Refutación al ateísmo



MATERIALISMO – PANTEÍSMO – POSITIVISMO – EVOLUCIONISMO

¿Puede explicarse, prescindiendo de Dios, el origen del mundo y de los seres que lo componen?

No; es imposible. Todos los sistemas inventados para explicar el origen de los seres, el movimiento y el orden que reinan en el mundo, la vida de las plantas y de los animales, la vida intelectual del hombre, son absurdos, imposibles. Es necesario recurrir a Dios todopoderoso, creador del mundo y de todo lo existente. Hemos de decir con la iglesia: “Creo en Dios, Creador del cielo y de la tierra”. Es fácil afirmar: Dios no existe; basta ser un necio: Dixit insipiens. Pero no termina todo en este aserto: hay que explicar el mundo, el mundo existe… Cabe deslumbrar con palabras rimbombantes de inmanencia, períodos atómicos, gases en combustión, cantidades puras, etc., pero estas sonoras palabras nada explican. Las pruebas de la existencia de Dios refutan el ateísmo, quédanos por demostrar lo absurdo de los sistemas imaginados para explicar:

1°, la existencia de la materia;
2°, la organización del mundo;
3°, el origen de los seres vivientes.

Estos sistemas pueden reducirse a cuatro:
1°, materialismo;
2°, el panteísmo;
3°, el positivismo, y
4°, el evolucionismo o darwinismo

R. P. Hillaire, la religión demostrada LOS FUNDAMENTOS DE LA FE CATÓLICA ANTE LA RAZÓN Y LA CIENCIA

Las dos ciudades



Venerables Hermanos, salud y bendición apostólica

Ciudad terrenal y ciudad de Dios. El humano linaje, después de haberse, por envidia del demo nio, miserablemente separado de Dios, creador y da dor de los bienes celestiales, quedó dividido en dos bandos diversos y adversos, de los cuales el uno combate asiduamente por la verdad y la virtud, y el otro por todo cuanto es contrario a la virtud y a la verdad. El uno es el reino de Dios en la tierra, es decir, la verdadera Iglesia de Jesucristo, a la cual, quien quisiera estar adherido de corazón y según conviene para la salvación, necesita servir a Dios y a su unigénito Hijo con todo su entendimiento y toda su voluntad; el otro es el reino de Satanás, bajo cuyo imperio y potestad se encuentran todos los que, siguiendo los funestos ejemplos de su caudillo y de nuestros primeros padres, rehusan obedecer la ley divina y eterna, y acometen empresas contra Dios o prescindiendo de Dios mismo. Agudamente conoció y describió Agustín estos dos reinos a modo de dos ciudades de contrarias leyes y deseos, compendiando con sutil brevedad la causa eficiente de una y otra en estas palabras: Dos amores edificaron dos ciudades: el amor de sí mismo hasta el desprecio de Dios edificó la ciudad terrena; el amor de Dios hasta el desprecio de sí mismo, la celestiall. Durante toda la continuación de los siglos contienden entre sí con varias y múltiples armas y peleas, aunque no siempre con igual ímpetu y ardor


ENCÍCLICA «HUMANUM GENUS» (20-IV-1884
ACERCA DE LA. MASONERÍA Y OTRAS SECTAS LEÓN PP. XIII

La configuración con Jesucristo


La configuración con Cristo es la finalidad misma de nuestra vida cristiana en orden a nuestra santificación e incluso mirando a la glorificación de Dios, finalidad última y absoluta de la Creación. En el plan actual de la divina Providencia, no podemos santificarnos ni glorificar a Dios sino por Jesucristo y en El. Es, pues, de importancia capital tener ideas claras en torno a este asunto importantísimo.

Con frecuencia se destaca poco en la predicación y/en los libros de piedad el papel excepcional de la persona de Cristo en nuestra santificación. A veces, la «devoción a Nuestro Señor» se señala como uno de tantos medios para santificarse, al lado de la lectura espiritual, del examen de conciencia o del plan de vida. Con ello se deforma lamentablemente la piedad de los fieles y se les hace concebir una idea muy equivocada de lo que en realidad constituya la piedra angular del edificio de nuestra santificación. No seremos santos sino en la medida en que vivamos la vida de Cristo o, quizá mejor, en la medida en que Cristo viva su vida en nosotros.

