El Purgatorio en la fe de nuestros hermanos Judíos

Hay un estadio intermedio entre la tierra y el cielo. Los israelitas lo llaman el Sheol, morada de los muertos. Y los Judíos contemporáneos a Jesús creían fervientemente que las almas de quienes habían sido fieles a Dios serían «liberadas… de las profundidades del Sheol» Salmo 86, 13. Los judíos piadosos, de entonces y de ahora, consideran una obligación recitar oraciones (la Kaddish) por los familiares fallecidos, y también ofrecer sacrificios. Sirve como muestra este relato, sobre las secuelas de una batalla, de algo más de un siglo y medio antes del nacimiento de Jesucristo

12:39 Al día siguiente, fueron en busca de Judas (cuando se hacía ya necesario) para recoger los cadáveres de los que habían caído y depositarlos con sus parientes en los sepulcros de sus padres.
12:40 Entonces encontraron bajo las túnicas de cada uno de los muertos objetos consagrados a los ídolos de Yamnia, que la Ley prohíbe a los judíos. Fue entonces evidente para todos por qué motivo habían sucumbido aquellos hombres.
12:41 Bendijeron, pues, todos las obras del Señor, juez justo, que manifiesta las cosas ocultas,
12:42 y pasaron a la súplica, rogando que quedara completamente borrado el pecado cometido. El valeroso Judas recomendó a la multitud que se mantuvieran limpios de pecado, a la vista de lo sucedido por el pecado de los que habían sucumbido.
12:43 Después de haber reunido entre sus hombres cerca de dos mil dracmas, las mandó a Jerusalén para ofrecer un sacrificio por el pecado, obrando muy hermosa y noblemente, pensando en la resurrección
12:44 Pues de no esperar que los soldados caídos resucitarían, habría sido superfluo y necio rogar por los muertos;
12:45 mas, si consideraba que una magnífica recompensa está reservada a los que duermen piadosamente, era un pensamiento santo y piadoso

II Macabeos 12, 39-45

La fe es razonable (Scott Hahn)

Sobre el Nacimiento de Nuestro Señor Jesucristo en el Altar

Los que adoran al Salvador es ese estado, ejercen una virtud más grande que la de los pastores; porque estos vieron en realidad la Humanidad de nuestro Señor y creyeron en su Divinidad, muestras que nosotros solo tenemos ante nuestros ojos las apariencias del pan, y a pesar de esto, creemos firmemente en la presencia real de la persona de Jesucristo. Si, tenemos ante nosotros en la Misa al mismo Jesús a cuyos pies se proyectaron los Reyes Magos, el mismo que Simeón tuvo en sus brazos y la Santísima Virgen ofreció a Dios en el templo. Imitemos el ejemplo de estos santos personajes, adoremos a Nuestro Señor con humildad y procuremos nosotros también merecer la recompensa eterna.

Afectos desordenados

Siempre que uno desea algo fuera de orden, inmediatamente pierde la tranquilidad y la calma

Los orgullosos y los codiciosos nunca están tranquilos, mientras que los humildes y los pobres de espíritu vivienda en una paz muy grande.

La raíz de todos los malestares es el afán del dinero, y algunos por dejarse llevar de este deseo se alejaron de la fe y se atormentaron con muchos dolores (1 Timoteo 6)

Una persona que no es mortificada en sus deseos y afectos sufrirá muchas tentaciones y será vencida por muchas pequeñeces

Por eso se entristecen cuando se les privado de ellos y se enojan cuando alguien se opone a sus inclinaciones.

Imitación de Cristo (Tomás de Kempis)

El Memorial de nuestra Salvación


Lo que así fue enseñado por el Concilio está sobriamente expresado por fórmulas de la Misa. Así lo pone ya de relieve la expresión del Sacramentario llamado Leoniano: «cuantas veces se celebra el memorial de este sacrificio se realiza la obra de nuestra redención».[3] Esto se encuentra acertada y cuidadosamente expresado en las Plegarias Eucarísticas; pues en éstas el sacerdote, al hacer la anámnesis, se dirige a Dios en nombre también de todo el pueblo, le da gracias y le ofrece el sacrificio vivo y santo, es decir, la ofrenda de la Iglesia y la víctima por cuya inmolación el mismo Dios quiso devolvernos su amistad[4]; y ora para que el Cuerpo y la Sangre de Cristo sean sacrificio agradable al Padre y salvación para todo el mundo.[5]


