Oración

Señor, ábreme los labios.
Y mi boca proclamará tu alabanza

Evangelio

Aleluya, aleluya, aleluya.
Dios nos llamó por medio del Evangelio
para que lleguemos a adquirir la gloria de nuestro Señor Jesucristo.
Aleluya, aleluya, aleluya.

EVANGELIO
Lc 18, 1-8.

Dios hará justicia a sus elegidos que claman ante él.

Lectura del santo Evangelio según san Lucas.

EN aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos una parábola para enseñarles que es necesario orar siempre, sin desfallecer.
«Había un juez en una ciudad que ni temía a Dios ni le importaban los hombres.
En aquella ciudad había una viuda que solía ir a decirle:
“Hazme justicia frente a mi adversario”.
Por algún tiempo se estuvo negando, pero después se dijo a sí mismo:
“Aunque ni temo a Dios ni me importan los hombres, como esta viuda me está molestando, le voy a hacer justicia, no sea que siga viniendo a cada momento a importunarme”».
Y el Señor añadió:
«Fijaos en lo que dice el juez injusto; pues Dios, ¿no hará justicia a sus elegidos que claman ante él día y noche?; ¿o les dará largas? Os digo que les hará justicia sin tardar. Pero, cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontrará esta fe en la tierra?».

Palabra del Señor

El desorden de la concupiscencia



El apetito sensible nos impulsa a desear las cosas agradables que no poseemos. Así, desear comer cuando se tiene hambre, o calentarse cuando se tiene frío. Estos deseos son buenos en sí mismos; pero con frecuencia no guardan la medida de la razón y nos empujan a codiciar injustamente lo que no es nuestro y pertenece o es debido a otra persona

El décimo mandamiento prohíbe la avaricia y el deseo de una apropiación inmoderada de los bienes terrenos. Prohíbe el deseo desordenado nacido de la pasión inmoderada de las riquezas y de su poder. Prohíbe también el deseo de cometer una injusticia mediante la cual se dañaría al prójimo en sus bienes temporales:

«Cuando la Ley nos dice: No codiciarás, nos dice, en otros términos, que apartemos nuestros deseos de todo lo que no nos pertenece. Porque la sed codiciosa de los bienes del prójimo es inmensa, infinita y jamás saciada, como está escrito: El ojo del avaro no se satisface con su suerte (Qo 14, 9)» (Catecismo Romano, 3, 10, 13).

Oración

Sed fuertes y manteneos firmes en la ley, que ella os cubrirá de esplendor

Evangelio

Aleluya, aleluya, aleluya.
Levantaos, alzad la cabeza:
se acerca vuestra liberación.
Aleluya, aleluya, aleluya.

EVANGELIO
Lc 17, 26-37.

El día en que se revele el Hijo del Hombre.

Lectura del santo Evangelio según san Lucas.

EN aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Como sucedió en los días de Noé, así será también en los días del Hijo del hombre: comían, bebían, se casaban los hombres y las mujeres tomaban esposo, hasta el día en que Noé entró en el arca; entonces llegó el diluvio y acabó con todos.
Asimismo, como sucedió en los días de Lot: comían, bebían, compraban, vendían, sembraban, construían; pero el día que Lot salió de Sodoma, llovió fuego y azufre del cielo y acabó con todos.
Así sucederá el día que se revele el Hijo del hombre.
Aquel día, el que esté en la azotea y tenga sus cosas en casa no baje a recogerlas; igualmente, el que esté en el campo, no vuelva atrás.
Acordaos de la mujer de Lot.
El que pretenda guardar su vida, la perderá; y el que la pierda, la recobrará.
Os digo que aquella noche estarán dos juntos: a uno se lo llevarán y al otro lo dejarán; estarán dos moliendo juntas: a una se la llevarán y a la otra la dejarán».
Ellos le preguntaron:
«¿Dónde, Señor?».
Él les dijo:
«Donde está el cadáver, allí se reunirán los buitres».

