Gravemente enfermos



Evangelio según san Mateo, 4: 23- 25 Y andaba Jesús rodeando toda la Galilea, enseñando en las Sinagogas de ellos, y predicando el Evangelio del reino. Y sanando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo. Y corrió su fama por toda la tierra, y le trajeron todos los que lo pasaban mal, poseídos de varios achaques y dolores, y los endemoniados, y los lunáticos, y los paralíticos, y los sanó. Y le fueron siguiendo muchas gentes de la Galilea, de Decápolis, de Jerusalén, de Judea, y de la otra ribera del Jordán. (vv. 23- 25)

Porque como ellos, estando débiles, no podían venir al médico, Este, como médico celoso, andaba alrededor de los que estaban gravemente enfermos. Y el Señor, en verdad, recorría todas las regiones. Los que son pastores de una sola región, deben recorrer todas las dolencias de su pueblo, examinándolas para que en la Iglesia se pueda propinar algún remedio como medicina de ellas

Pseudo- Crisóstomo, opus imperfectum super Matthaeum, hom. 8

Oración

Tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, fui forastero y me hospedasteis

Evangelio

No endurezcáis hoy vuestro corazón;
escuchad la voz del Señor.


EVANGELIO
Lc 18, 9-14.

El publicano bajó a su casa justificado, y el fariseo no.

✠ Lectura del santo Evangelio según san Lucas.

EN aquel tiempo, dijo Jesús esta parábola a algunos que confiaban en sí mismos por considerarse justos y despreciaban a los demás:
«Dos hombres subieron al templo a orar. Uno era fariseo; el otro, publicano. El fariseo, erguido, oraba así en su interior:
“Oh, Dios!, te doy gracias porque no soy como los demás hombres: ladrones, injustos, adúlteros; ni tampoco como ese publicano. Ayuno dos veces por semana y pago el diezmo de todo lo que tengo”.
El publicano, en cambio, quedándose atrás, no se atrevía ni a levantar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho diciendo: “Oh, Dios!, ten compasión de este pecador”.
Os digo que este bajó a su casa justificado, y aquel no. Porque todo el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido».

Palabra del Señor.

ACTO DE CONSAGRACIÓN AL CORAZÓN INMACULADO DE MARÍA



Oh María, Madre de Dios y Madre nuestra, nosotros, en esta hora de tribulación, recurrimos a ti. Tú eres nuestra Madre, nos amas y nos conoces, nada de lo que nos preocupa se te oculta. Madre de misericordia, muchas veces hemos experimentado tu ternura providente, tu presencia que nos devuelve la paz, porque tú siempre nos llevas a Jesús, Príncipe de la paz.
Nosotros hemos perdido la senda de la paz. Hemos olvidado la lección de las tragedias del siglo pasado, el sacrificio de millones de caídos en las guerras mundiales. Hemos desatendido los compromisos asumidos como Comunidad de Naciones y estamos traicionando los sueños de paz de los pueblos y las esperanzas de los jóvenes. Nos hemos enfermado de avidez, nos hemos encerrado en intereses nacionalistas, nos hemos dejado endurecer por la indiferencia y paralizar por el egoísmo. Hemos preferido ignorar a Dios, convivir con nuestras falsedades, alimentar la agresividad, suprimir vidas y acumular armas, olvidándonos de que somos custodios de nuestro prójimo y de nuestra casa común. Hemos destrozado con la guerra el jardín de la tierra, hemos herido con el pecado el corazón de nuestro Padre, que nos quiere hermanos y hermanas. Nos hemos vuelto indiferentes a todos y a todo, menos a nosotros mismos. Y con vergüenza decimos: perdónanos, Señor.

En la miseria del pecado, en nuestros cansancios y fragilidades, en el misterio de la iniquidad del mal y de la guerra, tú, Madre Santa, nos recuerdas que Dios no nos abandona, sino que continúa mirándonos con amor, deseoso de perdonarnos y levantarnos de nuevo. Es Él quien te ha entregado a nosotros y ha puesto en tu Corazón inmaculado un refugio para la Iglesia y para la humanidad. Por su bondad divina estás con nosotros, e incluso en las vicisitudes más adversas de la historia nos conduces con ternura.

Por eso recurrimos a ti, llamamos a la puerta de tu Corazón, nosotros, tus hijos queridos que no te cansas jamás de visitar e invitar a la conversión. En esta hora oscura, ven a socorrernos y consolarnos. Repite a cada uno de nosotros: “¿Acaso no estoy yo aquí, que soy tu Madre?”. Tú sabes cómo desatar los enredos de nuestro corazón y los nudos de nuestro tiempo. Ponemos nuestra confianza en ti. Estamos seguros de que tú, sobre todo en estos momentos de prueba, no desprecias nuestras súplicas y acudes en nuestro auxilio.

