Como



Este “como” no es el único en la enseñanza de Jesús: «Sed perfectos “como” es perfecto vuestro Padre celestial» (Mt 5, 48); «Sed misericordiosos, “como” vuestro Padre es misericordioso» (Lc 6, 36); «Os doy un mandamiento nuevo: que os améis los unos a los otros. Que “como” yo os he amado, así os améis también vosotros los unos a los otros» (Jn 13, 34). Observar el mandamiento del Señor es imposible si se trata de imitar desde fuera el modelo divino. Se trata de una participación, vital y nacida “del fondo del corazón”, en la santidad, en la misericordia, y en el amor de nuestro Dios. Sólo el Espíritu que es “nuestra Vida” (Ga 5, 25) puede hacer nuestros los mismos sentimientos que hubo en Cristo Jesús (cf Flp 2, 1 5). Así, la unidad del perdón se hace posible, «perdonándonos mutuamente “como” nos perdonó Dios en Cristo» (Ef 4, 32)

Oración

Hemos recibido de Dios este mandamiento: Quien ama a Dios ame también a su hermano

Evangelio

Aleluya, aleluya.
Cuando venga el Espíritu de verdad, él os enseñará toda la verdad y os recordará todo cuanto yo os he dicho, dice el Señor.
Aleluya.

EVANGELIO
Mt 10, 16-23.

No seréis vosotros los que habléis, sino el Espíritu de vuestro Padre.

Lectura del santo Evangelio según san Mateo.

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus Apóstoles: «Mirad que os mando como ovejas entre lobos; por eso, sed sagaces como serpientes y sencillos como palomas. Pero no os fiéis de la gente, porque os entregarán a los tribunales, os azotarán en las sinagogas y os harán comparecer ante gobernadores y reyes por mi causa; así daréis testimonio ante ellos y ante los gentiles. Cuando os arresten, no os preocupéis de lo que vais a decir o de cómo lo diréis: en su momento se os sugerirá lo que tenéis que decir; no seréis vosotros los que habléis, el Espíritu de vuestro Padre hablará por vosotros. Los hermanos entregarán a sus hermanos para que los maten, los padres a los hijos; se rebelarán los hijos contra sus padres, y los matarán. Todos os odiarán por mi nombre: el que persevere hasta el final, se salvará. Cuando os persigan en una ciudad, huid a otra. Creedme, no terminaréis con las ciudades de Israel antes de que vuelva el Hijo del Hombre».

Palabra del Seño

Tú que juzgas

Quien es susceptible, o fácil de encolerizarse, hasta lo bueno interpreta mal, y cree fácilmente lo malo (ve ofensas donde no hubo mala intención). Pero quien ama la paz interpreta todo por el aspecto del bien.
La persona amante de la paz no vive sospechando de los demás. Pero quién es descontento e inquieto está siempre amargado por diversas sospechas. Ni vive en paz ni deja vivir en paz a los demás. Con frecuencia dice lo que no debiera, y deja de hacer muchos deberes que debería cumplir, se fija más en los deberes que los otros no cumplen, que en las obligaciones que él deja de cumplir por descuido.
Así que ante todo preocúpate por cumplir bien lo que a ti te obliga hacer, y después si ya podrás dedicarte a fijarte si los demás cumplen o no sus propios deberes.

Romanos

2:1 Por eso, no tienes excusa quienquiera que seas, tú que juzgas, pues juzgando a otros, a ti mismo te condenas, ya que obras esas mismas cosas tú que juzgas,2:2 y sabemos que el juicio de Dios es según verdad contra los que obran semejantes cosas.2:3 Y ¿te figuras, tú que juzgas a los que cometen tales cosas y las cometes tú mismo, que escaparás al juicio de Dios?
Imitación de Cristo (Tomás de Kempis) 1418

Desagradable

Hay en la comunidad una hermana que tiene el don de desagradarme en todo. Sus modales, sus palabras, su carácter me resultan sumamente desagradables. Sin embargo, es una santa religiosa, que debe ser sumamente agradable a Dios

Entonces, para no ceder a la antipatía natural que experimentaba, me dije a mí misma que la caridad no debía consistir en simples sentimientos, sino en obras, y me dediqué a portarme con esa hermana como lo hubiera hecho con la persona a quien más quiero. Cada vez que la encontraba, pedía a Dios por ella, ofreciéndole todas sus virtudes y sus méritos.

