¿Dios existe?



5 vias Santo Tomás de Aquino
3 vía, consideración

Según se había dicho en la primera parte, aquí se considera al argumento ontológico como inválido para demostrar la existencia de Dios. Ahora bien, si eso es así, habría que decir lo mismo del argumento de la contingencia pues este, en su último paso, termina presuponiendo el ontológico. En efecto: si bien parte de la experiencia para llegar a la noción de un ser necesario, una vez ahí abandona toda referencia empírica y, sirviéndose de meros conceptos, concluye que el ente necesario se identifica con el ente realísimo, es decir, Dios. Luego, no se prueba la conclusión de la tercera vía. Respuesta: He aquí la famosa crítica kantiana al argumento de la contingencia. Para Kant, este argumento es el “colmo de la ilusión especulativa” pues “trata de producir la impresión de que parte de la experiencia y no de la idea de Dios” siendo que “no se sirve de esta experiencia más que para un único paso: el requerido para llegar a un ser necesario. Sobre cuáles sean las propiedades de este, el argumento empírico no puede informarnos” de modo que “abandona la razón en este punto para investigar, sirviéndose de meros conceptos, qué propiedades debe poseer un ser absolutamente necesario”. Entonces, “la razón cree encontrar tales propiedades únicamente en el concepto de un ser realísimo, concluyendo luego que este es el ser absolutamente necesario”. De esta manera “se presupone que el concepto de un ser de realidad suprema satisface plenamente el concepto de necesidad absoluta de existencia, es decir, que se puede inferir lo último de lo primero, lo cual constituye una proposición sostenida por el argumento ontológico” de forma que “toda la fuerza demostrativa contenida en el llamado argumento cosmológico no consiste, pues, en otra cosa que en el argumento ontológico”
la estrategia global de Kant en esta argumentación es la siguiente: 1) Sentar la invalidez del llamado argumento ontológico, que intenta probar la existencia de Dios a partir de la sola noción de Dios, es decir, con meros conceptos a priori. 2) Hacer depender a todos los demás argumentos de la existencia de Dios -en especial el de la contingencia- del argumento ontológico, de modo que la invalidez de este entrañe ya la invalidez de los otros.


¿DIOS EXISTE?: El libro que todo creyente deberá (y todo ateo temerá) leer. Dante A. Urbina

La batalla espiritual



Evangelio según san Mateo, 4: 23- 25 Y andaba Jesús rodeando toda la Galilea, enseñando en las Sinagogas de ellos, y predicando el Evangelio del reino. Y sanando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo. Y corrió su fama por toda la tierra, y le trajeron todos los que lo pasaban mal, poseídos de varios achaques y dolores, y los endemoniados, y los lunáticos, y los paralíticos, y los sanó. Y le fueron siguiendo muchas gentes de la Galilea, de Decápolis, de Jerusalén, de Judea, y de la otra ribera del Jordán. (vv. 23- 25)

Todo rey que ha de pelear contra su enemigo reúne primero a su ejército y así marcha a la pelea. Así también Nuestro Señor cuando había de combatir contra el demonio, reunió primero a sus Apóstoles y así empezó a predicar el Evangelio. De donde sigue: «y andaba Jesús»

Pseudo- Crisóstomo, opus imperfectum super Matthaeum, hom. 8

Numerología apocalíptica



2

Se utiliza para dar solidez, para reforzar. Ya no son uno, sino dos. Por ejemplo: dos testigos, dos cuernos

Oración

Nosotros predicamos a Cristo crucificado: escándalo para los judíos, necedad para los gentiles. Pero para los que están en vías de salvación, para nosotros, es fuerza de Dios

Evangelio

Ahora —dice el Señor—,
convertíos a mí de todo corazón,
porque soy compasivo y misericordioso.

EVANGELIO
Lc 11, 14-23.

El que no está conmigo, está contra mí.

✠ Lectura del santo Evangelio según san Lucas.

EN aquel tiempo, estaba Jesús echando un demonio que era mudo.
Sucedió que, apenas salió el demonio, empezó a hablar el mudo. La multitud se quedó admirada, pero algunos de ellos dijeron:
«Por arte de Belzebú, el príncipe de los demonios, echa los demonios».
Otros, para ponerlo a prueba, le pedían un signo del cielo. Él, conociendo sus pensamientos, les dijo:
«Todo reino dividido contra sí mismo va a la ruina y cae casa sobre casa. Si, pues, también Satanás se ha dividido contra sí mismo, ¿cómo se mantendrá su reino? Pues vosotros decís que yo echo los demonios con el poder de Belzebú. Pero, si yo echo los demonios con el poder de Belzebú, vuestros hijos, ¿por arte de quién los echan? Por eso, ellos mismos serán vuestros jueces. Pero, si yo echo los demonios con el dedo de Dios, entonces es que el reino de Dios ha llegado a vosotros.
Cuando un hombre fuerte y bien armado guarda su palacio, sus bienes están seguros, pero, cuando otro más fuerte lo asalta y lo vence, le quita las armas de que se fiaba y reparte su botín.
El que no está conmigo está contra mí; el que no recoge conmigo desparrama».

