¿Qué es el modernismo?



He aquí una pregunta que se ha hecho muchas veces. No es fácil explicarlo en pocas palabras así que han sido varias las respuestas. Para obtener un completo análisis del modernismo, debemos acudir a la propia encíclica Pascendi. Después de condenar el modernismo como un “resumen de todas la herejías”, el Papa denunció un cúmulo de errores modernistas, que incluían la separación del Cristo “histórico” del Cristo “religioso”, la anulación de la Encarnación por la negación de la intervención de lo divino en el ámbito temporal, la reducción de la fe al , sentimiento, el rebajamiento de la autoridad religiosa, convirtiéndola de institución apostólica en una función puramente presidencial, y la abolición y sustitución de la Biblia y de las revelación por una iluminación interior y personal.

Después de señalar la gravedad de la situación, la encíclica estudiaba el tema, dividiéndolo en tres partes: en la primera, analizaba la doctrina modernista, que tiene el agnosticismo como base de su filosofía y la inmanencia como su aspecto positivo, situando únicamente en el hombre la explicación de la religión y elevando la conciencia al mismo nivel de la revelación. Paralos modernistas, ciencia y fe son dos cosas separadas y la primera es superior a la segunda. Por lo tanto, el dogma religioso no solamente es inadecuado, sino que debería cambiar para adaptarse a las necesidades de cada época. Todo debe estar sujeto a evolución y se utilizaban estos principios para deformar la historia y la apologética.

En la segunda parte, se estudiaba el modernismo en sus causas: “La causa próxima e inmediata es, sin duda, la perversión de la inteligencia. Se le añaden, como remotas, estas dos: la curiosidad y el orgullo. La curiosidad, si no se modera prudentemente, basta por sí sola para explicar cualesquier errores. […] Pero mucho mayor fuerza tiene para obcecar el ánimo, e inducirle al error, el orgullo, que, hallándose como en su propia casa en la doctrina del modernismo, saca de ella toda clase de pábulo y se reviste de todas las formas. Por orgullo conciben de sí tan atrevida confianza, que vienen a tenerse y proponerse a sí mismos como norma de todos los demás. Por orgullo se glorían vanísimamente, como si fueran los únicos poseedores de la ciencia, y dicen, altaneros e infatuados: ‘No somos como los demás hombres’; y para no ser comparados con los demás, abrazan y sueñan todo género de novedades, por muy absurdas que sean. Por orgullo desechan toda sujeción y pretenden que la autoridad se acomode con la libertad. Por orgullo, olvidándose de sí mismos, discurren solamente acerca de la reforma de los demás […]

Y si de las causas morales pasamos a las que proceden de la inteligencia, se nos ofrece primero y principalmente la ignorancia. En verdad que todos los modernistas, sin excepción, quieren ser y pasar por doctores en la Iglesia, y aunque con palabras grandilocuentes subliman la escolástica, no abrazaron la primera deslumbrados por sus aparatosos artificios, sino porque su completa ignorancia de la segunda les privó del instrumento necesario para suprimir la confusión en las ideas y para refutar los sofismas. Y del consorcio de la falsa filosofía con la fe ha nacido el sistema de ellos, inficionado por tantos y tan grandes errores

Al mismo término, es a saber, a un puro y descarnado panteísmo, conduce aquella otra teoría de la inmanencia divina, pues preguntamos: aquella inmanencia, ¿distingue a Dios del hombre, o no? Si lo distingue, ¿en qué se diferencia entonces de la doctrina católica, o por qué rechazan la doctrina de la revelación externa? Mas si no lo distingue, ya tenemos el panteísmo. Pero esta inmanencia de los modernistas pretende y admite que todo fenómeno de conciencia procede del hombre en cuanto hombre; luego entonces, por legítimo raciocinio, se deduce de ahí que Dios es una misma cosa con el hombre, de donde se sigue el panteísmo”.

