En el Antiguo testamento, los sacrifica iniciaban o restaurante la comunión entre Dios y el hombre. En el Nuevo Testamento, esto mismo lo realiza el sacrificio de la Misa, solo que de manera mucho más perfecta. Para San Ignacio y sus contemporáneos del año 105 DC. la iglesia vivía unida en comunión mediante la Eucaristía. Lo aprendieron correctamente de San Pablo, quien había escrito: Puesto que el pan es uno, muchos somos un solo cuerpo, porque todos participamos de un solo pan (1 Corintios 10, 17). Ignacio aclaro está doctrina para que nadie tuviera dudas: Presta atención, por tanto, para tener solo una Eucaristía. Porque hay solo una carne de nuestro Señor Jesucristo, y un único cáliz para mostrar también la unidad de su sangre, y solo un altar; así como hay un obispo, junto con los sacerdotes y diáconos, mis compañeros Ignacio definió a los herejes como aquellos que se abstienen de la Eucaristía y de la oración, porque no confiesan que la Eucarística sea la carne de nuestro Salvador Jesucristo, que padeció por nuestros pecados, y que el Padre, en su bondad, resucitó
Cuando más en paz este uno interiormente y menos preocupado exteriormente, tantas más cosas espirituales entiende y más profundas y con más facilidad, porque de arriba recibe luz para entenderlas. El alma que quiere ser pura, sencilla, constante, no se disipa entre muchas ocupaciones, sino que se preocupa por hacerlo todo por amor de Dios, procurando no buscarse a sí misma o en su propia vanidad en lo que hace, pienso o dice: Qué es lo que más nos estorba o nos molesta sino los afectos inmortalizados de nuestro propio corazón?Quién desea llegar a ser persona buena y piadosa primero planea cuidadosamente en su corazón aquello que exteriormente tiene que hacer después.La persona prudente planea bien hasta que no le arrastre su mala inclinación a ejecutar lo malo, sino que sus instintos sean dominados y guiados por la recta razón. Quién tiene que sostener lucha más dura que aquel que trata de vencerse así mismo? Nuestra ocupación principal de cada día debe consistir en vencernos a nosotros mismos, en hacer cada dia mas fuerte nuestra voluntad, en ir mejorando todos los días en nuestro pensar, hablar y obrar. El que quiera seguirme que se niegue a sí mismo. Dice el Señor Imitación de Cristo (Tomás de Kempis)
obsérvese lo siguiente: Si los obispos, a quienes únicamente compete esta facultad, supieren de cierto que alguna reliquia es supuesta, retírenla del culto de los fieles. Si las «auténticas» de alguna reliquia hubiesen perecido, ya por las revoluciones civiles, ya por cualquier otro caso fortuito, no se proponga a la pública veneración sino después de haber sido convenientemente reconocida por el obispo. El argumento de la prescripción o de la presunción fundada sólo valdrá cuando el culto tenga la recomendación de la antigüedad, conforme a lo decretado en 1896 por la Sagrada Congregación de Indulgencias y Sagradas Reliquias, al siguiente tenor: «Las reliquias antiguas deben conservarse en la veneración que han tenido hasta ahora, a no ser que, en algún caso particular, haya argumento cierto de ser falsas o supuestas». Cuando se tratare de formar juicio acerca de las piadosas tradiciones, conviene recordar que la Iglesia usa en esta materia de prudencia tan grande que no permite que tales tradiciones se refieran por escrito sino con gran cautela y hecha la declaración previa ordenada por Urbano VIII, y aunque esto se haga como se debe, la Iglesia no asegura, con todo, la verdad del hecho; se limita a no prohibir creer al presente, salvo que falten humanos argumentos de credibilidad. Enteramente lo mismo decretaba hace treinta años la Sagrada Congregación de Ritos(33): «Tales apariciones o revelaciones no han sido aprobadas ni reprobadas por la Sede Apostólica, la cual permite sólo que se crean píamente, con mera fe humana, según la tradición que dicen existir, confirmada con idóneos documentos, testimonios y monumentos». Quien siguiere esta regla estará libre de todo temor, pues la devoción de cualquier aparición, en cuanto mira al hecho mismo y se llama relativa, contiene siempre implícita la condición de la verdad del hecho; mas, en cuanto es absoluta, se funda siempre en la verdad, por cuanto se dirige a la misma persona de los Santos a quienes honramos. Lo propio debe afirmarse de las reliquias. Encomendamos, finalmente, al mencionado Consejo de Vigilancia que ponga los ojos asidua y diligentemente, así en las instituciones sociales como en cualesquier escritos de materias sociales, para que no se esconda en ellos algo de modernismo, sino que concuerden con los preceptos de los Pontífices Romanos. CARTA ENCÍCLICAPASCENDIDEL SUMO PONTÍFICEPÍO X SOBRE LAS DOCTRINAS DE LOS MODERNISTAS Relicario Santo Hermano Pedro de San Jose de Bethancourt
La revelación de la oración en el Antiguo Testamento se encuadra entre la caída y la elevación del hombre, entre la llamada dolorosa de Dios a sus primeros hijos: “¿Dónde estás? ¿Por qué lo has hecho?” (Gn 3, 9 13) y la respuesta del Hijo único al entrar en el mundo: “He aquí que vengo a hacer, oh Dios, tu voluntad” (Hb 10, 7; cf. Hb 10, 5-7). De este modo, la oración está ligada con la historia de los hombres; es la relación con Dios en los acontecimientos de la historia humana
Aleluya, aleluya, aleluya. Mirad que llega el Señor, para salvar a su pueblo; bienaventurados los que están preparados para salir a su encuentro. Aleluya, aleluya, aleluya.
