Un cierto parecido



Evangelio según san Mateo, 5: 43- 48 «Habéis oído que fue dicho: Amarás a tu prójimo, y aborrecerás a tu enemigo. Mas yo os digo: Amad a vuestros enemigos; haced bien a los que os aborrecen. Y rogad por los que os persiguen y os calumnian: Para que seáis hijos de vuestro Padre, que está en los cielos. El cual hace nacer su sol sobre buenos y malos: y llueve sobre justos y pecadores. Porque si amáis a los que os aman, ¿qué recompensa tendréis? ¿No hacen también lo mismo los publicanos? Y si saludarais solamente a vuestros hermanos, ¿qué hacéis de más? ¿No hacen esto mismo los gentiles? Sed, pues, perfectos, así como vuestro Padre celestial es perfecto». (vv. 43- 48)

Así como los hijos carnales se parecen a sus padres en algún signo del cuerpo, así los hijos espirituales se parecen a Dios en la santidad

Pseudo- Crisóstomo, opus imperfectum in Matthaeum, hom. 13

La Sociedad de Masas y el Poder



El poder sirve para imponer una voluntad. El contenido de la voluntad que impone el poder ha de entenderse en un sentido amplio: desde un curso de acción determinado hasta una forma concreta de pensar. A puede querer que B haga C; A puede querer que B piense D; A puede querer que B perciba E, etcétera. Así, A tiene poder sobre B no solamente si en virtud del ejercicio del poder logra que B haga determinada cosa, sino también que piense, que perciba, que pondere, que crea, que se emocione de determinada manera, esto es, que adopte determinados valores, creencias, costumbres, principios, preferencias, normas. De todas maneras, la eventual acción de B podrá quedar así atravesada por ese pensar, percibir, etcétera. Si esto es así, se advierte entonces que el poder no puede ser reducido a la mera coacción o amenaza de coacción. Que el poder sea irreductible a sus funciones negativas quiere decir que el poder no solo sabe decir «no», sino también «sí».

El poder reviste, además, y por ello mismo, una dimensión positiva; una dimensión en la que no necesariamente reprime, sino más bien produce: produce realidades y subjetividades. Esto fue estudiado especialmente por Michel Foucault, sobre todo en su etapa genealógica: Hay que dejar de describir siempre los efectos del poder en términos negativos: «excluye», «reprime», «rechaza», «censura», «abstrae», «disimula», «oculta». De hecho, el poder produce; produce realidad; produce ámbitos de objetos y rituales de verdad. El individuo y el conocimiento que de él se puede obtener corresponden a esta producción

Michel Foucault, Vigilar y castigar (México D. F.: Siglo XXI, 2016), p. 225.

El testimonio de las apariciones:



La hipótesis de la resurrección es la que mejor se corresponde con el testimonio de las apariciones. Y es que, como dice Luke Johnson, “se necesita algún tipo de experiencia poderosa y transformadora para generar la clase de movimiento que fue el Cristianismo”. Ahora bien, ¿qué experiencia más poderosa y transformadora habría que una experiencia real de Cristo resucitado? Pensemos solamente en el caso del apóstol Pablo. Está históricamente establecido que, como Saulo de Tarso, él era un judío fanático perseguidor de cristianos. De hecho, era el primer interesado en que los maten. De otro lado, también está históricamente establecido que él se convirtió en el San Pablo de la tradición cristiana y viajó por todo el mundo hasta entonces conocido para predicar a Jesucristo resucitado. De hecho, como el más activista de los apóstoles en predicar la resurrección, era el primero en estar dispuesto a que lo maten. Esto es lo que establece la historia. Ahora bien, ¿cuál es la mejor explicación de este cambio? Pues, al parecer, la que dio el mismo apóstol Pablo: ¡que había visto realmente a Jesucristo resucitado!

La creencia de los discípulos originales: La resurrección de Cristo es la mejor explicación de por qué los primeros discípulos terminaron creyendo en la misma a pesar de que tenían toda la disposición en contrario. Más aún: su convicción se hizo tan fuerte que incluso estaban dispuestos a morir por ella.

De ahí que el eminente erudito británico N. T. Wright, luego de estudiar detalladamente el problema de la creencia cristiana en la resurrección, concluya: “Por eso, como historiador, no puedo explicar el surgimiento del Cristianismo primitivo a menos que Jesús se haya levantado nuevamente, dejando la tumba vacía detrás de Él”. Por tanto, tenemos que, una vez que uno deja de lado sus prejuicios en contra del Cristianismo, no hay mayor motivo para no aceptar a la resurrección de Cristo como la mejor explicación de los hechos y, en consecuencia, para postularla como razonablemente probada.

Luke I1mothy Johnson, lhe Real Jesus, Ed Harper, San Francisco, 1996, p. 136

la conversión de Saulo (Hechos 9:1-22) y el
testimonio del mismo San Pablo (1 Corintios 15:1-11).

