La idolatría no se refiere sólo a los cultos falsos del paganismo. Es una tentación constante de la fe. Consiste en divinizar lo que no es Dios. Hay idolatría desde el momento en que el hombre honra y reverencia a una criatura en lugar de Dios. Trátese de dioses o de demonios (por ejemplo, elSigue leyendo «El primer mandamiento y la idolatría»
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El primer mandamiento y la idolatría
El primer mandamiento condena el politeísmo. Exige al hombre no creer en otros dioses que el Dios verdadero. Y no venerar otras divinidades que al único Dios. La Escritura recuerda constantemente este rechazo de los “ídolos oro y plata, obra de las manos de los hombres”, que “tienen boca y no hablan, ojos y noSigue leyendo «El primer mandamiento y la idolatría»
CAIFÁS Y sus descendientes: ¿cristianos?
Mateo, al narrar la Pasión, dice que “Entonces se reunieron los jefes de los sacerdores y los ancianos del pueblo en el palacio del sumo sacerdote, que se llamaba Caifás” (Mt 26, 3). Lucas en cambio refiere “el pontificado de Anás y Caifás” (Lc 3, 2), tal vez debido a que Caifás era yerno deSigue leyendo «CAIFÁS Y sus descendientes: ¿cristianos?»
El primer mandamiento y la superstición
La superstición es la desviación del sentimiento religioso y de las prácticas que impone. Puede afectar también al culto que damos al verdadero Dios, por ejemplo, cuando se atribuye una importancia, de algún modo, mágica a ciertas prácticas, por otra parte, legítimas o necesarias. Atribuir su eficacia a la sola materialidad de las oraciones oSigue leyendo «El primer mandamiento y la superstición»
No habrá para ti otros dioses delante de mí
El primer mandamiento prohíbe honrar a dioses distintos del Único Señor que se ha revelado a su pueblo. Proscribe la superstición y la irreligión. La superstición representa en cierta manera una perversión, por exceso, de la religión. La irreligión es un vicio opuesto por defecto a la virtud de la religión.
Libertad religiosa
“En materia religiosa, ni se obligue a nadie a actuar contra su conciencia, ni se le impida que actúe conforme a ella, pública o privadamente, solo o asociado con otros, dentro de los debidos límites” (DH 2; cf GS 26). Este derecho se funda en la naturaleza misma de la persona humana, cuya dignidad leSigue leyendo «Libertad religiosa»
La entrega de las llaves del cielo
El deber de rendir a Dios un culto auténtico corresponde al hombre individual y socialmente considerado. Esa es “la doctrina tradicional católica sobre el deber moral de los hombres y de las sociedades respecto a la religión verdadera y a la única Iglesia de Cristo” (DH 1). Al evangelizar sin cesar a los hombres, laSigue leyendo «La entrega de las llaves del cielo»
El deber social de la religión y el derecho a la libertad religiosa
“Todos los hombres están obligados a buscar la verdad, sobre todo en lo que se refiere a Dios y a su Iglesia, y, una vez conocida, a abrazarla y practicarla” (DH 1). Este deber se desprende de “su misma naturaleza” (DH 2). No contradice al “respeto sincero” hacia las diversas religiones, que “no pocas vecesSigue leyendo «El deber social de la religión y el derecho a la libertad religiosa»
Promesas y votos
En varias circunstancias, el cristiano es llamado a hacer promesas a Dios. El Bautismo y la Confirmación, el Matrimonio y la Ordenación las exigen siempre. Por devoción personal, el cristiano puede también prometer a Dios un acto, una oración, una limosna, una peregrinación, etc. La fidelidad a las promesas hechas a Dios es una manifestaciónSigue leyendo «Promesas y votos»
El sacrificio
Es justo ofrecer a Dios sacrificios en señal de adoración y de gratitud, de súplica y de comunión: “Verdadero sacrificio es toda obra que se hace con el fin de unirnos a Dios en santa compañía, es decir, relacionada con el fin del bien, merced al cual podemos ser verdaderamente felices” (San Agustín, De civitateSigue leyendo «El sacrificio»