Palabra del Señor.

Marx y Engels mientras escribían Su profecia con pretensiones científicasY el uso del desarmado proletariado en pro de sus ideas



Ante nuestros ojos se está produciendo un movimiento
análogo [al de la destrucción del feudalismo]. Las relaciones burguesas de producción
y de cambio, las relaciones burguesas de propiedad, toda esta sociedad burguesa
moderna, que ha hecho surgir como por encanto tan potentes medios de producción y de
cambio, se asemeja al mago que ya no es capaz de dominar las potencias infernales que
ha desencadenado con sus conjuros. Desde hace algunas décadas, la historia de la
industria y del comercio no es más que la historia de la rebelión de las fuerzas
productivas modernas contra las actuales relaciones de producción, contra las
relaciones de propiedad que condicionan la existencia de la burguesía y su
dominación»» .

Todo estaba dicho para Marx y Engels, y creian haber descubierto el
movimiento necesario de la historia y por consiguiente, predecir el porvenir político y
social: «Las armas de que se sirvió la burguesía para derribar el feudalismo se vuelven
ahora contra la propia burgucsía. Pero la burguesía no ha forjado solamente las armas
que deben darle muerte, ha producido también los hombres que empuñarán esas armas:
los obreros modernos, los proletarios»

Marx, Karl. Engels, Friedrich. El manifiesto comunista. Cit, p. 45

Jesucristo, Verdad



la causalidad ejemplar de Jesucristo, que ejercita sobre nosotros de tres maneras principales: a) en su persona; b) en sus obras, y c) en su doctrina

a) En su persona.—Pie aquí cómo expresa esta idea sublime Dom Columba Marmion:

«La filiación divina de Cristo es el tipo de nuestra filiación sobrenatural; su condición, su «ser» de Hijo de Dios, es el ejemplar del estado en que la gracia santificante debe establecernos. Cristo es Hijo de Dios por naturaleza y por derecho, en virtud de la unión del Verbo eterno con la naturaleza humana. Nosotros lo somos por adopción y por gracia, pero realísimamente y con un título muy verdadero. Cristo tiene, además, la gracia santificante; la posee plenamente; a nosotros sólo fluye algo de esa plenitud con menor o mayor abundancia, pero en su substancia es la misma gracia la que llena el alma creada de Jesús y la que nos deifica a nosotros. Santo Tomás dice que nuestra filiación divina es una semejanza de la filiación eterna: quaedam similitudo filiationis aeternae es la manera primordial y sobreeminente con que Jesucristo es nuestro ejemplar; en la encarnación es constituido, por derecho, Hijo de Dios; nosotros debemos llegar a serlo por la participación de la gracia que sale de El, y que, deificando la substancia de nuestra alma, nos constituye en el estado de hijos de Dios.

Este es el rasgo primero y radical de la semejanza que debemos tener con Jesucristo, el que es la base y condición de toda nuestra actividad sobrenatural» 4. De manera que, según esto, «toda la vida cristiana, como toda la santidad, se reduce a ser por gracia lo que Jesús es por naturaleza: Hijo de Dios» 5. Esta ha de ser la preocupación fundamental del cristiano: contemplar a Jesús y asimilarse, ante todo y sobre todo, la actitud de hijo delante de su Padre celestial, que es también nuestro Padre. Nos lo ha dicho el mismo Cristo: «Subo a mi Padre y a vuestro Padre, a mi Dios y a vuestro Dios» (lo. 20,17). «Estas realidades—dice todavía Dom Columba Marmion—son precisamente a ; que constituyen la esencia del cristianismo. No entenderemos nada de lo q 1.: es perfección y santidad, y ni siquiera en qué consiste el simple cristianismo, mientras no estemos convencidos de que lo fundamental de él consiste en ser «hijos de Dios» y que esa cualidad o estado nos lo presta la gracia santificante, por la cual participamos de la filiación eterna del Verbo encarnado. Todas las enseñanzas de Jesucristo y de los apóstoles están sintetizadas en esta verdad, todos los misterios de Jesús propenden a realizarla prácticamente en nuestras almas»

Sin duda ninguna, ésta es la causalidad ejemplar más importante que Cristo ejerce sobre nosotros, pero no es la única. Cristo es, además, nuestro modelo incomparable en sus obras, o sea, en sus virtudes admirables.

TEOLOGÍA DE LA PERFECCIÓN CRISTIANA POR EL RVDO. P. FR. ANTONIO ROYO MARÍN, O. P

¿Qué es el positivismo?