Así lo hiciste en Caná de Galilea, cuando apresuraste la hora de la intervención de Jesús e introdujiste su primer signo en el mundo. Cuando la fiesta se había convertido en tristeza le dijiste: «No tienen vino» (Jn 2,3). Repíteselo otra vez a Dios, oh Madre, porque hoy hemos terminado el vino de la esperanza, se ha desvanecido la alegría, se ha aguado la fraternidad. Hemos perdido la humanidad, hemos estropeado la paz. Nos hemos vuelto capaces de todo tipo de violencia y destrucción. Necesitamos urgentemente tu ayuda materna.

Acoge, oh Madre, nuestra súplica.

Tú, estrella del mar, no nos dejes naufragar en la tormenta de la guerra
Tú, arca de la nueva alianza, inspira proyectos y caminos de reconciliación.

Tú, “tierra del Cielo”, vuelve a traer la armonía de Dios al mundo.

Extingue el odio, aplaca la venganza, enséñanos a perdonar.

Líbranos de la guerra, preserva al mundo de la amenaza nuclear.

Reina del Rosario, despierta en nosotros la necesidad de orar y de amar.

Reina de la familia humana, muestra a los pueblos la senda de la fraternidad.

Reina de la paz, obtén para el mundo la paz.

Que tu llanto, oh Madre, conmueva nuestros corazones endurecidos. Que las lágrimas que has derramado por nosotros hagan florecer este valle que nuestro odio ha secado. Y mientras el ruido de las armas no enmudece, que tu oración nos disponga a la paz. Que tus manos maternas acaricien a los que sufren y huyen bajo el peso de las bombas. Que tu abrazo materno consuele a los que se ven obligados a dejar sus hogares y su país. Que tu Corazón afligido nos mueva a la compasión, nos impulse a abrir puertas y a hacernos cargo de la humanidad herida y descartada.

Santa Madre de Dios, mientras estabas al pie de la cruz, Jesús, viendo al discípulo junto a ti, te dijo: «Ahí tienes a tu hijo» (Jn 19,26), y así nos encomendó a ti. Después dijo al discípulo, a cada uno de nosotros: «Ahí tienes a tu madre» (v. 27). Madre, queremos acogerte ahora en nuestra vida y en nuestra historia. En esta hora la humanidad, agotada y abrumada, está contigo al pie de la cruz. Y necesita encomendarse a ti, consagrarse a Cristo a través de ti. El pueblo ucraniano y el pueblo ruso, que te veneran con amor, recurren a ti, mientras tu Corazón palpita por ellos y por todos los pueblos diezmados a causa de la guerra, el hambre, las injusticias y la miseria.

Por eso, Madre de Dios y nuestra, nosotros solemnemente encomendamos y consagramos a tu Corazón inmaculado nuestras personas, la Iglesia y la humanidad entera, de manera especial Rusia y Ucrania. Acoge este acto nuestro que realizamos con confianza y amor, haz que cese la guerra, provee al mundo de paz. El “sí” que brotó de tu Corazón abrió las puertas de la historia al Príncipe de la paz; confiamos que, por medio de tu Corazón, la paz llegará. A ti, pues, te consagramos el futuro de toda la familia humana, las necesidades y las aspiraciones de los pueblos, las angustias y las esperanzas del mundo.

Que a través de ti la divina Misericordia se derrame sobre la tierra, y el dulce latido de la paz vuelva a marcar nuestras jornadas. Mujer del sí, sobre la que descendió el Espíritu Santo, vuelve a traernos la armonía de Dios. Tú que eres “fuente viva de esperanza”, disipa la sequedad de nuestros corazones. Tú que has tejido la humanidad de Jesús, haz de nosotros constructores de comunión. Tú que has recorrido nuestros caminos, guíanos por sendas de paz. Amén.

Oración

Señor, tú has querido que la Palabra se encarnase en el seno de la Virgen María; concédenos, en tu bondad, que a cuantos confesamos a nuestro Redentor, como Dios y como hombre verdadero, lleguemos a hacernos semejantes a él en su naturaleza divina. Por nuestro Señor Jesucristo.

Evangelio

El Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros,
y hemos contemplado su gloria.


EVANGELIO
Lc 1, 26-38.

Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo.

✠ Lectura del santo Evangelio según san Lucas.