Sabía muy bien que esto le gustaba a Jesús, pues no hay artista a quien no le guste recibir alabanzas por sus obras. Y a Jesús, el Artista de las almas, tiene que gustarle enormemente que no nos detengamos en lo exterior, sino que penetremos en el santuario íntimo que él se ha escogido por morada y admiremos su belleza.

No me conformaba con rezar mucho por esta hermana que era para mí motivo de tanta lucha. Trataba de prestarle todos los servicios que podía; y cuando sentía la tentación de contestarle de de manera desagradable, me limitaba a dirigirle la más encantadora de mis sonrisas y procuraba cambiar de conversación, pues, como dice la Imitación: Mejor es dejar a cada uno con su idea que pararse a contestar.

Con frecuencia también, fuera de la recreación (quiero decir durante las horas de trabajo), como tenía que mantener relaciones con esta hermana a causa del oficio, cuando mis combates interiores eran demasiado fuertes, huía como un desertor.

Como ella ignoraba por completo lo que yo sentía hacia su persona, nunca sospechó los motivos de mi conducta, y vive convencida de que su carácter me resultaba agradable

Un día, en la recreación, me dijo con aire muy satisfecho más o menos estas palabras: Querría decirme, hermana Teresa del Niño Jesús, qué es lo que la atrae tanto de mi? Siempre que me mira la veo sonreír, ¡Ay!, lo que me atraía era Jesús, escondido en el fondo de su alma… Jesús, que hace dulce hasta lo más amargo… Le respondí que sonreía porque me alegraba verla (por supuesto que no añadí que era bajo un punto de vista espiritual)

Historia de un Alma. Santa Teresa de Lisieux

Quien soy yo?



¿Por qué los santos han dado tanta importancia al conocimiento de sí mismos? ¿Qué relación tiene el conocimiento propio con la santidad? ¿Acaso no basta conocer a Dios para tener los elementos suficientes para llegar al Cielo?

En realidad, una persona puede tener un vasto conocimiento de las cosas de Dios, puede ser un extraordinario teólogo y tener plena claridad respecto a la doctrina y la moral de la Iglesia, pero si no se conoce a sí mismo nunca logrará llegar a la santidad. Aunque la doctrina es una sola y la moral está bien definida, el hombre que la asimila y vive es un ser bastante complejo y requiere conocerse muy bien para poder “dar fruto abundante” (Jn 15,2).Antes de entrar en el conocimiento particular de cada uno, debemos conocer en general quién es el hombre. De casi todas las cosas conocemos:

El origen: ¿De dónde proviene?

La naturaleza: ¿Qué es?

Misión: ¿Para qué fue creado?

Fin: ¿Para dónde va?

Así, cuando tenemos en nuestras manos una computadora portátil podemos saber con mucha precisión todas las anteriores cuestiones:

El origen: la empresa que la fabricó (por ejemplo: Toshiba, HP, Apple, etc.).

La naturaleza: es una máquina electrónica que recibe y procesa datos para convertirlos en información útil a través de circuitos integrados.

Misión-función: Tiene una utilidad genérica y diversa pues se puede usar para elaborar complejos programas o para realizar sencillos cálculos matemáticos.

Fin: terminará en la basura cuando esté demasiado obsoleto.

Todas estas respuestas las conocemos con claridad gracias a que su fabricante nos las especifica en el manual. Si no conocemos estas cuestiones simples de la computadora portátil, terminaremos dándole un uso distinto de aquel para la que fue creada y al final se dañará. ¿Qué pasaría con esta computadora si creo que fue hecha para fijar clavos en la pared? ¡Con seguridad se dañaría! Lo mismo sucede con el hombre, cuando aplica su vida a algo distinto para lo que fue creado, termina dañándose y dañando a los demás. Así pues, el hombre que fue creado para la felicidad en el cumplimiento de la Voluntad de Dios, no para el pecado, y cuando aplica su vida en el pecado termina dañándose y dañando a los que dice amar

