Evangelio según san Mateo, 4: 23- 25 Y andaba Jesús rodeando toda la Galilea, enseñando en las Sinagogas de ellos, y predicando el Evangelio del reino. Y sanando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo. Y corrió su fama por toda la tierra, y le trajeron todos los que lo pasaban mal, poseídos de varios achaques y dolores, y los endemoniados, y los lunáticos, y los paralíticos, y los sanó. Y le fueron siguiendo muchas gentes de la Galilea, de Decápolis, de Jerusalén, de Judea, y de la otra ribera del Jordán. (vv. 23- 25)
Para que los doctores traten de que su predicación conduzca a la práctica de las virtudes, se les amonesta en las palabras que siguen: «Sanando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo». La enfermedad es propia de los cuerpos y la dolencia es propia de las almas
Me levantaré, me pondré en camino adonde está mi padre y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti.
EVANGELIO Lc 15, 1-3.11-32.
«Este hermano tuyo estaba muerto y ha revivido»
✠ Lectura del santo Evangelio según san Lucas.
EN aquel tiempo, solían acercarse a Jesús todos los publicanos y pecadores a escucharlo. Y los fariseos y los escribas murmuraban diciendo: «Ese acoge a los pecadores y come con ellos». Jesús les dijo esta parábola: «Un hombre tenía dos hijos; el menor de ellos dijo a su padre: “Padre, dame la parte que me toca de la fortuna”. El padre les repartió los bienes. No muchos días después, el hijo menor, juntando todo lo suyo, se marchó a un país lejano, y allí derrochó su fortuna viviendo perdidamente. Cuando lo había gastado todo, vino por aquella tierra un hambre terrible, y empezó él a pasar necesidad. Fue entonces y se contrató con uno de los ciudadanos de aquel país que lo mandó a sus campos a apacentar cerdos. Deseaba saciarse de las algarrobas que comían los cerdos, pero nadie le daba nada. Recapacitando entonces, se dijo: “Cuántos jornaleros de mi padre tienen abundancia de pan, mientras yo aquí me muero de hambre. Me levantaré, me pondré en camino adonde está mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo: trátame como a uno de tus jornaleros». Se levantó y vino adonde estaba su padre; cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y se le conmovieron las entrañas; y, echando a correr, se le echó al cuello y lo cubrió de besos. Su hijo le dijo: “Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo”. Pero el padre dijo a sus criados: “Sacad enseguida la mejor túnica y vestídsela; ponedle un anillo en la mano y sandalias en los pies; traed el ternero cebado y sacrificadlo; comamos y celebremos un banquete, porque este hijo mío estaba muerto y ha revivido; estaba perdido y lo hemos encontrado”. Y empezaron a celebrar el banquete. Su hijo mayor estaba en el campo. Cuando al volver se acercaba a la casa, oyó la música y la danza, y llamando a uno de los criados, le preguntó qué era aquello. Este le contestó: “Ha vuelto tu hermano; y tu padre ha sacrificado el ternero cebado, porque lo ha recobrado con salud”. Él se indignó y no quería entrar, pero su padre salió e intentaba persuadirlo. Entonces él respondió a su padre: “Mira: en tantos años como te sirvo, sin desobedecer nunca una orden tuya, a mí nunca me has dado un cabrito para tener un banquete con mis amigos; en cambio, cuando ha venido ese hijo tuyo que se ha comido tus bienes con malas mujeres, le matas el ternero cebado”. El padre le dijo: “Hijo, tú estás siempre conmigo, y todo lo mío es tuyo; pero era preciso celebrar un banquete y alegrarse, porque este hermano tuyo estaba muerto y ha revivido; estaba perdido y lo hemos encontrado”».
