La democracia líquida como ideología



basal de la modernidad política está directamente ligada a batallas culturales reales. El elemento «pueblo», en su abstracción ideal, desencadena colisiones demasiado reales en los movimientos que procuran tornarlo concreto, lleno de sentido. Pero esta relación necesaria entre democracia y batalla cultural se profundiza todavía más cuando consideramos a aquella ya no por sus ideales, sino por lo que en la realidad es.

Uno de los más grandes desmitificadores de la democracia, en este sentido, fue Joseph Schumpeter. El austríaco no tuvo más que dejar que la observación empírica hiciera pedazos la idea de que el pueblo tiene un «bien común» que fuera por todos discernible y, con ello, desestimó la noción de una «voluntad del pueblo», pues esta depende de aquella. El grueso de la ciudadanía, guiada más que por otra cosa por intereses contrapuestos e imposibles de canalizar o encarnarse en el Estado (como ya habían descrito Marx y Simmel) e impulsos irracionales (como luego describirían Freud y Pareto), ni siquiera mantiene a decir verdad un mínimo de pensamiento crítico y autónomo para que sea digna de ser así considerada como volitiva en materia política.

¿Qué es entonces la «voluntad general» sino un «artefacto», es decir, un producto artificial? Enterrada la democracia como ideología, Schumpeter procura brindar una visión casi inversa, quizá hasta exagerada en su pragmatismo, pero mucho más ajustada a lo que realmente aquella es en la práctica. Y la define como «aquel sistema institucional, para llegar a las decisiones políticas, en el que los individuos adquieren el poder de decidir por medio de una lucha de competencia por el voto del pueblo».

Nada como «voluntad del pueblo» aparece aquí, sino sencillamente «voto del pueblo». ¿Quién es el pueblo? Los que votan a sus gobernantes. Nada más que eso. ¿Y quiénes sus gobernantes? Aquellos que ganaron la elección, porque pudieron y supieron hacer y decir («ofrecer», dice Schumpeter) lo que se esperaba de ellos en circunstancias determinadas. Los gobernantes son los victoriosos en la competencia por el favor del voto popular.

Schumpeter, Capitalismo, socialismo y democracia, p. 343

god is a woman



En la canción y el video musical «god is a woman», Dios es declarado mujer, mientras que la propia cantante pop Ariana Grande asume el papel de diosa. Esto solo es coherente con el espíritu de la época de la mujer pop todopoderosa que seduce y controla a sus hombres hasta que creen que Dios solo puede ser una mujer.

La afirmación de que Dios es una mujer también se impuso a los espectadores de «Germany’s next Topmodel». Durante el último episodio de 2019, una de las tres finalistas lució un vestido rojo brillante con la atrevida inscripción «Dios es una mujer».

La decisión de referirse a Dios como «Eso» en el futuro fue aprobada por el órgano decisorio de la Iglesia evangélica luterana de Suecia, compuesto por 251 miembros, a finales de 2017. El Padre Nuestro puede seguir diciendo «Padre». Por lo demás, el clero tiene instrucciones de utilizar únicamente términos neutros en cuanto al género al hablar de Dios en el culto. En lugar de «Señor» o «Él», es apropiado el término menos ambiguo «Dios» o «Eso». Referencia:

welt.de, Schwedische Protestanten machen Gott zum «Es», 24/11/2017

Según muchos críticos, se trata de satanismo puro. Y eso también es bastante lógico. Ya que, según el punto de vista cristiano, el hombre y su cuerpo son el producto de la creación, cualquier intento de destruirlos es contrario a la creación, es decir, satánico. En el cristianismo, el hombre y la mujer pertenecen al núcleo de la creación, como nos enseña una mirada a la Biblia: «Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó» (Reina Valera 1960, Génesis 1: 27). Por consiguiente, cualquier relativización del hombre y la mujer es una blasfemia. No solo porque Dios creó al hombre y a la mujer, sino también porque los creó «a imagen de Dios». En consecuencia, el hombre y la mujer están muy vinculados a Dios mismo. Muchos ni siquiera saben que con la idea de los «géneros sociales» ya han renunciado a Dios y a la Biblia y se adhieren al satanismo, al menos en la lógica de la religión. Porque según el dualismo religioso, quien rechaza a Dios está unido al diablo

Las raíces ocultas de la agenda de gènęrø: El plan maestro para una sociedad asêxû@da. Alejandro Kaiser

Oración

Oh Dios, que nos alegras en este día con la solemnidad anual de la Exaltación de la Santa Cruz: te pedimos nos concedas que merezcamos en el cielo el premio de la redención de aquel cuyo misterio hemos conocido en la tierra

Evangelio

San Juan 12:31-36
Ahora es el juicio de este mundo; ahora el Príncipe de este mundo será derribado. Y yo cuando sea elevado de la tierra, atraeré a todos hacia mí.» Decía esto para significar de qué muerte iba a morir. La gente le respondió: «Nosotros sabemos por la Ley que el Cristo permanece para siempre.¿Cómo dices tú que es preciso que el Hijo del hombre sea elevado? ¿Quién es ese Hijo del hombre?» Jesús les dijo: «Todavía, por un poco de tiempo, está la luz entre vosotros. Caminad mientras tenéis la luz, para que no os sorprendan las tinieblas; el que camina en tinieblas, no sabe a dónde va. Mientras tenéis la luz, creed en la luz, para que seáis hijos de luz.» Dicho esto, se marchó Jesús y se ocultó de ellos.