De este modo, en el nuevo Misal, la norma de la oración (lex orandi) de la Iglesia responde a la norma perenne de la fe (lex credendi), por la cual, somos amonestados, a saber, que el sacrificio, excepto por la forma distinta como se ofrece, es uno e igual en cuanto sacrificio de la cruz y en cuanto a su renovación sacramental en la Misa. Y es el mismo sacrificio que Cristo, el Señor, instituyó en la última cena y que mandó celebrar a los apóstoles en conmemoración suya, por lo cual la Misa es al mismo tiempo sacrificio de alabanza, de acción de gracias, propiciatorio y satisfactorio

Los Salmos



alimentan y expresan la oración del pueblo de Dios como asamblea, con ocasión de las grandes fiestas en Jerusalén y los sábados en las sinagogas. Esta oración es indisociablemente individual y comunitaria; concierne a los que oran y a todos los hombres; brota de la Tierra santa y de las comunidades de la Diáspora, pero abarca a toda la creación; recuerda los acontecimientos salvadores del pasado y se extiende hasta la consumación de la historia; hace memoria de las promesas de Dios ya realizadas y espera al Mesías que les dará cumplimiento definitivo. Los Salmos, recitados por Cristo en su oración y que en Él encuentran su cumplimiento, continúan siendo esenciales en la oración de su Iglesia (cf Institución general de la Liturgia de las Horas, 100-109)

Oración

Por nuestros amigos argentinos, no pierdan la fe ni la esperanza

Evangelio

Aleluya, aleluya, aleluya.
Un día sagrado nos ha iluminado;
venid, naciones, y adorad al Señor,
porque hoy una gran luz ha bajado a la tierra.
Aleluya, aleluya, aleluya.
EVANGELIO
Lc 2, 36-40.

Hablaba del niño a todos los que aguardaban la liberación de Jerusalén.

Lectura del santo Evangelio según san Lucas.

EN aquel tiempo, había una profetisa, Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser, ya muy avanzada en años. De joven había vivido siete años casada, y luego viuda hasta los ochenta y cuatro; no se apartaba del templo, sirviendo a Dios con ayunos y oraciones noche y día. Presentándose en aquel momento, alababa también a Dios y hablaba del niño a todos los que aguardaban la liberación de Jerusalén.
Y, cuando cumplieron todo lo que prescribía la ley del Señor, Jesús y sus padres volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret. El niño, por su parte, iba creciendo y robusteciéndose, lleno de sabiduría; y la gracia de Dios estaba con él.

Palabra del Señor

Los Salmos, oración de la asamblea



Desde David hasta la venida del Mesías, las sagradas Escrituras contienen textos de oración que atestiguan el sentido profundo de la oración por sí mismo y por los demás (cf Esd 9, 6-15; Ne 1, 4-11; Jon 2, 3-10; Tb 3, 11-16; Jdt 9, 2-14). Los salmos fueron reunidos poco a poco en un conjunto de cinco libros: los Salmos (o “alabanzas”), son la obra maestra de la oración en el Antiguo Testamento

Oración

Santo, Santo, Santo es el Señor,
Dios del universo

Evangelio

Aleluya, aleluya, aleluya.
Luz para alumbrar a las naciones
y gloria de tu pueblo Israel.
Aleluya, aleluya, aleluya.
EVANGELIO
Lc 2,22-35.

Luz para alumbrar a las naciones.

Lectura del santo Evangelio según San Lucas.

CUANDO se cumplieron los días de la purificación, según la ley de Moisés, los padres de Jesús lo llevaron a Jerusalén para presentarlo al Señor, de acuerdo con lo escrito en la ley del Señor: «Todo varón primogénito será consagrado al Señor», y para entregar la oblación, como dice la ley del Señor: «un par de tórtolas o dos pichones.»
Había entonces en Jerusalén un hombre llamado Simeón, hombre justo y piadoso, que aguardaba el consuelo de Israel; y el Espíritu Santo estaba con él. Le había sido revelado por el Espíritu Santo que no vería la muerte antes de ver al Mesías del Señor. Impulsado por el Espíritu, fue al templo.
Y cuando entraban con el niño Jesús sus padres para cumplir con él lo acostumbrado según la ley, Simeón lo tomó en brazos y bendijo a Dios diciendo:
«Ahora, Señor, según tu promesa,
puedes dejar a tu siervo irse en paz.
Porque mis ojos “han visto a tu Salvador”,
a quien has presentado ante todos los pueblos:
“luz para alumbrar a las naciones”
y gloria de tu pueblo Israel».
Su padre y su madre estaban admirados por lo que se decía del niño. Simeón los bendijo, y dijo a María, su madre:
«Este ha sido puesto para que muchos en Israel caigan y se levanten; y será como un signo de contradicción —y a ti misma una espada te traspasará el alma—, para que se pongan de manifiesto los pensamientos de muchos corazones».

Palabra del Señor.