, 42) “Gratis lo recibisteis, dadlo gratis” (Mt 10, 8). Jesucristo reconocerá a sus elegidos en lo que hayan hecho por los pobres (cf Mt 25, 31-36). La buena nueva “anunciada a los pobres” (Mt 11, 5; Lc 4, 18)) es el signo de la presencia de Cristo

“El amor de la Iglesia por los pobres pertenece a su constante tradición” (CA 57). Está inspirado en el Evangelio de las bienaventuranzas (cf Lc 6, 20-22), en la pobreza de Jesús (cf Mt 8, 20), y en su atención a los pobres (cf Mc 12, 41-44). El amor a los pobres es también uno de los motivos del deber de trabajar, con el fin de “hacer partícipe al que se halle en necesidad” (Ef 4, 28). No abarca sólo la pobreza material, sino también las numerosas formas de pobreza cultural y religiosa (cf CA 57).

Oración

Oh Dios, tú que concediste a san Jerónimo una estima tierna y viva por la sagrada Escritura, haz que tu pueblo se alimente de tu palabra con mayor abundancia y encuentre en ella la fuente de la verdadera vida. Por nuestro Señor Jesucristo

Evangelio

Aleluya, aleluya.
Todo lo considero una pérdida y lo tengo por basura, para ganar a Cristo y vivir unido a él.
Aleluya.

EVANGELIO
Lc 9, 57-62.

Te seguiré adondequiera que vayas.

Lectura del santo Evangelio según san Lucas.

EN aquel tiempo, mientras Jesús y sus discípulos iban de camino, le dijo uno:
    «Te seguiré adondequiera que vayas».
Jesús le respondió:
    «Las zorras tienen madrigueras, y los pájaros del cielo nidos, pero el Hijo del hombre no tiene donde reclinar la cabeza».
A otro le dijo:
    «Sígueme».
El respondió:
    «Señor, déjame primero ir a enterrar a mi padre».
Le contestó:
    «Deja que los muertos entierren a sus muertos; tú vete a anunciar el reino de Dios».
Otro le dijo:
    «Te seguiré, Señor. Pero déjame primero despedirme de los de mi casa».
Jesús le contestó:
    «Nadie que pone la mano en el arado y mira hacia atrás vale para el reino de Dios».

Palabra del Señor.

Aplausos al Mundo


Finalmente, ponen su empeño todo en menoscabar y debilitar la autoridad del mismo ministerio eclesiástico, ya pervirtiendo sacrílegamente su origen, naturaleza y derechos, ya repitiendo con libertad las calumnias de los adversarios contra ella. Cuadra, pues, bien al clan de los modernistas lo que tan apenado escribió nuestro predecesor:
«Para hacer despreciable y odiosa a la mística Esposa de Cristo, que es verdadera luz, los hijos de las tinieblas acostumbraron a atacarla en público con absurdas calumnias, y llamarla, cambiando la fuerza y razón de los nombres y de las cosas, amiga de la oscuridad, fautora de la ignorancia y enemiga de la luz y progreso de las ciencias.»(23)
Por ello, venerables hermanos, no es de maravillar que los modernistas ataquen con extremada malevolencia y rencor a los varones católicos que luchan valerosamente por la Iglesia. No hay ningún género de injuria con que no los hieran; y a cada paso les acusan de ignorancia y de terquedad. Cuando temen la erudición y fuerza de sus adversarios, procuran quitarles la eficacia oponiéndoles la conjuración del silencio. Manera de proceder contra los católicos tanto más odiosa cuanto que, al propio tiempo, levantan sin ninguna moderación, con perpetuas alabanzas, a todos cuantos con ellos consienten; los libros de éstos, llenos por todas partes de novedades, recíbenlos con gran admiración y aplauso; cuanto con mayor audacia destruye uno lo antiguo, rehúsa la tradición y el magisterio eclesiástíco, tanto más sabio lo van pregonando. Finalmente, ¡cosa que pone horror a todos los buenos!, si la Iglesia condena a alguno de ellos, no sólo se aúnan para alabarle en público y por todos medios, sino que llegan a tributarle casi la veneración de mártir de la verdad.

Con todo este estrépito, así de alabanzas como de vituperios, conmovidos y perturbados los entendimientos de los jóvenes, por una parte para no ser tenidos por ignorantes, por otra para pasar por sabios, a la par que estimulados interiormente por la curiosidad y la soberbia, acontece con frecuencia que se dan por vencidos y se entregan al modernismo.
CARTA ENCÍCLICA PASCENDI DEL SUMO PONTÍFICE PÍO XSOBRE LAS DOCTRINAS DE LOS MODERNISTAS

Las reliquias de Cristo

Para la Iglesia Católica nuestra fe debe estar centrada en la persona de Jesucristo, hay que advertir que ninguno de los objetos relacionados con El, han sido considerados como 100% auténticos por las autoridades eclesiásticas; aunque algunos gocen de gran popularidad o respaldo histórico, arqueológico y científico. Estas «reliquias de Cristo» tienen como finalidad ser un instrumento para que el creyente medite en los aspectos importantes de su vida en la tierra. Aquí describimos los más sobresalientes:

Las más importantes reliquias relacionadas con la pasión del Señor fueron encontradas por la emperatriz Santa Helena en su viaje de peregrinación a Tierra Santa hacia el año 320 o 325 ; así lo constata el historiador romano Eusebio, y testimonios de San Cirilo de Jerusalén (313-386), y de otros escritores del siglo IV.

La «Vera Cruz» fue identificada de las otras dos de los ladrones, gracias a la prueba que propuso San Macario; la del Hijo de Dios fue separada después de haber curado a un enfermo, y volver a la vida a un muerto. Los restos de la «santa Cruz» fueron distribuidos en diferentes lugares:

– En España se afirma que se encuentra un fragmento en la iglesia de Santo Toribio de Liébana, en la provincia norteña de Santander. La tradición asegura que fue traído de Jerusalén en el siglo V por el mismo santo, quien era obispo de Astorga, y contemporáneo del papa San León I el grande (440 -446).

Pecado

«El pecado, en general, puede definirse con San Agustín: “una palabra, obra o deseo contra la ley eterna”. O, como dicen otros, “una transgresión voluntaria de la ley de Dios”».[4]

«El pecado es una ofensa a Dios: “Contra ti, contra ti sólo pequé, cometí la maldad que aborreces” (Sal 51, 6). El pecado se levanta contra el amor que Dios nos tiene y aparta de Él nuestros corazones. Como el primer pecado, es una desobediencia, una rebelión contra Dios por el deseo de hacerse “como dioses”, pretendiendo conocer y determinar el bien y el mal (Gén 3, 5). El pecado es así “amor de sí hasta el desprecio de Dios” (San Agustín, De civitate Dei, 14, 28)» (Catecismo, 1850).