El darwinismo tiene por base fundamental la evolución de las especies. Pues bien, si hay algo bien comprobado es que las especies son fijas, y no se transforman. Es posible perfeccionar las razas, pero las especies no se mudan; son y quedan eternamente distintas. Producir una especie nueva, decía Leibnitz, es un salto que jamás da la naturaleza; lo mismo afirman los sabios naturalistas. Luego tal sistema está en flagrante contradicción con las leyes de la naturaleza. Estos enunciados, resultados de la experiencia y de la ciencia, están confirmados también por la historia y por la geología. Cuando se examinan las especies animales y vegetales recogidas de las tumbas egipcias y en los yacimientos fósiles, se las encuentran absolutamente iguales a las que viven en nuestros días. Las semillas encontradas en esas mismas tumbas no han dejado de producir vegetales idénticos a los nuestros. Este sistema es contrario a la razón; admite efectos sin causa, ¡y qué efectos! Todo el mundo viviente. La razón por la cual una causa puede producir su efecto es porque lo contiene de alguna manera. ¿Cómo dar lo que no se tiene? Es imposible.
Pero una cosa se puede contener en otra, de tres maneras:
1° Formalmente con todo su ser; así, un trozo de mármol está contenido en la cantera. 2° Eminentemente, es decir, de una manera superior; así, la autoridad soberana contiene la de un prefecto, de un gobernador de provincia. 3° Virtualmente, en germen, y es la manera como todos los seres vivientes están contenidos en el germen que los produce.
Pues bien, estos seres vivientes no están contenidos de ningún modo en la materia bruta; por lo tanto, existirían sin causa. Además, ninguna causa puede producir un efecto o un ser de especie superior a ella, porque este grado superior de ser no tendría, como tal, una causa positiva. Ahora bien, los seres vivientes son de naturaleza superior a la materia bruta; luego estos seres vivientes no pueden proceder de ella, porque serían efectos sin causa. Por las mismas razones, los seres vivientes superiores no pueden proceder de los inferiores. Así, el hombre no puede proceder del mono: sería un efecto sin causa. “Ningún ser – dice Santo Tomás – puede obrar más allá de su especie, teniendo en cuenta que la causa debe ser más poderosa que el efecto y que el efecto no puede ser más noble que la causa”. En resumen, el sentido común nos dice: No se puede dar lo que no se tiene; si ni se tiene dinero, no se puede dar dinero. Ahora bien, la materia no tiene movimiento, no tiene vida, no tiene inteligencia: luego no puede dar ni movimiento, ni vida, ni inteligencia. Pero en el universo hay movimiento, hay seres vivos, hay seres inteligentes; luego existe fuera del mundo un ser superior que ha dado al mundo el movimiento, la vida, la inteligencia. Este ser es Dios.
R. P. Hillaire, la religión demostrada LOS FUNDAMENTOS DE LA FE CATÓLICA ANTE LA RAZÓN Y LA CIENCIA
Cuanto hemos dicho y diremos, ha de entenderse de la secta masónica en sí misma y en cuanto abraza a otras sociedades que están emparentadas y confederadas con ella, pero no de cada uno de sus afiliados. Puede haberlos en efecto, y no pocos, que, si bien no dejan de tener culpa por haberse comprometido con semejantes sociedades, con todo no participen por sí mismos de sus crímenes y que ignoren sus últimos intentos. Del mismo modo, aun entre las asociaciones unidas con la Masonería, algunas tal vez no aprobarán ciertas conclusiones extremas, que sería lógico abrazar como dimanadas de principios comunes, si no cansara horror su misma torpe fealdad. Algunas también, por las circunstancias de tiempo y lugar, no se atreven a hacer tanto como ellas mismas quisieran y suelen las otras; pero no por eso se han de tener por ajenas a la confederación masónica, ya que ésta no tanto ha de juzgarse por sus hechos y las cosas que lleva a cabo, cuanto por el conjunto de los principios que profesa
ENCÍCLICA «HUMANUM GENUS» (20-IV-1884 ACERCA DE LA. MASONERÍA Y OTRAS SECTAS LEÓN PP. XIII
Por ello, el Espíritu Santo y la Iglesia la llaman alma mater: Madre oculta y escondida. Su humildad fue tan profunda, que no hubo para Ella anhelo más firme y constante que el de ocultarse a sí misma y a todas las creaturas para ser conocida solamente de Dios.