El proceso de la santificación es un proceso de cristifica.ción. El cristiano tiene que convertirse en otro Cristo: christianus, altar Christus. Solamente cuando con toda exactitud y verdad podamos repetir el «ya no vivo yo, es Cristo quien vive en mí» (Gal. 2,2o)_ podremos estar seguros de haber alcanzado la cumbre de la perfec, ción cristiana. Examinemos, pues, las líneas fundamentales de lo que San Pa, blo llamaba el «misterio de Cristo, en el que están encerrados todo§ los tesoros de la sabiduría y de la ciencia» (Col. 2,2-3)

TEOLOGÍA DE LA PERFECCIÓN CRISTIANA POR EL RVDO. P. FR. ANTONIO ROYO MARÍN, O. P

Singularidad de Hawking


Las implicancias de este fragmento son en verdad reveladoras. En efecto, implica que las singularidades siguen contando porque son inevitables en el tiempo real. En ese tiempo, un astronauta que cae en un agujero negro “sigue acabando mal”. De modo que Hawking se habría contestado su propia pregunta: solo si vivimos en el tiempo imaginario no encontraríamos ninguna singularidad, lo cual no es el caso. Incluso así Hawking insiste en el error y escribe: “Todo esto podría sugerir que el llamado tiempo imaginario es realmente el tiempo real, y que lo que nosotros llamamos tiempo real es solamente una quimera. (…) Así que, tal vez, lo que llamamos tiempo imaginario es realmente más básico, y lo que llamamos real es simplemente una idea que inventamos para ayudarnos a describir cómo pensamos que es el universo”. Pero curiosamente sucede que el propio Hawking, al reconocer que un astronauta que cae en un agujero negro terminaría mal, está aceptando en la práctica que el tiempo que llamamos “real” trae implicancias reales, así que no puede ser un mero invento arbitrario de la mente. Más bien lo que es un invento arbitrario es su modelo y su artificiosa “ontologización” del tiempo imaginario. Finalmente, el último de los grandes problemas que presenta el modelo cuántico de Hawking es su identificación (confusión) del espacio con el tiempo en las etapas tempranas del universo (los famosos 10 a la menos 43 segundos). Y es que es imposible, incluso en las etapas tempranas del universo, que el tiempo sea una dimensión del espacio porque ¡son esencialmente distintos! En efecto: el tiempo está ordenado por las relaciones pasado- futuro con respecto al presente y no hay algo ni aun remotamente similar a esta relación entre puntos del espacio. Pero quizá Hawking podría ser interpretado como sosteniendo no que el tiempo, en una etapa más temprana del universo, es una dimensión del espacio sino que conforme uno retrocede en él, cesa de existir y es reemplazado por una dimensión espacial. O sea, para Hawking, en ese contexto de universo temprano, el tiempo devendría en espacio. Pero tal interpretación no tiene sentido. Significaría que la historia temprana del universo es atemporal. Pero ello resulta contradictorio con la afirmación de que esta etapa se dio antes del inicio del tiempo pues la relación antes- después ¡es precisamente la relación temporal!

A continuación, y a forma de epitafio para la teoría de Hawking, las conclusiones del Dr. William Craig luego de su análisis de los modelos cuánticos (entre los que incluye el de Hawking): “Parece evidente, por lo tanto, que los modelos cuánticos del origen del universo evitan el principio del universo solo a expensas de hacer enormes e injustificadas asunciones metafísicas acerca de la realidad, asunciones que al final niegan la realidad del tiempo y del devenir temporal y por lo tanto vician los modelos basados en ellas como descripciones realistas del universo. Así que, resulta que ninguna de las alternativas del modelo del Big Bang del origen del universo es plausible. La mejor evidencia científica disponible confirma que el universo comenzó a existir”. Queda, pues, en pie la tercera vía.