Palabra del Señor

Jesucristo, Verdad



causalidad ejemplar de Jesucristo

En su persona.
—Pie aquí cómo expresa esta idea sublime Dom Columba Marmion:

«La filiación divina de Cristo es el tipo de nuestra filiación sobrenatural; su condición, su «ser» de Hijo de Dios, es el ejemplar del estado en que la gracia santificante debe establecernos.

Cristo es Hijo de Dios por naturaleza y por derecho, en virtud de la unión del Verbo eterno con la naturaleza humana. Nosotros lo somos por adopción y por gracia, pero realísimamente y con un título muy verdadero. Cristo tiene, además, la gracia santificante; la posee plenamente; a nosotros sólo fluye algo de esa plenitud con menor o mayor abundancia, pero en su substancia es la misma gracia la que llena el alma creada de Jesús y la que nos deifica a nosotros.

Santo Tomás dice que nuestra filiación divina es una semejanza de la filiación eterna: quaedam similitudo filiationis aeternae

TEOLOGÍA DE LA PERFECCIÓN CRISTIANA POR EL RVDO. P. FR. ANTONIO ROYO MARÍN, O. P

El género humano raciocina, inventa, progresa, habla (ama)



– El hombre analiza, compara, juzga sus ideas, y de los principios y axiomas que conoce, deduce consecuencias. Calcula, se da cuenta de las cosas; sabe lo que hace y por qué lo hace. Descubre las leyes y las fuerzas ocultas de la naturaleza, y sabe utilizarlas para invenciones maravillosas. Por su facultad de raciocinar, inventa las ciencias, las artes, las industrias, y todos los días descubre algo admirable.

El animal no raciocina, no calcula, no tiene conciencia de sus acciones, se guía solo por el instinto. Jamás aprenderá ni la escritura, ni el cálculo, ni la historia, ni la geografía, ni las ciencias, ni las artes, ni siquiera el alfabeto.

Nada inventa, ni hace progreso alguno: los pájaros construyen su nido hoy como al siguiente día de haber sido creados. No cabe la menor duda de que el hombre, valiéndose de los sentidos, de la memoria y de la imaginación sensible del animal, puede llegar a corregirlo de ciertos defectos y hacerle aprender algunas habilidades; pero por sí mismo el animal es incapaz de progreso.

El hombre puede amaestrarlo, pero él de suyo no tiene iniciativa.

R. P. Hillaire, la religión demostrada LOS FUNDAMENTOS DE LA FE CATÓLICA ANTE LA RAZÓN Y LA CIENCIA

Christus vincit! Christus regnat! Christus imperat!



Vista de la ciudad de Antigua y el volcán de Agua desde el Cerro de la Cruz o cerro del Manchen (Sacatepéquez, Guatemala)