Palabra del Señor

AMARÁS A TU PRÓJIMO COMO A TI MISMO

Décimo mantenimiento de la ley del Dios

AMARÁS A TU PRÓJIMO COMO A TI MISMO

No codiciarás nada que sea de tu prójimo» (Ex 20, 17)
No desearás su casa, su campo, su siervo o su sierva, su buey o su asno: nada que sea de tu prójimo (Dt 5, 21)
«Donde esté tu tesoro, allí estará también tu corazón (Mt 6, 21)

El décimo mandamiento desdobla y completa el noveno, que versa sobre la concupiscencia de la carne. Prohíbe la codicia del bien ajeno, raíz del robo, de la rapiña y del fraude, prohibidos por el séptimo mandamiento. La “concupiscencia de los ojos” (cf 1 Jn 2, 16) lleva a la violencia y la injusticia prohibidas por el quinto precepto (cf Mi 2, 2). La codicia tiene su origen, como la fornicación, en la idolatría condenada en las tres primeras prescripciones de la ley (cf Sb 14, 12). El décimo mandamiento se refiere a la intención del corazón; resume, con el noveno, todos los preceptos de la Ley.

Oración

No apartará el Señor su rostro de vosotros, si os convertís a él

Evangelio

Aleluya, aleluya, aleluya.
Yo soy la vid, vosotros los sarmientos —dice el Señor—;
el que permanece en mí y yo en él, ése da fruto abundante.
Aleluya, aleluya, aleluya.

EVANGELIO
Lc 17, 20-25.

El reino de Dios está en medio de vosotros.

Lectura del santo evangelio según san Lucas.

EN aquel tiempo, los fariseos preguntaron a Jesús:
«¿Cuándo va a llegar el reino de Dios?».
Él les contestó:
«El reino de Dios no viene aparatosamente, ni dirán: “Está aquí”
o «“Está allí”, porque, mirad, el reino de Dios está en medio de vosotros».
Dijo a sus discípulos:
«Vendrán días en que desearéis ver un solo día del Hijo del hombre, y no lo veréis.
Entonces se os dirá: “Está aquí” o “Está allí”; no vayáis ni corráis detrás, pues como el fulgor del relámpago brilla de un extremo al otro del cielo, así será el Hijo del hombre en su día.
Pero primero es necesario que padezca mucho y sea reprobado por esta generación».

Palabra del señor

Templanza


No te creas más de lo que eres. Más bien acepta que es mucho lo que ignoras todavía

No te inmagines que sabes y vales más que los demás. Recuerda que hay muchos que saben muchísimo más que tú, y que son más especializados en conocer la Ley de Dios

No os estiméis en más de lo que conviene. Tened más bien mucha sobriedad en estimarse cada uno a sí mismo. No tengáis gusto en la altivez y el desprecio hacia los otros. No os enorgullezcáis en vuestra propia sabiduría. Estimad a los demás como superiores a vosotros (Romanos 2)

Sobre el juicio



Este juicio tendrá varias características importantes:

Sucederá en la segunda venida gloriosa de Cristo; al respecto, nadie sabe ni el día ni la hora.

Se dará allí la resurrección de la carne: los santos recobrarán un cuerpo bendito y los condenados un cuerpo maldito.

Estará presente allí, toda la humanidad, desde Adán y Eva hasta el último hombre creado. Ante todos ellos se proyectará la película de nuestra vida. Así los condenados sabrán que se condenaron por soberbia, por no haber hecho un simple acto de arrepentimiento, sabrán que muchos de los bienaventurados pudieron haber cometido pecados peores que los suyos, pero con la diferencia de haber acogido la misericordia de Dios.

Dice San Bernardo[5] que será el día de la vergüenza universal, pues quedarán al descubierto las conciencias y los corazones de todos los hombres, y serán contemplados por toda la humanidad. Si sentíamos vergüenza para ir a confesar nuestros pecados ante un sacerdote en la confesión, qué diremos de ese día en el que ya no sólo un hombre sino toda la humanidad conocerá nuestras miserias.

“Desde la profundidad del corazón surge la pregunta que el joven rico dirige a Jesús de Nazaret: una pregunta esencial e ineludible para la vida de todo hombre, pues se refiere al bien moral que hay que practicar y a la vida eterna. El interlocutor de Jesús intuye que hay una conexión entre el bien moral y el pleno cumplimiento del propio destino”[6]; es decir, para heredar la vida eterna es necesario cumplir los mandamientos