EN aquel tiempo, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la casa de David; el nombre de la virgen era María.
El ángel, entrando en su presencia, dijo:
«Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo».
Ella se turbó grandemente ante estas palabras y se preguntaba qué saludo era aquél. El ángel le dijo:
«No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios. Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. Será grande, se llamará Hijo del Altísimo, el Señor Dios le dará el trono de David, su padre; reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin».
Y María dijo al ángel:
«¿Cómo será eso, pues no conozco varón?».
El ángel le contestó:
«El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el Santo que va a nacer será llamado Hijo de Dios. También tu pariente Isabel ha concebido un hijo en su vejez, y ya está de seis meses la que llamaban estéril, porque “para Dios nada hay imposible”».
María contestó:
«He aquí la esclava del Señor; hágase en mi según tu palabra».
Y el ángel se retiró.

Palabra del Señor

Jesucristo, Verdad


Pero Cristo no solamente es el Camino: es también la Verdad. La verdad absoluta e integral. Sabiduría increada en cuanto Verbo, comunicó a su Humanidad santísima, y a través de ella a nosotros, todos los tesoros de la sabiduría y de la ciencia de Dios. Esto nos lleva a hablar de la causalidad ejemplar de Jesucristo, que ejercita sobre nosotros de tres maneras principales: a) en su persona; b) en sus obras, y c) en su doctrina

En sus obras.—Cristo practicó lo que enseñaba y enseñó lo que practicaba: «lo que Jesús hizo y enseñó», dice el autor de los Hechos de los Apóstoles «1′. Su vida y su doctrina formaban un todo armónico y unitario, del que subía incesantemente hacia el cielo una glorificación inmensa de Dios. Según Santo Tomás de Aquino, el motivo principal de la encarnación del Verbo fué la redención del género humano.

Pero, aparte de esta finalidad fundamental, la encarnación tuvo también otras finalidades altísimas, entre las que, sin duda ninguna, figura la de darnos en Cristo un ejemplar y modelo acabadísimo de todas las virtudes. Y esto no sin un designio adorable de la divina Providencia. En efecto. Hablando en absoluto, el prototipo y ejemplar supremo de toda perfección y santidad es el Verbo Eterno.

El es, si es lícito hablar así, el Ideal mismo de Dios. El Padre se contempla en el Verbo con infinita complacencia y amor. El es su Ideal viviente, espléndido, infinito, personal, en el que se complace infinitamente desde toda la eternidad. Por El han sido creados los ángeles, los hombres, el universo entero: todas las cosas fueron hechas por El, y sin El no se hizo nada de cuanto ha sido hecho (lo. 1,3). Ideal de Dios, es también el ideal de los ángeles y de los hombres; y lo sería por derecho propio de todas cuantas criaturas quisiera Dios sacar de la nada a través de los siglos en todos los universos actuales o posibles. «¿Es posible que tengamos nosotros el mismo ideal de vida que Dios ? —pregunta estupefacto un piadosísimo autor—. Sí, y no se nos concede el elegir obra menos elevada. Ve, alma mía, cuál es tu dignidad; mira si nobleza te obliga… Pero este ideal sublime excedía en absoluto el alcance de la razón humana y aun para la misma fe estaba colocado a demasiada altura. Por eso se abajó. Se hizo hombre, niño, esclavo; quiso conocer las debilidades de nuestros primeros años, nuestros trabajos, nuestras fatigas; la pobreza, la obscuridad, el silencio, el hambre, la sed, el dolor y la muerte. De todas nuestras miserias, sólo una hay que no ha podido experimentar: el pecado y ciertos desórdenes morales que del pecado se derivan.

No pudiendo tomar en sí esta flaqueza, tomó su semejanza y llevó su pena. No tengo, pues, que subir al cielo para buscar allá el pensamiento de Dios respecto de mí; no tengo que hacer, ¡oh Jesús mío!, sino contemplaros. Vos sois el ideal completo en el cual encuentro yo el mío» ‘.

SAUVÉ, Jesús íntimo elev.5.» n.5 c.203-4 (Barcelona 1926)

GENERACIONES ESPONTÁNEAS – TRANSFORMISMO O DARWINISMO



¿Cuáles son las hipótesis imaginadas por los incrédulos para explicar con exclusión de Dios, el origen de los seres vivientes?

Han ideado la hipótesis de la generación espontánea y la del evolucionismo o darwinismo. Estos dos sistemas, que adquirieron gran celebridad, son contrarios a las experiencias científicas; llegan a suponer efectos sin causa y, por lo mismo, la ciencia y el sentido común los condenan y rechazan.

