El lenguaje sacrificial aparece también en los escritos de los discípulos de los apóstoles. El antiquísimo libro denominado la Didaché he utilización repetidamente el vocablo «sacrificio» para referirse a la Eucaristía: «Y en el día señalado del Señor os reunireis y partireis es el pan en acción de gracias, primero confesado vuestros pecados, para que vuestro sacrificio pueda ser puro. San Ignacio de Antioquia, que escribió pocos años después de la muerte de los apóstoles, habitualmente se refería a la Iglesia como el «lugar de los sacrificios» Didaché 14, 1Efesios 5, 2 A los de Tralles 7, 2 A los de Filadelfia 4 La de es razonable (Scott Hahn)
Pero ¿de qué aprovechará, venerables hermanos, que Nos expidamos mandatos y preceptos si no se observaren puntual y firmemente? Lo cual, para que felizmente suceda, conforme a nuestros deseos, nos ha parecido conveniente extender a todas las diócesis lo que hace muchos años decretaron prudentísimamente para las suyas los obispos de Umbría(31): «Para expulsar — decían — los errores ya esparcidos y para impedir que se divulguen más o que salgan todavía maestros de impiedad que perpetúen los perniciosos efectos que de aquella divulgación procedieron, el Santo Sínodo, siguiendo las huellas de San Carlos Borromeo, decreta que en cada diócesis se instituya un Consejo de varones probados de uno y otro clero, al cual pertenezca vigilar qué nuevos errores y con qué artificios se introduzcan o diseminen, y avisar de ello al obispo, para que, tomado consejo, ponga remedio con que este daño pueda sofocarse en su mismo principio, para que no se esparza más y más, con detrimento de las almas, o, lo que es peor, crezca de día en día y se confirme».Mandamos, pues, que este Consejo, que queremos se llame de Vigilancia, sea establecido cuanto antes en cada diócesis, y los varones que a él se llamen podrán elegirse del mismo o parecido modo al que fijamos arriba respecto de los censores. En meses alternos y en día prefijado se reunirán con el obispo y quedarán obligados a guardar secreto acerca de lo que allí se tratare o dispusiere.Por razón de su oficio tendrán las siguientes incumbencias: investigarán con vigilancia los indicios y huellas de modernismo, así en los libros como en las cátedras; prescribirán prudentemente, pero con prontitud y eficacia, lo que conduzca a la incolumidad del clero y de la juventud.Eviten la novedad de los vocablos, recordando los avisos de León XIII(32): «No puede aprobarse en los escritos de los católicos aquel modo de hablar que, siguiendo las malas novedades, parece ridiculizar la piedad de los fieles y anda proclamando un nuevo orden de vida cristiana, nuevos preceptos de la Iglesia, nuevas aspiraciones del espíritu moderno, nueva vocación social del clero, nueva civilización cristiana y otras muchas cosas por este estilo». Tales modos de hablar no se toleren ni en los libros ni en las lecciones.No descuiden aquellos libros en que se trata de algunas piadosas tradiciones locales o sagradas reliquias; ni permitan que tales cuestiones se traten en los periódicos o revistas destinados al fomento de la piedad, ni con palabras que huelan a desprecio o escarnio, ni con sentencia definitiva; principalmente, si, como suele acaecer, las cosas que se afirman no salen de los límites de la probabilidad o estriban en opiniones preconcebidas
CARTA ENCÍCLICAPASCENDIDEL SUMO PONTÍFICEPÍO XSOBRE LAS DOCTRINAS DE LOS MODERNISTAS
El hombre busca a Dios. Por la creación Dios llama a todo ser desde la nada a la existencia. Coronado de gloria y esplendor (Sal 8, 6), el hombre es, después de los ángeles, capaz de reconocer ¡qué glorioso es el Nombre del Señor por toda la tierra! (Sal 8, 2). Incluso después de haber perdido, por su pecado, su semejanza con Dios, el hombre sigue siendo imagen de su Creador. Conserva el deseo de Aquel que le llama a la existencia. Todas las religiones dan testimonio de esta búsqueda esencial de los hombres (cf Hch 17, 27).