EVANGELIO Mt 11, 28-30.
Venid a mí todos los que estáis cansados.
Lectura del santo Evangelio según san Mateo.
EN aquel tiempo, Jesús tomó la palabra y dijo: «Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Tomad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis descanso para vuestras almas. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera».
“Solemnidad de la Concepción Inmaculada de la bienaventurada Virgen María, que, realmente llena de gracia y bendita entre las mujeres, en previsión del nacimiento y de la muerte salvífica del Hijo de Dios, desde el mismo primer instante de su Concepción fue preservada de toda culpa original, por singular privilegio de Dios. En este mismo día fue definida, por el papa Pío IX, como verdad dogmática recibida por antigua tradición” (Martirologio Romano).
La primera vez que se nombra esta fiesta, en el siglo VIII, parece que es en los cánones de san Andrés de Creta (+740). En el calendario marmóreo de Nápoles, del siglo IX, se señala el 9 de diciembre la Concepción de la Virgen María por santa Ana, pero no hay seguridad de que se celebrase como fiesta en ese lugar. Se encuentra esta fiesta en Irlanda en los días 3 y 7 de mayo, según aparece en algún breviario del siglo XI. Se halla en el Martirologio de Canterbury, de 1050, y se cree que fue suprimida cuando, con la victoria de Guillermo el Conquistador, se cambiaron las costumbres litúrgicas anteriores. Desde Inglaterra la fiesta se propagó a España, Francia y Alemania, pero según los liturgistas, el objeto del culto no estaba muy bien definido. En el siglo XII apareció la gran controversia sobre si la Virgen María contrajo o no el pecado original, como todos los hombres. En el siglo XIII, grandes doctores escolásticos como Alejandro de Hales, Buenaventura (15 jul.), Alberto Magno (15 nov.), Tomás de Aquino (28 ene.) y Pedro de Tarantasia (14 sep.), futuro papa, Gil Romano, la rechazaban. La reacción comenzó a finales del siglo, al parecer con los escritos del mercedario Pedro Pascual, obispo de Jaén.
La defensa del privilegio de la Inmaculada Concepción de María la tomaron como suya los franciscanos a partir de las enseñanzas de Duns Escoto (8 nov.), sumándose luego los carmelitas, los agustinos, los premonstratenses, los trinitarios, los benedictinos, los cistercienses, los servitas y los cartujos, y no faltando algunos dominicos como el beato Juan Taulero. En ese siglo XIV se celebró el concilio de Basilea que, cuando estaba ya disuelto por el papa, sus miembros seguían reunidos, declararon como dogma de fe la Inmaculada Concepción de María (1439). En el siglo XV el papa Sixto IV aprobó repetidamente la fiesta. El concilio de Trento no juzgó oportuno definir aún la Inmaculada Concepción como dogma, pero precisó que en su decreto sobre la universalidad del pecado original no quería incluir a la Virgen María. San Pío V (31 may.), religioso dominico, incluyó la fiesta en el Breviario Romano. Clemente XI extendió la fiesta en 1708, como precepto, a toda la Iglesia y, por fin, el papa Pío IX (7 feb.) definió la Inmaculada Concepción de María como dogma de fe el día 8 de diciembre de 1854. Las Cortes españolas en el año 1760 declararon a la Inmaculada Concepción de la Virgen María patrona de España y de todos sus dominios, declaración que fue aprobada por el monarca español Carlos III y posteriormente autorizada por el papa Clemente XIII.
Dios es quien primero llama al hombre. Olvide el hombre a su Creador o se esconda lejos de su faz, corra detrás de sus ídolos o acuse a la divinidad de haberlo abandonado, el Dios vivo y verdadero llama incansablemente a cada persona al encuentro misterioso de la oración. Esta iniciativa de amor del Dios fiel es siempre lo primero en la oración, la actitud del hombre es siempre una respuesta. A medida que Dios se revela, y revela al hombre a sí mismo, la oración aparece como un llamamiento recíproco, un hondo acontecimiento de Alianza. A través de palabras y de actos, tiene lugar un trance que compromete el corazón humano. Este se revela a través de toda la historia de la salvación.
Oh Dios, que por la Concepción inmaculada de la Virgen María preparaste a tu Hijo una digna morada y, en previsión de la muerte de tu Hijo, la preservaste de todo pecado, concédenos, por su intercesión, llegar a ti limpios de todas nuestras culpas. Por nuestro Señor Jesucristo
Otra figura de la Santa Misa en el Antiguo Testamento, Noe levanto un altar al Señor, escogió entre todos los animales y todos los pájaros, los más puros, y los ofreció en Holocausto sobre este altar. El Señor percibió el olor con agrado y dijo: «En adelante, ya no enviaré mi maldición sobre la tierra a causa de los pecados de los hombres». Si el sacrificio de Noé fue tan grato a los ojos de Dios, que apaciguo su cólera y prometió que no volvería a destruir la tierra con otro diluvio. Con cuánta más razón tiene que serle agradable el sacrificio del Nuevo Testamento, en el que único Hijo es ofrecido como inocente Víctima?