En la tercera parte, se indicaban los remedios contra el daño producido por los errores modernistas, como la intensificación del estudio de la filosofía escolástica en la universidad y en los seminarios y una incesante labor de vigilancia por parte de los obispos, mediante la censura diocesana de los libros y la prestación de un juramento por parte del clero y de los profesores de las universidades, en virtud del cual se obligaban a rechazar los errores denunciados por la encíclica y el decreto del Papa.

El peligro era muy grave. Los modernistas se erigían en campeones de la ciencia y afirmaban que habían llegado a las conclusiones que defendían por amor a la verdad científica. Su movimiento, según la opinión de muchos, marcaba una reacción contra el materialismo y el positivismo, que no bastaban para satisfacer las aspiraciones del alma humana. Era una reacción comprensible, pero que había tomado un camino equivocado y amenazaba con lanzar a sus adeptos a un abismo más hondo que aquel del que habían salido. Por lo tanto, especialmente para los jóvenes, el modernismo tenía su lado atractivo.

San Pío X: El Papa Sarto, un papa santo. F.A. Forbes

La ONU impone la «igualdad de gėnęrõ»



En cuanto al origen y desarrollo de este concepto, el folleto del Ministerio de Familia da como fecha más temprana el año 1985. En ese momento, la «transverzalización de gėnęrõ» se presentó como una estrategia política en la 3ª Conferencia Mundial de la ONU sobre la Mujer.

Sin embargo, su origen y su desarrollo están lejos de haber sido explicados satisfactoriamente. Otras fuentes aportan que el concepto de la tranversalización de gėnęrõ tiene su origen en la «revolución sęxüªl» del movimiento de 1968, a partir de la cual se desarrolló el movimiento feminista en los años 1970, que se institucionalizó mediante una serie de conferencias mundiales sobre la mujer en el marco de la ONU a partir de 1975. Esta evolución culminó en 2010 con la creación de la organización de las Naciones Unidas ONU Mujeres, que desde entonces persigue la tarea de aplicar los conceptos políticos de «igualdad de gėnęrõ» y «empoderamiento de la mujer» en todo el mundo y con carácter vinculante.

Sin embargo, la «igualdad de gėnęrõ» y el «empoderamiento de la mujer» que conlleva no es un fin en sí mismo, sino que está ligado a otro objetivo general que la ONU también persigue desde hace décadas, a saber, el control de la natalidad mundial, o en otras palabras, la regulación de una supuesta superpoblación.

Ya en 1994, la Cumbre Mundial de Población de la ONU en El Cairo adoptó una resolución que identificaba explícitamente la «igualdad de gėnęrõ» y el «empoderamiento de la mujer» como piedras angulares de los programas de población y desarrollo. Como se indica en el preámbulo de la conferencia, el llamado Plan de Acción Mundial sobre Población «se basa en el considerable consenso internacional a que se ha llegado desde la Conferencia Mundial de Población, celebrada en Bucarest en 1974, y la Conferencia Internacional sobre Población, celebrada en Ciudad de México en 1984, de examinar las amplias cuestiones de población, crecimiento económico sostenido y desarrollo sostenible, y sus interrelaciones, así como los adelantos por lo que se refiere a la situación educacional y económica de la mujer y a su habilitación».

En lenguaje llano, esto significa que la «transversalización de gėnęrõ» no es solo un instrumento para el control de la natalidad, sino también para controlar la economía y el desarrollo a escala mundial. Y si uno entiende cómo funciona la creación de consenso en un marco internacional, entonces sabe que el concepto de transversalización gėnęrõ no surgió por decisión mayoritaria «desde abajo», sino que se decretó «desde arriba».


Las raíces ocultas de la agenda de gènęrø: El plan maestro para una sociedad asexuada. Alejandro Kaiser

Oración

Dios de misericordia infinita, que reanimas la fe de tu pueblo con el retorno anual de las fiestas pascuales, acrecienta en nosotros los dones de tu gracia, para que comprendamos mejor la inestimable riqueza del bautismo que nos ha purificado, del Espíritu que nos ha hecho renacer y de la sangre que nos ha redimido. Por nuestro Señor Jesucristo.