1° Algunos naturalistas, para prescindir de Dios, atribuyen el origen de los seres vivientes a las generaciones espontáneas. Así se llama el nacimiento de un ser vivo sin un germen anterior, por el solo juego de las fuerzas inherentes a la materia.
2° Se llama evolucionismo el sistema según el cual los seres vivientes más perfectos derivan de otros menos perfectos, por una serie indefinida, desde el ser más rudimentario hasta el hombre.

De acuerdo con este sistema, los impíos pretenden que el hombre desciende del mono. El inglés Darwin, particularmente, se ha dedicado a explicar estas transformaciones sucesivas mediante dos agentes que llama selección natural y lucha por la existencia. Darwin ha dado al evolucionismo su nombre, y así se llama también darwinismo

Estos dos sistemas, la generación espontánea y el evolucionismo, dejan siempre sin solución la cuestión de saber quién ha creado los primeros seres y quién les ha dado su energía vital… Después de los experimentos de Pasteur y otros sabios, el sistema de las generaciones espontáneas ha quedado definitivamente refutado.

El aire y el agua están llenos de gérmenes, para cuyo desarrollo sólo se requiere un medio propicio. Destruidos estos gérmenes, no hay producción alguna. Todos los animales están sometidos a la misma ley: no existen, si no son producidos por otros seres vivos de la misma especie. El darwinismo tiene por base fundamental la evolución de las especies. Pues bien, si hay algo bien comprobado es que las especies son fijas, y no se transforman. Es posible perfeccionar las razas, pero las especies no se mudan; son y quedan eternamente distintas. Producir una especie nueva, decía Leibnitz, es un salto que jamás da la naturaleza; lo mismo afirman los sabios naturalistas. Luego tal sistema está en flagrante contradicción con las leyes de la naturaleza. Estos enunciados, resultados de la experiencia y de la ciencia, están confirmados también por la historia y por la geología.

Cuando se examinan las especies animales y vegetales recogidas de las tumbas egipcias y en los yacimientos fósiles, se las encuentran absolutamente iguales a las que viven en nuestros días. Las semillas encontradas en esas mismas tumbas no han dejado de producir vegetales idénticos a los nuestros. Este sistema es contrario a la razón; admite efectos sin causa, ¡y qué efectos! Todo el mundo viviente. La razón por la cual una causa puede producir su efecto es porque lo contiene de alguna manera. ¿Cómo dar lo que no se tiene? Es imposible

R. P. Hillaire, la religión demostrada LOS FUNDAMENTOS DE LA FE CATÓLICA ANTE LA RAZÓN Y LA CIENCIA

Límites en el ejercicio de la autoridad



Es famosa la frase que dice: “el que obedece no se equivoca… se equivoca el que ordena”. Esta frase es cierta, siempre y cuando, quien ejerza la autoridad no se extralimite en sus funciones. Hay, entonces, algunos límites a la hora de obedecer

Cuando el superior ordena algo más allá de sus atribuciones: por ejemplo, cuando un padre se opone a la vocación maduramente considerada de su hijo, traspasa sus deberes, y no hay obligación de obedecerle. Lo mismo ha de decirse del superior de una comunidad que ordenare cosa más allá de lo que le permiten las constituciones, estatutos y reglas, habiendo estas determinado sabiamente los límites de su autoridad

Varios caminos



todas las religiones proclaman ser el camino a Dios, la divinidad, la perfección u otra cosa que lo represente; en suma, todas proclaman ser la religión verdadera. Pero, más allá de los desvaríos del New Age (movimiento esotérico que combina distintas religiones) o los reclamos de los relativistas teológicos (que plantean que todas las religiones dan lo mismo, que todas son caminos válidos hacia Dios), tenemos que no todas las religiones existentes pueden ser verdaderas pues afirman cosas no solo distintas sino contradictorias entre sí. Por ejemplo, el Cristianismo afirma la divinidad de Cristo, el Islam la niega; el Judaísmo niega que Jesús sea el Mesías, el Cristianismo lo afirma; el Islam dice que el camino correcto consiste en la “sumisión a Alá” conforme a lo estipulado en el Corán, el Budismo dice que el camino correcto consiste en buscar la iluminación para alcanzar el Nirvana, etc.

Hay, por supuesto, puntos de coincidencia entre religiones, especialmente en aspectos básicos de moralidad (el principio de no hacer daño a otros, por ejemplo), pero las diferencias no meramente en aspectos secundarios sino en planteamientos de base es tal que no es posible que todas las religiones sean verdaderas

Dante A. Urbina
¿CUÁL ES LA RELIGIÓN VERDADERA?: Demostración racional de en cuál Dios se ha revelado