Recibiste el oficio sacerdotal y, sentado a la popa de la Iglesia, gobiernas la nave contra el embate de las olas. Sujeta el timón de la fe, para que no te inquieten las violentas tempestades de este mundo. El mar es, sin duda, ancho y espacioso, pero no temas: Él la fundó sobre los mares, él la afianzó sobre los ríos. Por consiguiente, la Iglesia del Señor, edificada sobre la roca apostólica, se mantiene inconmovible entre los escollos del mundo y, apoyada en tan sólido fundamento, persevera firme contra los golpes de las olas bravías. Se ve rodeada por las olas, pero no resquebrajada, y, aunque muchas veces los elementos de este mundo la sacudan con gran estruendo, cuenta con el puerto segurísimo de la salvación para acoger a los fatigados navegantes. Sin embargo, aunque se agite en la mar, navega también por los ríos, tal vez aquellos ríos de los que afirma el salmo: Levantan los ríos su voz. Son los ríos que manarán de las entrañas de aquellos que beban la bebida de Cristo y reciban el Espíritu de Dios. Estos ríos, cuando rebosan de gracia espiritual, levantan su voz. Hay también una corriente viva que, como un torrente, corre por sus santos. Hay también el correr del río que alegra al alma tranquila y pacífica. Quien quiera que reciba de la plenitud de este río, como Juan Evangelista, Pedro o Pablo, levanta su voz; y, del mismo modo que los apóstoles difundieron hasta los últimos confines del orbe la voz de la predicación evangélica, también el que recibe este río comenzará a predicar el Evangelio del Señor Jesús. Recibe también tú de la plenitud de Cristo, para que tu voz resuene. Recoge el agua de Cristo, esa agua que alaba al Señor. Recoge el agua de los numerosos lugares en que la derraman esas nubes que son los profetas. Quien recoge el agua de los montes, o la saca de los manantiales, puede enviar su rocío como las nubes. Llena el seno de tu mente, para que tu tierra se esponje y tengas la fuente en tu propia casa. Quien mucho lee y entiende se llena, y quien está lleno puede regar a los demás; por eso dice la Escritura: Si las nubes van llenas, descargan la lluvia sobre el suelo. Que tus predicaciones sean fluidas, puras y claras, de modo que, en la exhortación moral, infundas la bondad a la gente, y el encanto de tu palabra cautive el favor del pueblo, para que te siga voluntariamente a donde lo conduzcas. Que tus discursos estén llenos de inteligencia. Por la que dice Salomón: Armas de la inteligencia son los labios del sabio, y, en otro lugar: Que el sentido ate tus labios, es decir: que tu expresión sea brillante, que resplandezca tu inteligencia, que tu discurso y tu exposición no necesite sentencias ajenas, sino que tu palabra sea capaz de defenderse con sus propias armas; que, en fin, no salga de tu boca ninguna palabra inútil y sin sentido
De las cartas de san Ambrosio, obispo (Carta 2,1-2. 4-5. 7: PL 16 [edición 1845], 847-881)
Señor y Dios nuestro, tú que hiciste al obispo san Ambrosio doctor esclarecido de la fe católica y ejemplo admirable de fortaleza apostólica, suscita en medio de tu pueblo hombres que, viviendo según tu voluntad, gobiernen a tu Iglesia con sabiduría y fortaleza. Por nuestro Señor Jesucristo
Aleluya, aleluya, aleluya. Mirad, el Rey viene, el Señor de la tierra, él romperá el yugo de nuestra cautividad. Aleluya, aleluya, aleluya.
EVANGELIO Lc 5, 17-26.
Hoy hemos visto maravillas.
Lectura del santo Evangelio según San Lucas.