Ella pidió a Dios pobreza y humildad. Y El, escuchándola, tuvo a bien ocultarla en su concepción, nacimiento, vida, misterios, resurrección y asunción a casi todos los hombres. Sus propios padres no la conocían. Y los ángeles se preguntaban con frecuencia uno a otro: ¿Quién es ésta? (Ct 8,5) 2. Porque el Altísimo se la ocultaba. O, si algo les manifestaba de Ella, era infinitamente más lo que les encubría
Tratado de la verdadera devoción a la Santísima Virgen. San Luis María Grignion de Montfort, (1.673-1.716)
Obediencia de principiante: Se aplican antes que a otra cosa a guardar fielmente los mandamientos de Dios y de la iglesia; y a someterse por lo menos exteriormente a las órdenes de los superiores legítimos con diligencia puntualidad y espíritu sobrenatural
Tal como la usan los escépticos (esto es, como para implicar que todas las religiones son falsas o arbitrarias), se trata de una total falacia genética: que una religión sea verdadera (o falsa) depende únicamente de la veracidad (o falsedad) de sus proposiciones, no de la forma en que se origina la creencia en la misma en una persona o grupo de personas. Hay niños que simplemente se aprenden la tabla de multiplicar porque un profesor se las hizo memorizar mecánicamente o porque tienen miedo de que sus padres lo amonesten si no lo hacen, ¡pero no por ello decimos que la tabla de multiplicar es falsa o arbitraria! Todos los seres humanos son seres racionales.
Dado ello, sin importar en qué parte del mundo o contexto religioso (o incluso a- religioso o anti- religioso) se encuentre, toda persona con uso de razón puede analizar los argumentos en torno a la religión verdadera y tomar una decisión racional del mismo modo en que uno puede perfectamente aceptar la validez del teorema de Pitágoras, aunque no haya nacido en la antigua Grecia. Y es que esta no es una cuestión de costumbres o de cultura, es una cuestión de racionalidad. El entorno condiciona, pero no determina. De este modo, uno puede haber nacido y crecido en tal o cual entorno religioso, pero si racionalmente encuentra que la religión verdadera es distinta a la de su entorno, debe, con su libertad, tomar la determinación de aceptar y vivir esa religión. Por supuesto, en un mundo de culto incondicional a la “diversidad” como el actual (al menos en Occidente), resulta muy “políticamente incorrecto” decir que hay una religión verdadera; pero, hay que recalcarlo, esta es una cuestión de racionalidad, no de “corrección política”. 1 + 1 = 2 es una proposición “muy totalitaria” que no deja lugar a la “linda diversidad” de que 1 + 1 sea 3 o 5, pero, por más que lloren los posmodernos, las cosas son como son.
Lo mismo vale para la religión. Y, atención, que afirmemos que hay una religión verdadera de absolutamente ningún modo implica que estemos diciendo que hay que violentar o discriminar a las personas de otras religiones, del mismo modo que quien afirma de 1 + 1 es 2 no por ello está implicando que haya que violentar a todos los que crean que 1 + 1 es 3 o 5. Todas las personas merecen respeto. Y es que son las personas las que son “sujetos de derecho”. Pero las ideas no son “sujetos de derecho”. Yo puedo respetar a la persona que dice que 1 + 1 es 3, pero no tengo por ello que aceptar su idea de que 1 + 1 es 3 o verla como igual de válida que la idea de que 1 + 1 es 2. A los posmodernos el “valor” que les interesa es la “diversidad”, pero aquí lo que buscamos es la Verdad.