N.T. Wright, «The new unimproved Jesus Christianity Today, September 13,1993

En el obscuro Medievo



En la pintura, una vez más, nos vemos obligados a citar las grandes obras que aun permanecen y que nos siguen asombrando, de las cuales no siempre han quedado los nombres de sus autores, pero toda iglesia europea (cristiandad) de aquella época es testigo de lo que decimos. Sin embargo hay algunos nombres que permiten mostrar el “barbarismo” medieval

Simone Martini (Siena, Italia h. 1284 – Aviñón, Francia h. 1344) fue hijo de un tal Martino del que solo se conoce que vivió en el barrio de San Egidio y que tuvo otro hijo que también fue pintor, Donato, además, el padre tuvo que confiarlos a Memmo di Filipuccio fue uno de los grandes pintores del Trecento en Italia. Fue una figura principal en el desarrollo de la primitiva pintura italiana e influyó fuertemente en el desarrollo del estilo gótico internacional. Se enmarca en la escuela sienesa, a la que pertenecieron también los grandes pintores Duccio di Buoninsegna, Lippo Memmi y los hermanos Pietro y Ambrogio Lorenzetti. Fue el más reputado maestro entre los pintores del Trecento en el dominio del color. Elementos esenciales de su estética son su gusto por la línea y la caligrafía admirable de los miniaturistas de la Escuela de miniaturistas de París.

Retablo de la Anunciación. Gabriel sostiene una rama de olivo en su mano, un símbolo tradicional de paz, mientras señala la paloma del Espíritu Santo con la otra.

Oración

Por esto te suplicamos socorras a tus siervos, a quienes con tu sangre preciosa redimiste

Evangelio

San Lucas 12:35-40
«Tened ceñida la cintura y las lámparas encendidas, y sed como hombres que esperan a que su señor vuelva de la boda, para que, en cuanto llegue y llame, al instante le abran. Dichosos los siervos a quienes el señor, al venir, encuentre despiertos: yo os aseguro que se ceñirá, los hará ponerse a la mesa y, yendo de uno a otro, les servirá. Que venga en la segunda vigilia o en la tercera, si los encuentra así, ¡dichosos ellos! Entendedlo bien: si el dueño de casa supiese a qué hora iba a venir el ladrón, no dejaría que le horadasen su casa. Estad también vosotros preparados, porque cuando menos lo penséis, vendrá el Hijo del hombre.»

Palabra del Señor

Oración

Dirige, Señor, nuestros corazones con la acción de tu misericordia; ya que sin tu ayuda no podemos complacerte

Evangelio

San Mateo 9:1-8
Subiendo a la barca, pasó a la otra orilla y vino a su ciudad. En esto le trajeron un paralítico postrado en una camilla. Viendo Jesús la fe de ellos, dijo al paralítico: «¡Ánimo!, hijo, tus pecados te son perdonados.» Pero he aquí que algunos escribas dijeron para sí: «Éste está blasfemando.» Jesús, conociendo sus pensamientos, dijo: «¿Por qué pensáis mal en vuestros corazones? ¿Qué es más fácil, decir: `Tus pecados te son perdonados’, o decir: `Levántate y anda’? Pues para que sepáis que el Hijo del hombre tiene en la tierra poder de perdonar pecados -dice entonces al paralítico-: `Levántate, toma tu camilla y vete a tu casa’.» Él se levantó y se fue a su casa. Y al ver esto, la gente temió y glorificó a Dios, que había dado tal poder a los hombres.

Palabra del Señor

Lo propio de la caridad




Evangelio según san Mateo, 5: 43- 48 «Habéis oído que fue dicho: Amarás a tu prójimo, y aborrecerás a tu enemigo. Mas yo os digo: Amad a vuestros enemigos; haced bien a los que os aborrecen. Y rogad por los que os persiguen y os calumnian: Para que seáis hijos de vuestro Padre, que está en los cielos. El cual hace nacer su sol sobre buenos y malos: y llueve sobre justos y pecadores. Porque si amáis a los que os aman, ¿qué recompensa tendréis? ¿No hacen también lo mismo los publicanos? Y si saludarais solamente a vuestros hermanos, ¿qué hacéis de más? ¿No hacen esto mismo los gentiles? Sed, pues, perfectos, así como vuestro Padre celestial es perfecto». (vv. 43- 48)

Amar al que nos ama es propio de la naturaleza humana, pero amar al enemigo es propio de la caridad. Por ello sigue: «Si amáis a aquellos que os aman, ¿qué premio recibiréis?» (esto es en el cielo), como si dijese: «Ningún premio» ( Mt 6,12 ): de esto, pues, se dice: «Ya habéis recibido vuestro premio». Sin embargo, conviene hacer estas cosas y no omitir aquéllas

Glosa

En el obscuro Medievo



En la pintura, una vez más, nos vemos obligados a citar las grandes obras que aun permanecen y que nos siguen asombrando, de las cuales no siempre han quedado los nombres de sus autores, pero toda iglesia europea (cristiandad) de aquella época es testigo de lo que decimos. Sin embargo hay algunos nombres que permiten mostrar el “barbarismo” medieval

Jean Malouel (Jan Maelwael) fue un pintor franco-flamenco nacido hacia 1370 en la provincia holandesa de Güeldres y fallecido en 1414-1415 en Dijon. Pertenece al estilo internacional dentro del gótico

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