Evangelio

Aleluya, aleluya, aleluya.
Porque me has visto, Tomás, has creído, –dice el Señor–;
bienaventurados los que crean sin haber visto.
Aleluya, aleluya, aleluya.



EVANGELIO
Jn 20, 19-31.

A los ocho días, llegó Jesús.

✠ Lectura del santo Evangelio según san Juan.

AL anochecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en
medio y les dijo:
«Paz a vosotros».
Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió:
«Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo».
Y, dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo:
«Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos».
Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Y los otros discípulos le decían:
«Hemos visto al Señor».
Pero él les contestó:
«Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en su costado, no lo creo».
A los ocho días, estaban otra vez dentro los discípulos y Tomás con ellos. Llegó Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio y dijo:
«Paz a vosotros».
Luego dijo a Tomás:
«Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente».
Contestó Tomás:
«Señor mío y Dios mío!».
Jesús le dijo:
«¿Porque me has visto has creído? Bienaventurados los que crean sin haber visto».
Muchos otros signos, que no están escritos en este libro, hizo Jesús a la vista de los discípulos. Estos han sido escritos para que creáis que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengáis vida en su nombre.

Palabra del Señor

Los Australopithecus y la mona Lucy



Así como en su momento la atención de los antropólogos y del público en general estuvo concentrada en el Hombre de Neanderthal, luego en el Pitecantropo y más tarde en el Hombre de Pekín como candidatos a eslabón intermedio, hoy son los Australopitecos de África los acreedores de esta opción preferencial. La historia de estos hallazgos se inicia en 1924 cuando Raymond Dart, entonces joven profesor de anatomía en la Universidad de Witwatersrand, en Johannesburg, Sudáfrica, anunció el descubrimiento, en la vecina localidad de Taung, de un cráneo infantil que mostraba–según pensó– una mezcla de rasgos simiescos y humanos. La antigüedad que se atribuye a estos hallazgos abarcaría desde el fin del plioceno (terciario) hasta el comienzo del pleistoceno (cuaternario), o sea aproximadamente entre 1 y 3 millones de años, si es que somos creyentes en las cifras con muchos ceros.

Analizando el fósil, la candidatura a homínidos de los australopitecos se basaba en tres tipos de argumentos:
1) semejanzas morfológicas cráneo- faciales con el hombre,
2) postura supuestamente erecta y andar bípedo,
3) evidencia de actividad inteligente (utensilios, fuego, etc.).

Acerca del primer argumento, ha dicho el famoso anatomista general, Zuckerman, que “el cráneo de los australopitecos es tan abrumadoramente simiesco en contraposición al humano, que sostener lo contrario podría ser equiparado a aseverar que lo blanco es negro”

Respecto del segundo, se ha comprobado que en este caso se trataban de fósiles de simios y no de Homo Sapiens y

en cuanto al tercero, se hallaron fósiles de hombres como nosotros, datados incluso en tiempos anteriores al Australopitecos. Game over…

¿Pero… y la famosa Lucy? Para quienes no son muy duchos en la materia, Lucy es el nombre “artístico” del último eslabón “perdido” que se ha descubierto hasta la fecha. Este hallazgo se produjo en 1974 y su descubridor Donald Johanson nos aseguraba que se trataba de “un fósil extraordinario” y “asombroso”; pero… luego del entusiasmo inicial que Johanson suscita y después de la lectura de los descubrimientos, uno quedaría un poco desilusionado si se enterase de que simplemente era uno más de los Australopithecus afarensis; pero ¡no! Continuemos leyendo, porque Lucy no era un australopiteco cualquiera, dado que–en cuanto fósil– poseía rasgos distintivos que, tenían el mérito de hacerla aun más “primitiva” (o sea más mona) que los australopitecos clásicos–si es que esto es posible. Sería algo así como el “antepasado” de los australopitecos.