Dante A. Urbina ¿CUÁL ES LA RELIGIÓN VERDADERA?: Demostración racional de en cuál Dios se ha revelado
¿Dónde? Pues en la parte en que sostiene que el argumento de la contingencia (que él llama “cosmológico”) implica el ontológico porque presupone que “el Ser Realísimo es el Ser Necesario”. En ninguna parte de la enunciación de nuestro argumento, ni tampoco en la enunciación tomista, existe una premisa que diga eso. Es más, como habíamos señalado en la explicación de la cuarta premisa, la gran ventaja de nuestro argumento, tal como lo hemos formulado, es que nos permite llegar directamente a la existencia del Ser Subsistente (Dios) sin tener la necesidad de seguir pasos adicionales (o de presuponer argumento ontológico alguno). No obstante, para darle gusto a Kant, explicaremos cómo es que se puede identificar al Ser Necesario con el Ser Realísimo (Dios) sin necesidad de asumirlo a priori.
El razonamiento que nos permite identificar el Ser Necesario con el Ser Realísimo dice así: 1. El Ser Necesario es Incausado: Efectivamente, como vimos en la segunda vía, todo lo contingente es causado y también todo lo causado es contingente, ya que recibe el ser de otro y, por ende, no subsiste de por sí. Luego, el ser Necesario, por no ser contingente, debe ser Incausado. 2. El Ser Incausado es el Ser Subsistente: El Ser Incausado, por el mismo hecho de serlo, no puede recibir el ser de otro y, por consiguiente, debe existir pura y plenamente por Sí mismo. Luego, el Ser Incausado debe ser Subsistente. 3. El Ser Subsistente es el Ser Realísimo: Si, como es evidente, el Ser Subsistente es la plenitud originaria del ser, debe ser también absolutamente real ya que todo lo que es real lo es por el ser. Luego, el Ser Subsistente es el Ser Realísimo. Aun así, como ya hemos dicho, esta demostración no resulta en modo alguno necesaria para nuestro argumento. Solo es necesaria para dejar más en evidencia la insubsistencia de la artificiosa estratagema crítica kantiana: introducir como sea el argumento ontológico, ya previamente descalificado, dentro del argumento de la contingencia a fin de poder descalificar también a este. Por tanto, ello nos muestra claramente la verdadera intencionalidad de la crítica kantiana: constituirse como un arma de guerra contra las pruebas de la existencia de Dios a las que hay que destruir sea como sea para (supuestamente) “dar espacio a la fe”. Pero incluso si concediéramos a Kant su caprichosa deformación del argumento de la contingencia, este no cae, como cree él, en el vicio del argumento ontológico. Es cierto que si deducimos, incluso válidamente, de la noción de Ente Realísimo la noción de Ente Necesario no por ello podemos afirmar su existencia real. Pero en el argumento, incluso en la forma en que Kant lo presenta, la existencia real del Ente Necesario ya está asegurada por los pasos anteriores.
Luego, si es válida la inferencia que vincula al Ser Necesario con el Ser Realísimo, la existencia real ya asegurada del primero implica del segundo sin argumento ontológico alguno. Todavía más, dicha deducción, como hemos visto, no va del Ser Realísimo al Ser Necesario sino más bien al revés. Pero esto cambia totalmente la cuestión porque entonces, en vez de estar partiendo de un concepto de un ente posible para llegar a una existencia real (argumento ontológico), estamos partiendo de una existencia real (no experimentada, cierto, pero sí demostrada en forma apodíctica como condición sine qua non de la existencia de los seres contingentes). De ahí que el filósofo tomista Jacques Maritain diga: “Si he comenzado por establecer que un ser absolutamente necesario existe, evidentemente tengo el derecho de concluir que este ser, de cuya existencia estoy enterado, posee una perfección suprema que también existe. De este modo procede Santo Tomás. Comenzando no por un concepto sino con la experiencia, ha demostrado ante todo que la causa primera o la necesidad primera o el ser primero o la inteligencia primera existe; y es al estar asegurado de esa existencia que concluye que tal ser es un acto puro y una perfección infinita; de este modo pasa de lo real a lo real, de ningún modo de lo ideal a lo real. Declarar que eso es suponiendo el argumento ontológico y concluyendo en virtud de él, es completamente sofístico”
¿DIOS EXISTE?: El libro que todo creyente deberá (y todo ateo temerá) leer. Dante A. Urbina