UN día, estaba Jesús enseñando, y estaban sentados unos fariseos y maestros de la ley, venidos de todas las aldeas de Galilea, Judea y Jerusalén. Y el poder del Señor estaba con él para realizar curaciones. En esto, llegaron unos hombres que traían en una camilla a un hombre paralítico y trataban de introducirlo y colocarlo delante de él. No encontrando por donde introducirlo a causa del gentío, subieron a la azotea, lo descolgaron con la camilla a través de las tejas, y lo pusieron en medio, delante de Jesús. Él, viendo la fe de ellos, dijo: «Hombre, tus pecados están perdonados». Entonces se pusieron a pensar los escribas y los fariseos: «¿Quién es éste que dice blasfemias? ¿Quién puede perdonar pecados sino sólo Dios?». Pero Jesús, conociendo sus pensamientos, respondió y les dijo: «¿Qué estáis pensando en vuestros corazones? ¿Qué es más fácil, decir: “Tus pecados te son perdonados”, o decir: “Levántate y echa a andar”? Pues, para que veáis que el Hijo del hombre tiene poder en la tierra para perdonar pecados —dijo al paralítico—: “A ti te lo digo, ponte en pie, toma tu camilla y vete a tu casa”». Y, al punto, levantándose a la vista de ellos, tomó la camilla donde había estado tendido y se marchó a su casa dando gloria a Dios El asombro se apoderó de todos y daban gloria a Dios. Y, llenos de temor, decían: «Hoy hemos visto maravillas».
En el Antiguo Testamento se ha cumplido este divino Holocausto, existen figuras y símbolos en el Antiguo Testamento.
La primera Imagen del Santo Sacrificio de la Misa fue el Sacrificio del Justo y piadoso Abel, que ofreció al Altísimo los mejores corderos como un homenaje de sumisión a su infinita Majestad, que esta ofrenda fue agradable a Dios Todopoderoso, lo sabemos por estas palabras de la Santa Escritura. El Señor puso sus ojos en Abel y sus dones. Teodoro comenta así este pasaje: El Señor inflamo el Sacrificio de Abel, es decir, que cuando el piadosos Abel había dejado su oblación junto con la leña sobre el Altar y con sus oraciones la ofrecía a Dios, cayó fuego del cielo y consumió la carne de las víctimas. Sucede lo mismo en la Misa; cuando el sacerdote ha ofrecido la oblación del pan y del vino, pronuncia las palabras de la consagración; en el Espíritu Santo, como fuego divino, baja del cielo y consume la oblación del pan y del vino, cambiandolos en el verdadero Cuerpo y Sangre de Cristo
Los primeros cristianos vivieron en una sociedad donde el sacrificio era algo comun a toda religion. Aquellos que provenían del judaismo estaban familiarizados con los sacrificios del templo de Jesuralem. Si procedían del paganismo, conocían tambien los sacrificios a las deidades paganas. Pero todos aquellos sacrificios cedieron ante el rito que denominaban normalmente «el sacrificio». Hebreos cita el Salmo 50, 23, que anima a la Iglesia a un continuo «sacrificio de alabanza» (Hebreos 13, 15) Pablo utiliza con frecuencia el lenguaje del culto sacrificial; palabras tales como leitourgia (Filipenses 2,17) Eucaristia (Acción de gracias) 2 Corintios 9,11 Thusia (Sacrificio) Filipenses 4,18 Hierourgein (servicio Sacerdotal) Romanos 15,16 Prosphoron (ofrenda) Romanos 15,16
Pedro habla de la Iglesia en su conjunto como un sacerdocio destinado a «ofrecer sacrificios espirituales agradables a Dios por medio de Jesucristo (1 Pedro 2,5)
Dichoso aquel a quien la Verdad Eterna enseña por si misma y no solo por medio de figuras y voces que mueren El pensamiento y los sentidos nos engañan con frecuencia y poco es lo que logran comprender De qué sirve andar pensando acerca de temas oscuros y dificiles de cuya ignorancia no se nos reprendera e el dia del Juicio? Verdadera imprudencia es descuidar lo útil y necesario por atender a lo curioso y dañoso