Se preguntarán quién era Lucy; bien, eran solo 4 ó 5 trocitos de cráneo que permitieron “determinar” que “los de su raza” (así decían sus descubridores) habrían tenido “un cerebro muy pequeño, de un tamaño compara más por decir, pero en realidad, si hemos tenido el estómago para llegar hasta aquí con la lectura de estos fantásticos relatos, lo primero que se nos vendría a la mente es que el “eslabón intermedio” (mal llamado “eslabón perdido”) es algo que tiene existencia solo en la imaginación de los antropólogos.

DONALD JOHANSON y M TAIEB, «Plio-Pleistocene hominid discoveries in Hadar.
Ethiopia», Nature, Vol. 260 (marzo 25, 1976) p. 293.

La famosa Revista Nature J aunque conocida en el mundo entero, es siempre tendenciosa en lo que se refiere al tema que tratamos. NDA

Dese la vuelta, ponga sus manos atrás, le pondré unas lindas esposas



Para llevar a cabo la supresión del sistema heterosexual y dado que el lenguaje es material y está conectado al campo político, es necesario llevar a cabo una “subversión del lenguaje”. Para Wittig existe en realidad solo el gēnêrø femenino, por lo que es necesario abolir toda referencia al gēnêrø masculino. El masculino es el universal, abstracto, mientras que solo el femenino es particular y concreto. ¿Cómo universalizar al femenino? Eliminando el gēnêrø masculino, pero también al femenino, de tal manera que experimentemos la realidad desde el punto de vista lēsbįãnö por la supresión del gēnêrø.

¿Se entiende entonces por qué el lenguaje inclusivo elimina el gēnêrø? Esta es la razón por la que hay una cruzada por eliminar el gēnêrø para llevar adelante una revolución del gēnêrø en la cual el bīn@rio hombre/ mujer no tenga ya más lugar en nuestra sociedad. No porque sí, entonces, se enseña un lenguaje “inclusivo” que modifica las letras “a”, “e” y “o” por la letra “x”. Es decir, de inclusivo no tiene nada más que el nombre y de exclusivo lo tiene todo: eliminar las categorías del hombre y la mujer, las cuales, están científicamente fundamentadas en la biología. Ahora bien, debido al fundamento biológico de dichas categorías, es imposible el suprimir esta distinción en la sociedad, por lo que requeriría de una intervención totalitaria para llevar a cabo el plan fėmįnīstå radical.

Pablo Muñoz Iturrieta Atrapado en el cuerpo equivocado La idęolögīa de gėnērø frente a la ciencia y la filosofía

pœnitemini, et credite Evangelio



Evangelio según san Mateo, 5:5-5 «Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados». (v. 5)

Obsérvese que propuso esta bienaventuranza con cierta intención. Y por ello no dijo: «Los que se entristecen» sino «los que lloran». Nos enseñó así la sabiduría más perfecta. Pues si los que lloran a los hijos u otros individuos que han perdido, por todo el tiempo de su dolor no desean la riqueza ni la gloria, ni se consumen por la envidia, ni se conmueven por las ofensas, ni son presas de alguna otra pasión, mucho más deben observar estas cosas los que lloran sus pecados, pues llorarlos cosa digna es

San Juan Crisóstomo, homiliae in Matthaeum, hom. 15,3

La simple explicación (¿?) del desarrollo del hombre a través del trabajo


La trascendencia del hombre con respecto a la naturaleza no surge más que como consecuencia del “salto dialéctico” que se da en la misma en virtud de la transformación del mono en hombre por el proceso de trabajo y la formación del lenguaje. El espíritu es el producto supremo de la materia, pero producto de ella, al fin y al cabo. Luego, no es necesario postularlo como un “sustrato ontológico inmaterial” para explicar la trascendencia del hombre respecto de la naturaleza.