SEMINA VERBI EN LAS APOLOGÍAS DE SAN JUSTINO



APOLOGÍA I, 44-46

PLATÓN DEPENDE DE MOISÉS

44. Esta doctrina nos la ha enseñado el Espíritu profético, que por medio de Moisés nos atestigua haber dicho Dios al primer hombre, al que había creado, de esta manera: Mira que ante tu faz esta el bien y el mal: escoge el bien 2. Y a su vez, por Isaías, otro de los profetas, sabemos fue dicho en persona de Dios, Padre y Soberano del Universo, a este mismo propósito: 3. Lavaos, volveos limpios, quitad la maldad de vuestras almas. Aprended a obrar el bien, juzgad al huérfano, haced justicia a la viuda, y entonces venid y conversemos, dice el Señor. Aun cuando vuestros pecados fueren como la purpura, como lana los dejare blancos; aun cuando fueren como escarlata, como nieve los blanqueare. 4. Y si quisiereis y me escuchareis, comeréis los bienes de la tierra; mas si no me escuchareis, la espada os devorara. Porque la boca del Señor ha hablado esto. 5. La anterior expresión: «La espada os devorara», no quiere decir que hayan de ser pasados a filo de espada los que desobedecieren, sino que por «la espada» hay que entender el fuego, cuya presa son los que han escogido practicar el mal. 6. Por eso dice: La espada os devorará, porque la boca del Señor ha hablado. 7. Porque si hubiera hablado de la espada que corta y al instante se separa, no hubiera dicho «devorara». 8. De suerte que Platón mismo, al decir: «La culpa es de quien elige, Dios no tiene culpa» lo dijo por haberlo tornado del profeta Moisés, pues es de saber que este es más antiguo que todos los escritores griegos. 9. Y, en general, cuanto filósofos y poetas dijeron acerca de la inmortalidad del alma y de la contemplación de las cosas celestes, de los profetas tomaron ocasión no solo, para poderlo entender, sino también para expresarlo. 10. De ahí que parezca haber en todos, unos como gérmenes de verdad; sin embargo, se demuestra no haberlo entendido exactamente por el hecho de que se contradicen unos a otros. 11. En conclusión, si decimos ,que los acontecimientos futuros han sido profetizados, no por eso afirmamos que sucedan por necesidad del destino; lo que afirmamos es que Dios conoce de antemano cuanto ha de ser hecho por todos los hombres, es decreto suyo recompensar a cada uno según el merito de sus obras, y por ello justamente predice por medio del Espíritu profético lo que a cada uno ha de venir de parte de Él, conforme a lo que sus obras merezcan: con lo que constantemente conduce al género humano a la reflexión y al recuerdo, demostrándole que tiene cuidado y providencia de los hombres. 12. Sin embargo, por la acción de los malvados demonios, se decretó pena de muerte contra quienes lean los libros de Histaspes, de la Sibila y de los profetas, a fin de apartar, por el terror, a los hombres de alcanzar, leyéndolos, conocimiento del bien, y retenerlos ellos como esclavos suyos; cosa que, en definitiva, no pudieron conseguir los demonios. 13. Porque no solo los leemos intrépidamente nosotros, sino, que, como veis, os los ofrecemos para que los examinéis vosotros, seguros como estamos que han de aparecer gratos a todos. Y aun cuando solo a unos pocos logremos persuadir, nuestra ganancia será muy grande, pues recibiremos del amo, como buenos agricultores, nuestro galardón

Necesidad de la meditación y de las prácticas de piedad


Si la piedad privada e interna de los individuos descuidase el augusto sacrificio del altar y los sacramentos, y se sustrajese al influjo salvador que emana de la Cabeza en los miembros, sería, sin duda alguna, cosa reprobable y estéril; pero cuando todos los métodos y ejercicios de piedad, no estrictamente litúrgicos, fijan la mirada del alma en los actos humanos únicamente para enderezarlos al Padre, que está en los cielos, para estimular saludablemente a los hombres a la penitencia y al temor de Dios, y arrancándolos de los atractivos del mundo y de los vicios, conducirlos felizmente por el arduo camino a la cumbre de la santidad, entonces son no sólo sumamente loables, sino hasta necesarios, porque descubren los peligros de la vida espiritual, nos espolean a la adquisición de las virtudes y aumentan el fervor con que debemos dedicarnos todos al servicio de Jesucristo.

La genuina piedad, que el Angélico llama «devoción» y que es el acto principal de la virtud de la religión —con el cual los hombres se ordenan rectamente y se dirigen convenientemente hacia Dios, y gustosa y espontáneamente se consagran a cuanto se refiere al culto divino[33]—, tiene necesidad de la meditación de las realidades sobrenaturales y de las prácticas de piedad, para alimentarse, estimularse y vigorizarse, y para animarnos a la perfección. Porque la religión, cristiana, debidamente practicada, requiere sobre todo que la voluntad se consagre a Dios e influya en las otras facultades del alma. Pero todo acto de la voluntad presupone el ejercicio de la inteligencia, y, antes de que se conciba el deseo y el propósito de darse a Dios por medio del sacrificio, es absolutamente indispensable el conocimiento de los argumentos y de los motivos que hacen necesaria la religión, como, por ejemplo, el fin último del hombre y la grandeza de la divina Majestad, el deber de la sujeción al Creador, los tesoros inagotables del amor con que El quiso enriquecernos, la necesidad de la gracia para llegar a la nieta señalada y el camino particular que la divina Providencia nos ha preparado, uniéndonos a todos, como miembros de un Cuerpo, con Jesucristo Cabeza. Y, puesto que no siempre los motivos del amor hacen mella en el alma agitada por las pasiones, es muy oportuno que nos impresione también la saludable consideración de la divina justicia para reducirnos a la humildad cristiana, a la penitencia y a la enmienda

CARTA ENCÍCLICA MEDIATOR DEI DEL SUMO PONTÍFICE PÍO XII SOBRE LA SAGRADA LITURGIA

En el obscuro Medievo



En la pintura, una vez más, nos vemos obligados a citar las grandes obras que aun permanecen y que nos siguen asombrando, de las cuales no siempre han quedado los nombres de sus autores, pero toda iglesia europea (cristiandad) de aquella época es testigo de lo que decimos. Sin embargo hay algunos nombres que permiten mostrar el “barbarismo” medieval

Nicolas Froment (Uzès, h. 1435 – Aviñón, h. 1486) fue un pintor francés representante de la segunda escuela de Aviñón, influida por el estilo flamenco que caracteriza la última fase de la pintura gótica

Tríptico de la zarza ardiendo Catedral de St. Sauveur, Aix-en-Provence