Mes: enero 2020

María


Entre las pocas frases que profirió desde la cruz estuvo la que dirigió a su madre. Se volvió a ella y le dijo: “Mujer, ahí tienes a tu hijo!”, señalando de alguna manera al discípulo amado, que estaba allí cerca. Luego se volvió a Juan y le dijo, !Ahí tienes a tu madre”! “Y desde aquella hora”, narra el Evangelio, “el discípulo la recibió en su casa” (Juan 19,27)
Debemos fijarnos, con detalle, en esa escena, porque forma parte de las últimas instrucciones que da Jesús antes de su muerte. En cierto sentido, se puede decir que era su último deseo, su testamento. Junto a la cruz, Juan aparece como una figura representativa, porque todos, de alguna manera, somos el “discípulo amado” de Jesús. Por eso, quizá, Juan no menciona su nombre propio en el evangelio que escribió. Quiso que cada uno de nosotros, en su lugar, camináramos con Jesús como el discípulo amado.
Y así, cuando Juan recibió a María por madre, la recibió como madre nuestra. La cruz es un momento decisivo para nosotros. Marca nuestra incorporaciń a la familia de Dios. Por la cruz, compartimos la vida de Jesús. Somos sus hermanos. Compartimos su casa en el cielo. Y compartimos a su Padre Dios!
Y así todos nosotros, todos sus “discípulos amados”, compartimos también a su madre. En el mismo momento en que Cristo es nuestro hermano, su Padre es nuestro Padre; su casa en nuestra casa; y su madre es nuestra madre. Y esa es la perspectiva según la cual nos ponemos delante de ella en la oración de intercesión”

Castidad y homosexualidad

La homosexualidad designa las relaciones entre hombres o mujeres que experimentan una atracción sexual, exclusiva o predominante, hacia personas del mismo sexo. Reviste formas muy variadas a través de los siglos y las culturas. Su origen psíquico permanece en gran medida inexplicado. Apoyándose en la Sagrada Escritura que los presenta como depravaciones graves (cf Gn 19, 1-29; Rm 1, 24-27; 1 Co 6, 10; 1 Tm 1, 10), la Tradición ha declarado siempre que “los actos homosexuales son intrínsecamente desordenados” (Congregación para la Doctrina de la Fe, Decl. Persona humana, 8). Son contrarios a la ley natural. Cierran el acto sexual al don de la vida. No proceden de una verdadera complementariedad afectiva y sexual.

No pueden recibir aprobación en ningún caso.Un número apreciable de hombres y mujeres presentan tendencias homosexuales profundamente arraigadas. Esta inclinación, objetivamente desordenada, constituye para la mayoría de ellos una auténtica prueba. Deben ser acogidos con respeto, compasión y delicadeza. Se evitará, respecto a ellos, todo signo de discriminación injusta. Estas personas están llamadas a realizar la voluntad de Dios en su vida, y, si son cristianas, a unir al sacrificio de la cruz del Señor las dificultades que pueden encontrar a causa de su condición.

Las personas homosexuales están llamadas a la castidad. Mediante virtudes de dominio de sí mismo que eduquen la libertad interior, y a veces mediante el apoyo de una amistad desinteresada, de la oración y la gracia sacramental, pueden y deben acercarse gradual y resueltamente a la perfección cristiana

Ser Santo

“Todos los fieles, de cualquier estado o régimen de vida, son llamados a la plenitud de la vida cristiana y a la perfección de la caridad” (LG 40).

Todos son llamados a la santidad: “Sed perfectos como vuestro Padre celestial es perfecto” (Mt 5, 48): «Para alcanzar esta perfección, los creyentes han de emplear sus fuerzas, según la medida del don de Cristo [] para entregarse totalmente a la gloria de Dios y al servicio del prójimo.

Lo harán siguiendo las huellas de Cristo, haciéndose conformes a su imagen y siendo obedientes en todo a la voluntad del Padre. De esta manera, la santidad del Pueblo de Dios producirá frutos abundantes, como lo muestra claramente en la historia de la Iglesia la vida de los santos» (LG 40)

Ser Santo

“Todos los fieles, de cualquier estado o régimen de vida, son llamados a la plenitud de la vida cristiana y a la perfección de la caridad” (LG 40).

Todos son llamados a la santidad: “Sed perfectos como vuestro Padre celestial es perfecto” (Mt 5, 48): «Para alcanzar esta perfección, los creyentes han de emplear sus fuerzas, según la medida del don de Cristo [] para entregarse totalmente a la gloria de Dios y al servicio del prójimo.

Lo harán siguiendo las huellas de Cristo, haciéndose conformes a su imagen y siendo obedientes en todo a la voluntad del Padre. De esta manera, la santidad del Pueblo de Dios producirá frutos abundantes, como lo muestra claramente en la historia de la Iglesia la vida de los santos» (LG 40)

Ser Santo

“Todos los fieles, de cualquier estado o régimen de vida, son llamados a la plenitud de la vida cristiana y a la perfección de la caridad” (LG 40).

Todos son llamados a la santidad: “Sed perfectos como vuestro Padre celestial es perfecto” (Mt 5, 48): «Para alcanzar esta perfección, los creyentes han de emplear sus fuerzas, según la medida del don de Cristo [] para entregarse totalmente a la gloria de Dios y al servicio del prójimo.

Lo harán siguiendo las huellas de Cristo, haciéndose conformes a su imagen y siendo obedientes en todo a la voluntad del Padre. De esta manera, la santidad del Pueblo de Dios producirá frutos abundantes, como lo muestra claramente en la historia de la Iglesia la vida de los santos» (LG 40)

Ser Santo

“Todos los fieles, de cualquier estado o régimen de vida, son llamados a la plenitud de la vida cristiana y a la perfección de la caridad” (LG 40).

Todos son llamados a la santidad: “Sed perfectos como vuestro Padre celestial es perfecto” (Mt 5, 48): «Para alcanzar esta perfección, los creyentes han de emplear sus fuerzas, según la medida del don de Cristo [] para entregarse totalmente a la gloria de Dios y al servicio del prójimo.

Lo harán siguiendo las huellas de Cristo, haciéndose conformes a su imagen y siendo obedientes en todo a la voluntad del Padre. De esta manera, la santidad del Pueblo de Dios producirá frutos abundantes, como lo muestra claramente en la historia de la Iglesia la vida de los santos» (LG 40)

Ser Santo

“Todos los fieles, de cualquier estado o régimen de vida, son llamados a la plenitud de la vida cristiana y a la perfección de la caridad” (LG 40).

Todos son llamados a la santidad: “Sed perfectos como vuestro Padre celestial es perfecto” (Mt 5, 48): «Para alcanzar esta perfección, los creyentes han de emplear sus fuerzas, según la medida del don de Cristo [] para entregarse totalmente a la gloria de Dios y al servicio del prójimo.

Lo harán siguiendo las huellas de Cristo, haciéndose conformes a su imagen y siendo obedientes en todo a la voluntad del Padre. De esta manera, la santidad del Pueblo de Dios producirá frutos abundantes, como lo muestra claramente en la historia de la Iglesia la vida de los santos» (LG 40)