Rey de los Judíos

El título de rey de los Judíos en el concepto romano era algo preocupante para Roma, a pesar de que era muy diverso de lo predicado por Jesús, y no porque no lo fuera. Habían sido precisamente los judíos quienes habían tildado de blasfemo al Nazareno por no confirmar su mesianismo con pruebas externas de poder político, triunfante y nacionalista. Y ahora lo acusan de eso mismo. De «hacerse rey»

Eres el rey de los judíos?»–preguntó Pilato. Cristo no podía contestar con un rotundo sí aunque lo era; nada estaba más lejos por entonces de un reinado terreno (mundano). Pero tampoco podía negarlo, pues como Mesías e Hijo de Dios, claramente lo era

Por esto mismo contesta afirmativamente, pero con una reserva, aclarando la manera como entendía aquel reino: Tú lo dices (Mc 15, 2). Si hubiese contestado un rotundo «sí». Pilato habría inmediatamente dictado sentencia[ 47], pero como no fue así, Pilato se vio obligado a ampliar la acusación. ¿Y de qué lo acusaban los sumos sacerdotes? Primero, de amotinar al pueblo: «subleva al pueblo enseñando por toda la Judea, desde la Galilea hasta aquí; segundo de prohibir pagar el tributo; por último de auto- proclamarse el “Mesías- rey”» (Lc 23, 2- 5)

Tras oír esto Pilato invitará al acusado a defenderse; pero Cristo callará… Ya había aclarado antes, dentro del pretorio, que su reinado no era «de este mundo» (Jn 18, 33- 37), lo que no significaba que no lo fuese, sino que éste no provenía desde aquí abajo, como quien dijese, de un poder «consensuado» o «democrático».

No había nada más que hacer. Pilato estaba convencido de que el hombre que tenía delante ni era especialmente un delincuente político ni era un blasfemo; quizás se trataba–habrá pensado– de un utopista digno de lástima: «Yo no hallo en él ningún crimen» (Jn 18, 38 y Lc 23, 4), dirá el romano

Si Pilato hubiese creído en la peligrosidad política del acusado, sin duda jamás habría dejado que escaparan impunes sus discípulos de quienes ni se preocupó por aquellas horas dramáticas[ 48]. Todo lo contrario: cuando fuesen perseguidos los amigos de Jesús por parte de las autoridades judías, serían los mismos romanos quienes los protegerán

¡Crucifícalo!: Análisis histórico-legal de un deidicio
Javier Olivera Ravasi

José

Evangelio según san Mateo, 1: 19- 19 Y José, su Esposo, como era justo y no quisiese infamarla, quiso dejarla secretamente. (v. 19)

Habiendo dicho el evangelista que María halló que había concebido en el vientre, del Espíritu Santo, sin obra de varón, para que nadie sospechase que un discípulo de Cristo haya inventado estas maravillas en honor de su Maestro, aduce el testimonio de José confirmando la historia por su propia participación en ella: «Y José, su Esposo, como era justo»

San Juan Crisóstomo, homiliae in Matthaeum, hom. 4

Perdona nuestras ofensas



lo temible es que este desbordamiento de misericordia no puede penetrar en nuestro corazón mientras no hayamos perdonado a los que nos han ofendido. El Amor, como el Cuerpo de Cristo, es indivisible; no podemos amar a Dios a quien no vemos, si no amamos al hermano, a la hermana a quien vemos (cf 1 Jn 4, 20). Al negarse a perdonar a nuestros hermanos y hermanas, el corazón se cierra, su dureza lo hace impermeable al amor misericordioso del Padre; en la confesión del propio pecado, el corazón se abre a su gracia 2841 Esta petición es tan importante que es la única sobre la cual el Señor vuelve y explicita en el Sermón de la Montaña (cf Mt 6, 14-15; 5, 23-24; Mc 11, 25). Esta exigencia crucial del misterio de la Alianza es imposible para el hombre. Pero “todo es posible para Dios” (Mt 19, 26).

Oración

Mirad que estoy a la puerta y llamo; si alguno escucha mi voz y me abre la puerta. Entraré en su casa, cenaré con él y él conmigo