¿DIOS EXISTE?: El libro que todo creyente deberá (y todo ateo temerá) leer. Dante A. Urbina

Cultivarse



La palabra cultura fue popularizada a partir del siglo XVIII como una propiedad de espíritus humanos elevados. En concreto, hacía referencia al depósito de conocimientos, gustos refinados y hábitos deseables que los hombres deberían esforzarse por adquirir, pero que no todos adquirían. Llegar a «ser culto» era el resultado de un proceso educativo signado por las enciclopedias, la filosofía, las ciencias, las obras de arte y la buena música. Así, no todo hombre tenía cultura. La cultura, en tanto que posesión que se fundía con el espíritu humano, realizando al hombre qua hombre, era el premio de aquellos que habían dedicado tiempo y esfuerzo a cultivarse. Y es que la cultura era al espíritu lo que la agricultura es a la tierra. Así lo sugiere su etimología: colere, del latín, significa «cultivar» y «dedicarse con esmero». De la misma manera como la tierra ha de ser laboriosamente cultivada —con esmero— para que dé su fruto, el hombre ha de cultivar su conocimiento, sus intereses, su gusto, su cuerpo y su espíritu para llevar adelante una vida enriquecida y plenamente humana

AGUSTIN LAJE, LA BATALLA CULTURAL REFLEXIONES CRÍTICAS PARA UNA NUEVA DERECHA

Oración

Señor, Padre santo, que para nuestro bien espiritual nos mandaste dominar nuestro cuerpo mediante la austeridad, ayúdanos a librarnos de la seducción del pecado y a entregarnos al cumplimiento filial de tu santa ley. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo

Evangelio

Tus palabras, Señor, son espíritu y vida;
tú tienes palabras de vida eterna.

EVANGELIO
Lc 6, 36-38.

Perdonad, y seréis perdonados.

✠ Lectura del santo Evangelio según san Lucas.

EN aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Sed misericordiosos como vuestro Padre es misericordioso; no juzguéis, y no seréis juzgados; no condenéis, y no seréis condenados; perdonad, y seréis perdonados; dad, y se os dará: os verterán una medida generosa, colmada, remecida, rebosante, pues con la medida con que midiereis se os medirá a vosotros».

Palabra del Señor.

Definiciones del Concilio Vaticano I, el sentido común de la iglesia



Vamos a exponer aquí las definiciones de la Iglesia, no como un argumento contra los incrédulos, sino para hacer resaltar la perfecta armonía existente entre las enseñanzas de la religión católica y la razón

“La santa Iglesia Católica, Apostólica y Romana cree y confiesa que hay un solo Dios verdadero y vivo, creador y señor del cielo y de la tierra, omnipotente, eterno, inmenso, incomprensible, infinito en su entendimiento y voluntad y en toda perfección; el cual, siendo una sola sustancia espiritual, singular, absolutamente simple e inmutable, debe ser predicado como distinto del mundo, real y esencialmente, felicísimo en sí y de sí, e inefablemente excelso por encima de todo lo que fuera de Él mismo existe o puede ser concebido”.

Cánones:
1º [Contra todos los errores acerca de la existencia de Dios creador]. Si alguno negare al solo Dios verdadero creador y Señor de las cosas visibles e invisibles, sea anatema.
2º [Contra el materialismo.] Si alguno no se avergonzare de afirmar que nada existe fuera de la materia, sea anatema.
3º [Contra el panteísmo.] Si alguno dijere que es una sola: y la misma la sustancia o esencia de Dios y la de todas las cosas, sea anatema.
4º [Contra las formas especiales del panteísmo.] Si alguno dijere que las cosas finitas, ora corpóreas, ora espirituales, o por lo menos las espirituales, han emanado de la sustancia divina, o que la divina esencia por manifestación o evolución de sí, se hace todas las cosas, o, finalmente, que Dios es el ente universal o indefinido que, determinándose a sí mismo, constituye la universalidad de las cosas, distinguida en géneros, especies e individuos, sea anatema.
5º [Contra los panteístas y materialistas.] Si alguno no confiesa que el mundo y todas las cosas que en él se contienen, espirituales y materiales, han sido producidas por Dios de la nada según toda su sustancia, sea anatema.