El positivismo es un sistema que no admite nada real y positivo si no es materia; no reconoce sino lo que se puede comprobar con la experiencia, y considera como hipotético todo lo que cae bajo el dominio de los sentidos: Dios, alma, vida futura.

Este sistema degradante no es sino un materialismo hipócrita. El positivismo es el último progreso de la razón humana, el último término de las evoluciones científicas.

Los positivistas reconocen por jefe a Comte y por maestros a Littré, Renán, Robinet… no quieren buscar la causa primera de los seres, declarándola desconocida, y pretenden que no hay que tratar de ella… Según ellos, “nada hay real y positivo más que la materia, las fuerzas que le son propias y las leyes que de ellas dimanan. Todo lo que no se halla en los hechos es inaccesible a la razón; los hechos, y sólo los hechos analizados y coordinados; lo demás es quimera. Lo infinito no es más que un ideal, y, por consiguiente, no hay Dios; Dios es una ficción, o, a lo sumo, una hipótesis, hoy completamente inútil.

No hay alma espiritual: la idea, el pensamiento no son sino productos, secreciones del cerebro. En una palabra: una sola cosa existe, y ésta es la materia”. Tal es el resumen de la doctrina positivista: la negación de Dios y del alma espiritual; la moral independiente o la moral sin Dios, que no tiene más principio ni más regla de conducta que el sentimiento del honor. Este sistema abyecto se reduce a una forma disfrazada del ateísmo: es un materialismo hipócrita.

La refutación de este grosero error se halla en las diversas pruebas que hemos presentado de la existencia de Dios. Estos pretendidos sabios se limitan a negar, sin probar nada. Pero se necesita algo más que una simple negación para destruir nuestras pruebas.

Negar a Dios no es suprimir su existencia.

Después de miles de años, el mundo cree en Dios, y tiene derecho a reírse de esas negaciones gratuitas. Por más que el ciego niegue la existencia del sol, el sol no dejará de iluminar. Los positivistas rechazan la ley del sentido común y de la razón, que obliga a admitir una causa productora de los fenómenos que nosotros vemos. Más allá de esta bóveda estrellada, dice Pasteur, ¿qué hay? – Otros cielos estrellados. – Sea, ¿Y más allá?… El espíritu humano, impulsado por una fuerza invencible, no cesará de preguntarse: ¿Qué hay más allá? Hay que llegar a lo infinito, y solo Dios es infinito.

Hay que llegar hasta el Ser necesario, pues, conforme hemos visto, no todos los seres pueden ser producidos; y no hay más que un solo Ser necesario, y este Ser necesario, y este Ser necesario es el mismo Dios

R. P. Hillaire, la religión demostrada LOS FUNDAMENTOS DE LA FE CATÓLICA ANTE LA RAZÓN Y LA CIENCIA

Dei Verbum

, dice:

“Corra y sea glorificada la palabra de Dios (2 Tesalonicenses 3,1) por la lectura y estudio de los sagrados libros, y el tesoro de la revelación, confiado a la Iglesia, llene más y más los corazones de los hombres” (Dei Verbum 26)

En español: lea el tesoro infinito de Biblia

Educación sęxüal integral y la revolución sexual


Las ideas de Kinsey precipitaron la llamada segunda “revolución sęxüal» en los años 60 y 70, en la cual se normalizó la idea del sėxô premarital, exacerbado por la disponibilidad de la píldora y el aborto para cubrir las consecuencias obvias del sėxô. Sin embargo, estos eran falsos argumentos, ya que los nacimientos fuera del matrimonio se duplicaron entre 1960 y 1970 y las enfermedades de transmisión SĘXÜAL aumentaron un 165 % entre 1967 y 1971. ¡Vaya la seguridad predicada por los ideólogos! ¿La solución? Más educación SĘXÜAL, afirmando la libertad y promoviendo el sėxô “seguro”. Durante esos años, organizaciones extremistas como SIECUS (siglas en inglés del Consejo de información y educación de la sexüąlidad de los Estados Unidos) recibieron millones de dólares bajo la presidencia de Lyndon B. Johnson (1963- 1969) para diseñar programas de educación sęxüal en las escuelas promoviendo la sexualidad “segura”. Es decir, en vez de aconsejar a los jóvenes a no tener relaciones sexüªles debido a la cantidad de contagios de ETS, basaron los programas en las enseñanzas de Alfred Kinsey, quien promovían la experimentación sęxüal como algo normal, esperado y saludable.

No fue hasta comienzo de los 80 que programas que promovían la abstinencia sexual fueron aceptados para la enseñanza en las escuelas de los Estados Unidos y esto debido a las miles de muertes causadas por la epidemia del sida, cuyos contagios eran muchas veces
fruto del “sexo seguro”. Sin embargo, las cifras que recibían estos programas eran migajas comparado con aquellos programas que promovían el uso del condón como método más seguro

Facebook bloquea las referencias biografías, si alguien desea se lo comparto por otro medio