Que de tal manera luzca ante los demás la luz de vuestro buen ejemplo que los demás al ver vuestras obras glorifiquen al Padre Celestial (Mateo 5) Procura tu, ser modelo para los fieles en la palabra, en el comportamiento, en la caridad, en la fe y en la pureza (1 Timoteo 4,12)
aunque todos los súbditos en los dominios del rey le obedezcan, apostatando de la religión de sus padres, y aunque prefieran cumplir sus órdenes, yo, mis hijos y mis parientes viviremos según la alianza de nuestros padres. El cielo nos libre de abandonar la ley y nuestras costumbres. No obedeceremos las órdenes del rey, desviándonos de nuestra religión a derecha ni a izquierda» macabeos 2, 15
Jesús se retira con frecuencia a un lugar apartado, en la soledad, en la montaña, con preferencia durante la noche, para orar (cf Mc 1, 35; 6, 46; Lc 5, 16). Lleva a los hombres en su oración, ya que también asume la humanidad en la Encarnación, y los ofrece al Padre, ofreciéndose a sí mismo. Él, el Verbo que ha “asumido la carne”, comparte en su oración humana todo lo que viven “sus hermanos” (Hb 2, 12); comparte sus debilidades para librarlos de ellas (cf Hb 2, 15; 4, 15). Para eso le ha enviado el Padre. Sus palabras y sus obras aparecen entonces como la manifestación visible de su oración “en lo secreto»
San Lucas 4:14-22 Jesús volvió a Galilea por la fuerza del Espíritu y su fama se extendió por toda la región. Iba enseñando en sus sinagogas, alabado por todos. Vino a Nazará, donde se había criado, entró, según su costumbre, en la sinagoga el día de sábado, y se levantó para hacer la lectura. Le entregaron el volumen del profeta Isaías, desenrolló el volumen y halló el pasaje donde estaba escrito: El Espíritu del Señor sobre mí, porque me ha ungido para anunciar a los pobres la Buena Nueva, me ha enviado a proclamar la liberación a los cautivos y la vista a los ciegos, para dar la libertad a los oprimidos y proclamar un año de gracia del Señor. Enrolló el volumen, lo devolvió al ministro y se sentó. En la sinagoga todos los ojos estaban fijos en él. Comenzó, pues, a decirles: «Esta Escritura que acabáis de oír se ha cumplido hoy.» Y todos daban testimonio de él y estaban admirados de las palabras llenas de gracia que salían de su boca. Y decían: «¿Acaso no es éste el hijo de José?»
No es así. Jesús también se enfrentó a la corrupción religiosa de su época; pero siempre afirmó la autoridad, recibida de Dios, en materia de doctrina y práctica religiosa: «En la cátedra de Moisés se han sentado los escribas y fariseos. Haced y cumplido todo cuanto os digan; pero no obréis como ellos, pues dicen pero no hacen (Mateo 23, 2-3). Caifás, el malvado sumo sacerdote, proclamo una profecía infalible incluso cuando tramaba el asesinato de Jesús (Juan 11, 49-51). Nos tranquilizará saber que, en dos mil años, muy pocos papas abusaron de su poder (de los 266 hombres que han accedido a este cargo hubo un puñado de canallas), y Dios nunca permitió que, ni siquiera los más indignos, enseñaran algún error en materia de fe y moral La tranquilidad y la paz vendrá de los hijos de Dios, que de Dios reciben la paz como premio al cumplir los deseos de la voluntad del Padre y la escucha atenta a la palabra de Dios cuando él indica en Mateo 16:18 Y yo a mi vez te digo que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella.
No descubras tu corazón a cualquiera. Trata tus asuntos con personas prudentes y temerosas de Dios. «Quien se aconseja con los sabios, llegará a ser sabio» (Proverbios 12) Cuidado al tratar con jóvenes o extraños. No adules a los ricos ni andes visitando poderosos. Busca la compañía de personas sensibles y humildes, de piadosas y virtuosas y con ellos procura hablar de temas edificantes. No tengas familiaridad con ninguna mujer (si eres casado) Pero encomienda a Dios a Todas, especialmente a las que son piadosas. No pretendas gozar de otra familiaridad que la de Dios y de sus ángeles y santos. Huye de estar charlando con gente mundana. «La amistad con lo mundano es enemistad con Dios (Santiago 4, 4). Que tu amistad sea gente piadosa y tú conversación toda según la Ley de Dios (Eclesiástico)
Estando Jesús orando en cierto lugar, cuando terminó, le dijo uno de sus discípulos: “Maestro, enséñanos a orar”» (Lc 11, 1) ¿No es acaso, al contemplar a su Maestro en oración, cuando el discípulo de Cristo desea orar? Entonces, puede aprender del Maestro de oración. Contemplando y escuchando al Hijo, los hijos aprenden a orar al Padre.
Señor, tú que manifestaste a tu Hijo en este día a todas las naciones por medio de una estrella, concédenos, a los que ya te conocemos por la fe, llegar a contemplar, cara a cara, la hermosura infinita de tu gloria. Por nuestro Señor Jesucristo.