Tal es la fe de la Iglesia, la cual afirma la existencia de Dios espíritu puro, distinto del mundo y creador de todas las cosas; ella condena el materialismo, las diversas formas de panteísmo y todos los falsos sistemas modernos. Veremos que el sentido común los condena también como la Iglesia.

R. P. Hillaire, la religión demostrada LOS FUNDAMENTOS DE LA FE CATÓLICA ANTE LA RAZÓN Y LA CIENCIA

Incompatibilidad Masonería e Iglesia


No queda, pues, otro camino que la reiteración de las instancias esenciales: la masonería, de modo expreso y sin necesidad de tener acceso a los do cumentos herméticos, sostiene la autosuficiencia absoluta de la razón en una visión progresista de la realidad; esta autosuficiencia supone el naturalismo pleno y, por consiguiente, el indiferentismo religio so (negación hasta de la posibilidad de una religión verdadera), un deísmo impersonal o un ateísmo ex preso; relativismo radical y, por eso, las declaracio nes masónicas acerca de una moralidad «progresi va» que redunde en la perfección personal solamen te indican un «moralismo» relativo a la situación que es, en el fondo, la negación de una ley moral de validez permanente.

La pretensión de totalidad (como dice el Episcopado Alemán) unida al sincre tismo generalizado, invalida toda posibilidad de la Revelación sobrenatural cristiana. Trátase de un «mundanismo» o plena secularización de la vida, lo cual conduce, como es lógico, a la negación de Cris to, de la Redención y de la Iglesia verdadera. Tam bién es lógico que sea el liberalismo, en sus tres gra dos, la expresión más genuina de la esencia de la doctrina masónica, aunque multitud de liberales lo nieguen o lo ignoren. A todo lo dicho contribuye en gran medida el hermetismo iniciáítico de la masonería, que será siempre inaceptable para la Iglesia Católica. Todos los hermetismos —que encierran sus doctrinas esoté ricas en el ámbito estricto del secreto— han sido siempre enemigos de la Iglesia, y la Iglesia, a su vez, siempre los ha rechazado y combatido, como es el caso de los gnósticos, de sectas mágicas y otras semejantes. Por su propia naturaleza, todo herme tismo iniciático es contrario a la apertura radical del mensaje de salvación de la Iglesia Católica.

Si unimos ambos aspectos, el doctrinal y el iniciático (que en realidad no pueden separarse), entre la Iglesia Católica y la masonería siempre ha existido una in compatibilidad absoluta. Desde Clemente XII has ta León XIII; desde León XIII hasta Pío XII; desde Pío XII hasta Juan Pablo II, el juicio de la Iglesia ha permanecido inalterado, pese a los esfuerzos y buena voluntad demostrada por las autoridades eclesiásticas en los últimos tiempos. De ahí la oportunidad y la importancia de reeditar la Humanum genus de León XIII, que es como el compendio de la doctrina de la Iglesia en este tema.

ALBERTO CATÜRÉLLÍ LA IGLESIA CATÓLICA Y LA MASONERÍA Doctrina y Documentos

Después de la Gloria a Dios, la santificación



Después de la glorificación de Dios, y perfectamente subordinada a ella, la vida cristiana tiene por finalidad la santificación de nuestra propia alma.

El bautismo, puerta de entrada en la vida cristiana, siembra en nuestras almas una «semilla de Dios»: es la gracia santificante. Ese germen divino está llamado a desarrollarse plenamente, y esa plenitud de desarrollo es, cabalmente, la santidad.

Todos estamos llamados a ella—al menos con un llamamiento remoto y suficiente, como explicaremos en su lugar—, aunque en grados muy distintos, según la medida de nuestra predestinación en Cristo n. Ahora bien, ¿en qué consiste propiamente la santidad? ¿Qué significa ser santo? ¿Cuál es su constitutivo íntimo y esencial? Son varias las fórmulas en uso para contestar a estas preguntas ,pero todas coinciden en lo substancial.

Las principales son tres- la ¡santidad consiste en nuestra plena configuración con Cristo en la unión con Dios por el amor y en la perfecta conformidad con la voluntad divina

TEOLOGÍA DE LA PERFECCIÓN CRISTIANA POR EL RVDO. P. FR. ANTONIO ROYO MARÍN, O. P