Esta es la objeción marxista. De acuerdo con la exposición que de la misma hace Engels “hasta cierto punto debemos decir que el trabajo ha creado al propio hombre”. Y es que “como consecuencia directa de su modo de vida (…) los monos se fueron acostumbrando a prescindir de sus manos” con lo cual “empezaron a adoptar una posición más erecta” lo cual a su vez llevó al “paso decisivo: la mano era libre y podía adquirir ahora cada vez más destreza y habilidad; y esta mayor flexibilidad adquirida se transmitía por herencia y crecía de generación en generación”. De este modo, el mono se fue transformando gradualmente en hombre. Y el proceso se consolidó con la aparición del lenguaje. Por causa del “desarrollo del trabajo (…) los hombres en formación llegaron a un punto en que tuvieron necesidad de decirse algo los unos a los otros. La necesidad creó el órgano: la laringe poco desarrollada del mono se fue transformando, lenta pero firmemente, mediante modulaciones que producían a su vez modulaciones más perfectas, mientras los órganos de la boca aprendían poco a poco a pronunciar un sonido articulado tras otro”. Así, por “salto dialéctico” en la causalidad meramente natural y sin necesidad de nada parecido a un “espíritu” inmaterial, “el desarrollo del cerebro y de los sentidos a su servicio, la creciente claridad de consciencia, y la capacidad de abstracción y de discernimiento cada vez mayores, reaccionaron a su vez sobre el trabajo y la palabra, estimulando más y más su desarrollo” hasta que el mono finalmente se constituyera en hombre. Como vemos, Engels se sustenta básicamente en el análisis del proceso de trabajo y la formación del lenguaje para explicar de modo naturalista el surgimiento del espíritu en el hombre. Pues bien, con respecto al proceso de trabajo tenemos que el gran error de Engels es confundir una condición necesaria con una condición suficiente. Y es que si bien es cierto que la bipedación, la libertad de las manos y el consiguiente desarrollo del pulgar oponible se constituyen como condiciones materiales necesarias para que el hombre pueda desarrollar el proceso de trabajo manipulando objetos, de ningún modo se tratan de condiciones suficientes pues el proceso de trabajo, tal como se presenta en el hombre, requiere de la capacidad de formular proyectos razonados y, sobre todo, de la capacidad de establecer una clara dicotomía entre sujeto trabajador y objeto trabajado lo cual solo es coherentemente posible si postulamos la existencia en el hombre de un alma espiritual, autoconsciente, libre y trascendente a la naturaleza. De esta manera, “cuando el principio inteligente adquiere la consciencia de sí mismo ha llegado al nivel de autoconsciencia; hasta entonces ha sido meramente pasivo, pero a partir de allí pasa a actuar modificando su mundo a través del trabajo”

Friedrich Engels, “El papel del trabajo en la transformación del mono en hombre”, en: Obras Escogidas de Karl Marx y Friedrich Engels, Ed. Progreso, Moscú, 1981, Tomo III, pp. 66-79. 14.

Edgardo Carvajal Bustios, La Evolución Espiritual del Hombre, CEFEFAS, Lima, 1998, p. 31.

Orden del universo



“Existe un orden en el universo, siendo que los entes que lo componen operan o acontecen como tendiendo hacia un fin”.

En este argumento Santo Tomás de Aquino parte de la famosa noción griega del telos, es decir, de la existencia de “orden” en el universo. Tal es la fuerza de este principio que, de hecho, toda la ciencia humana descansa sobre él. En efecto: todos los científicos (explícita o implícitamente) suponen que vivimos en un mundo racional y ordenado sujeto a leyes precisas que pueden ser descubiertas por el razonamiento humano, y de ahí que el gran Albert Einstein, en extremo reconocimiento de ello, diga que “lo más incomprensible en el mundo es ¡que sea comprensible!”.

Una de las evidencias más claras y sugestivas de esto se encuentra en lo que el físico Eugene Wigner ha elocuentemente llamado “la irrazonable efectividad de las matemáticas”. Tomamos como dado que las matemáticas puedan aplicarse tan directamente para comprender la estructura y funcionamiento del mundo natural pero la verdad es que ello debería llevarnos a reflexión.

