La Iglesia

El exégeta modernista Alfred Loisy anunciaba haber perdido la fe al afirmar sarcásticamente: «Jesús proclamó el reino; y lo que vino fué la iglesia»

Loisy no fué el único en sugerir esta idea. La yuxtaposición entre iglesia y Reino llegó a ser lugar común en determinados círculos especializados a finales del siglo XIX

Cuando venga el Reino de Dios. Esta expresión indica ciertamente que hay un intervalo de tiempo entre la expectación de los creyentes y el cumplimiento por parte del Señor. Personas con una mejor disposición que Alfred Loisy para creer también se han sentido perplejos ante el problema de la espera del reino. Los propios discípulos experimentaron un profundo desánimo tras la muerte de Jesús: «Nosotros esperábamos que él sería quien redimiera a Israel (Lucas 24, 21)

Esperaban que la redención viniera como consecuencia de una reconquista militar o de una milagrosa intervención desde los cielos. No imaginaban que conllevara sufrimiento, muerte y un aparente fracaso. Cuando rezaban por la llegada del Reino no esperaban ciertamente la iglesia. Pero es lo que recibieron

La fe es razonable (Scott Hahn)

Los ausentes


El sacerdote no dice solamente. «Este es el cáliz de mi sangre», sino que añade: «Derramada por vosotros y por muchos otros, para la remisión de los pecados». Así como las primeras palabras han sido cumplidas infaliblemente, las últimas deben serlo también. «Por vosotros y por muchos otros», es decir , por vosotros que asistís a la Misa, por los ausentes, por aquellos que la hacen celebrar, por todos aquellos que asistirían si pudiesen, (pero que se los impide la enfermedad, el cautiverio o negocios importantes), con tal que se unan al sacrificio o que se encomienden a él, ¡Qué sublime misterio!
Explicación de la Santa Misa (R Padre Martin de Cochem)

Comunión


Así como dos pedazos de cera derretidos juntos no hacen más que uno, de igual modo el que comulga, de tal suerte está unido con Cristo, que él vive en Cristo y Cristo en él
San Cirilo de Jerusalén

La oración vocal


La oración vocal es un elemento indispensable de la vida cristiana. A los discípulos, atraídos por la oración silenciosa de su Maestro, éste les enseña una oración vocal: el “Padre Nuestro”. Jesús no solamente ha rezado las oraciones litúrgicas de la sinagoga; los Evangelios nos lo presentan elevando la voz para expresar su oración personal, desde la bendición exultante del Padre (cf Mt 11, 25-26), hasta la agonía de Getsemaní (cf Mc 14, 36)

Sola fide



la doctrina de la “sola fe” apoyándose en la cita de Rom 3,28: «Porque nosotros estimamos que el hombre es justificado por la fe, sin las obras de la Ley». Con base en este texto, los protestantes interpretaron que las obras buenas carecen de sentido. Hay que aclarar que San Pablo se refiere a las obras de la ley, es decir, a la circuncisión, la observancia del sábado, los ritos de purificación, etc. Por el contrario, la Iglesia Católica, apoyada en la Escritura, ha enseñado siempre que las obras buenas son necesarias para la salvación del hombre:

Sant 2,17: “Lo mismo pasa con la fe: si no va acompañada de las obras, está completamente muerta”.

Rom 2,6: “que retribuirá a cada uno según sus obras”.

Ap 20,13: “El mar devolvió a los muertos que guardaba: la Muerte y el Abismo hicieron lo mismo, y cada uno fue juzgado según sus obras”.

Mt 25,31-46: “Vengan, benditos de mi Padre, y reciban en herencia el Reino que les fue preparado desde el comienzo del mundo, porque tuve hambre, y ustedes me dieron de comer; tuve sed, y me dieron de beber; estaba de paso, y me alojaron; desnudo, y me vistieron; enfermo, y me visitaron; preso, y me vinieron a ver…”

Tu tesoro, tu corazón



Los que así dispusieron de sus haberes recibieron un extraordinario consuelo, reparando sus pequeñas quiebras con un excesivo interés y ganancia, pues dando con espontánea voluntad lo pusieron en mejor cobro, formándose un tesoro inagotable en el cielo, sin entristecerse por la privación de la posesión de unos bienes que, retenidos, más fácilmente se hubieran menoscabado y consumido. Estos bienes pudieron muy bien haber perecido en esta vida mortal por los fatales accidentes que ordinariamente acaecen, los cuales, en vida, pudieron poner en las manos del Señor. Los que no se separaron de los divinos consejos de Jesucristo, que por boca de San Mateo nos dice: «No queráis congregar tesoros en la tierra, donde la polilla y la carcoma los corrompen, y donde los ladrones los desentierran y hurtan, sino atesoraos los tesoros en el cielo, adonde no llega el ladrón ni la polilla lo corrompe, porque adonde estuviere vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón

De civitate Dei. Agustín de Hipona 412- 426 DC

Oración

A él la gloria y el poder por los siglos de los siglos. Aleluya

Evangelio

Aleluya, aleluya, aleluya.
Éste es el día que hizo el Señor,
sea nuestra alegría y nuestro gozo.
Aleluya, aleluya, aleluya.

EVANGELIO
Jn 20, 11-18.

He visto al Señor y ha dicho esto.

Lectura del santo Evangelio según san Juan.

EN aquel tiempo, estaba María fuera, junto al sepulcro, llorando. Mientras lloraba, se asomó al sepulcro y vio dos ángeles vestidos de blanco, sentados, uno a la cabecera y otro a los pies, donde había estado el cuerpo de Jesús.
Ellos le preguntan:
«Mujer, ¿por qué lloras?».
Ella contesta:
«Porque se han llevado a mi Señor y no sé dónde lo han puesto».
Dicho esto, se vuelve y ve a Jesús, de pie, pero no sabía que era Jesús.
Jesús le dice:
«Mujer, ¿por qué lloras?».
Ella, tomándolo por el hortelano, le contesta:
«Señor, si tú te lo has llevado, dime dónde lo has puesto y yo lo recogeré».
Jesús le dice:
«¡María!».
Ella se vuelve y le dice.
«¡Rabbuní!», que significa: «¡Maestro!».
Jesús le dice:
«No me retengas, que todavía no he subido al Padre. Pero, anda, ve a mis hermanos y diles: “Subo al Padre mío y Padre vuestro, al Dios mío y Dios vuestro”».
María la Magdalena fue y anunció a los discípulos:
«He visto al Señor y ha dicho esto».

Palabra del Señor.

Sola fides»: Sólo la fe



Se dice que la salvación viene por la fe y no por las obras. En esto la Iglesia ha sido clara: la salvación viene de Dios por el sacrificio de su Hijo Jesucristo en la cruz y es dada al hombre por fe, aún sin merecerlo; pero esta fe si es sincera se transforma en obras hacia los demás, es decir, se convierte en caridad, sin la cual nada es perfecto. Por estas obras nos va juzgar el Señor cuando venga en su gloria (Mt 25,31-46)

La oración vocal



Por medio de su Palabra, Dios habla al hombre. Por medio de palabras, mentales o vocales, nuestra oración toma cuerpo. Pero lo más importante es la presencia del corazón ante Aquél a quien hablamos en la oración “Que nuestra oración se oiga no depende de la cantidad de palabras, sino del fervor de nuestras almas” (San Juan Crisóstomo, De Anna, sermo 2, 2).