¿Por qué funcionan tan bien las matemáticas?, ¿cómo es posible que un físico pueda simplemente sentarse en su escritorio, escribir un modelo matemático y que este eventualmente prediga con exactitud ciertos fenómenos de la realidad posteriores o no conocidos en ese momento?, ¿por qué realidades muy complejas pueden captarse en ecuaciones simples? Pareciera que las matemáticas son parte de la estructura misma de la realidad. Y, mucha atención en esto, no cualquier tipo de matemáticas sino unas que, en gran parte, evidencian propiedades de “simplicidad”, “belleza” y “simetría” .

De ahí que Wigner concluya su famoso paper diciendo: “El milagro de la adecuación del lenguaje matemático para la formulación de las leyes de la física es un regalo maravilloso que no entendemos ni tampoco merecemos. Debemos estar agradecidos por ello y espero que seguirá siendo válido en futuras investigaciones y que se extenderá, para bien o para mal, a nuestro gusto, aunque quizás también a nuestro desconcierto, a amplias ramas del saber” .

Aparte de eso existe, de acuerdo a nuestros conocimientos científicos actuales, otra muy interesante evidencia de la racionalidad y orden especial del Cosmos: el llamado ajuste fino. Pero ¿en qué consiste exactamente el “ajuste fino”? En algo sumamente intrigante y sencillo: que las condiciones iniciales del Big Bang, que pudieron haber sido de muchísimas formas en términos de constantes y variables (piénsese, por ejemplo, en el valor de la constante cosmológica o el nivel inicial de entropía o la velocidad de expansión del universo), estaban sin embargo finamente ajustadas para que exista vida inteligente, con una precisión y delicadeza tales que desafían toda comprensión humana.

Así, por ejemplo, el reputadísimo astrofísico británico Roger Penrose en su libro La Mente Nueva del Emperador nos dice que, considerando el nivel de baja entropía, para que pudiera existir vida inteligente como la nuestra, las condiciones iniciales del Big Bang tuvieron que ser ajustadas con “una precisión ‘divina’ de una parte en 10 elevado a 10 elevado a la 123. ¡Una cifra extraordinaria! Ni siquiera podríamos escribir el número completo en la notación decimal ordinaria: sería un 1 seguido de 10 a la 123 ceros. Incluso si escribiéramos un 0 en cada protón y en cada neutrón del universo entero -y añadiéramos también todas las demás partículas-, todavía nos quedaríamos muy cortos”

¿DIOS EXISTE?: El libro que todo creyente deberá (y todo ateo temerá) leer. Dante A. Urbina

Crees, sí o no, en la autoridad divina de la Iglesia?”



preguntaba el cardenal Mercier. “¿ Aceptas exteriormente y en la sinceridad de tu corazón lo que ella te ordena en nombre de Cristo? ¿Consientes en obedecerla? Si es así, ella te ofrece sus sacramentos y te promete conducirte sin peligro al puerto de la salvación. Si no, entonces, tú mismo, deliberadamente, desatas el lazo que te une a ella y rompes el vínculo consagrado por su gracia, pero ante Dios y ante tu conciencia, no debes pertenecerle ni un día más; no debes obstinarte hipócritamente en seguir apareciendo como miembro de su grey. Honradamente no puedes pasar por uno de sus hijos y, como ella no puede ser cómplice de hipocresías y sacrilegios, te ordena, si la fuerzas a ello, que abandones sus filas. El modernismo condenado por el Papa es la negación de la enseñanza de la Iglesia”.


Désiré Félicien-Francois-Joseph Mercier (1851-1926), arzobispo de Malinas, cardenal y rector de la Universidad de Lovaina en Bélgica Texto correspondiente a la carta pastoral La condenación del modernismo para la cuaresma de 1908 dirigidaal clero y a los fieles de la diócesis de Malinas