Si no hay Dios, la sociedad es imposible.



Una sociedad no puede subsistir si no existen la autoridad que impone las leyes, la obediencia que las cumple, y las virtudes sociales. Ahora bien, faltando la creencia en Dios, los gobernantes de los pueblos no tienen espíritu de justicia, se convierten en tiranos, y en el poder no buscan más que el modo de satisfacer sus pasiones. Los súbditos pierden el respeto a la autoridad, el espíritu de sumisión a las leyes, y no tienen más aspiración que el placer, ni más freno que el temor, ni más regla de conducta que la utilidad o el capricho.

Una sociedad de ateos sería ingobernable. Si no admitimos a Dios, no se conciben, virtudes sociales, ni justicia, ni caridad, ni espíritu de sacrificio, ni patriotismo. Si la justicia no es impuesta por Dios, nadie la practicará.

– Dos comerciantes ajustan una cuenta:
– ¿Quiere usted un recibo?
– Entre gente honrada no es menester: Dios nos ve, y esto basta.
– ¿Usted cree en Dios?
– Yo sí, ¿y usted?
– Yo no.
– Entonces, deme usted pronto un recibo…

Para vivir en sociedad hay que consagrarse al bien general, a veces hasta el sacrificio de la propia vida.

Soldado oscuro, colocado como centinela en los puestos avanzados, y sorprendido por el enemigo, si doy la señal de alarma, caeré hecho pedazos; la conciencia me intima que dé la señal y muera. Si Dios ha de recompensar mi abnegación, yo acepto la muerte. Pero si Dios no existe, ¿puedo yo sacrificar mi vida, único bien que poseo, sin tener ninguna recompensa?… Hay que morir por la patria, se dice; pero, ¿qué me importa la patria, si Dios no existe?… Donde no existe la creencia en Dios, no solamente no hay virtudes sociales, sino que, por el contrario, se multiplican todos los crímenes, y los hombres no son más que animales salvajes que se devoran unos a otros. – Pero objetarás: ¿Y la cárcel, y la policía?… – No siempre todos los asesinatos son descubiertos, muchos crímenes quedan ocultos e impunes. Si no hay un Dios a quien rendir cuentas, basta evitar la policía, o comprarla. Tal sociedad sería bien pronto un matadero.

Todas las sociedades, desde el origen del mundo hasta ahora, han reposado sobre tres verdades fundamentales: la existencia de Dios, la del alma y la de la vida futura. Remueve estas tres bases morales, y arrojarás las sociedades al abismo de las revoluciones y las condenarás a muerte. Los horrores y las matanzas de la Revolución del 93 y de la Comuna de París en 1871, no eran más que el ateísmo puesto en práctica.

El socialismo, que quiere destruir la sociedad hasta en sus cimientos, es fruto natural del ateísmo: los mismos positivistas lo declaran en sus libros y revistas. Por consiguiente, se necesita para fundamento, y fundamento estable, de las sociedades humanas un Dios todopoderoso, bueno, justo, creador de todas las cosas y gobernador del mundo material por medio de leyes físicas, y de los hombres por medio de leyes morales. Todo descansa sobre esta base

R. P. Hillaire, la religión demostrada LOS FUNDAMENTOS DE LA FE CATÓLICA ANTE LA RAZÓN Y LA CIENCIA

La Masonería niega la existencia de Dios.



Pero más lejos van los naturalistas, porque, lanzados audazmente por las sendas del error en las cosas de mayor momento, caen despeñados en el más profundo de los errores sea por la flaqueza humana, sea por justo juicio de Dios, quien castiga su soberbia.

Así que en ellos pierden su certeza y fijeza aun las verdades que se conocen por luz natural de la razón, como son la existencia de Dios, la espiritualidad e inmortalidad del alma humana. Y la secta de los masones da en estos mismos escollos del error con no menos precipitado curso. Porque si bien confiesan en general que Dios existe, ellos mismos testifican no estar impresa esta verdad en la mente de cada uno con firme asentimiento y estable juicio. Ni disimulan tampoco ser entre ellos esta cuestión de Dios causa y fuente abundantísima de discordia; y aun es notorio que últimamente hubo entre ellos, por esta misma cuestión, no leve contienda. De hecho que la secta concede a los suyos libertad absoluta de defender que Dios existe o que no existe; y con la misma facilidad se recibe a los que resueltamente defienden la negativa, como a los que opinan que existe Dios pero sienten de El perversamente, como suelen los panteístas, lo cual no es otra cosa que acabar con la verdadera noción de la naturaleza divina, conservando de ella no se sabe qué absurdas apariencias.

Destruido o debilitado este principal fundamento, sigúese quedar vacilantes otras verdades conocidas por la luz natural, por ejemplo, que todo existe por la libre voluntad de Dios creador; que su providencia rige el mundo; que las almas no mueren; que a esta, vida ha de suceder otra sempiterna.

ENCÍCLICA «HUMANUM GENUS» (20-IV-1884
ACERCA DE LA. MASONERÍA Y OTRAS SECTAS LEÓN PP. XIII

Cualidades de la obediencia



La obediencia, para ser perfecta, debe vivirse con mirada sobrenatural, en todo tiempo y todo lugar e integralmente.

Con mirada sobrenatural: Quiere decir que debemos ver a Dios mismo, a Jesucristo, en nuestros superiores, porque no tiene autoridad sino de Él

TANQUEREY, Op. cit. P. 683.

Males de este mundo

—Gran parte de los males de este mundo tienen su origen en el desconocimiento de Dios y de su Verdad

San Pío X: El Papa Sarto, un papa santo. F.A. Forbes

El Dragón transmite su poder a la Bestia



Apocalipsis (12,18- 13,10) 18 Yo estaba de pie, sobre la arena del mar. 13 1 Vi surgir entonces del mar una Bestia que tenía diez cuernos y siete cabezas. Llevaba en sus cuernos diez diademas, y en sus cabezas, títulos blasfemos. 2 Esta Bestia se parecía a un leopardo, pero tenía patas como de oso, y fauces como de león. El Dragón le entregó su poder y su trono, y le concedió gran poderío. 3 Una de sus cabezas parecía herida de muerte, pero aquella llaga mortal se le curó. Entonces la tierra entera siguió maravillada a la Bestia. 4 Se postraron ante el Dragón, porque había dado el poderío a la Bestia, y se postraron ante la Bestia diciendo: «¿ Hay alguien como la Bestia? ¿Quién puede luchar contra ella?» 5 Le dieron una boca que profería grandezas y blasfemias, y le concedieron además poder de actuar durante cuarenta y dos meses. 6 Ella abrió entonces su boca para blasfemar contra Dios: contra su nombre, el de su morada y el de los que moran en el cielo. 7 Se le permitió hacer la guerra a los santos y vencerlos; y se le concedió poderío sobre toda raza, pueblo, lengua y nación. 8 La adorarán todos los habitantes de la tierra cuyo nombre no está inscrito, desde la creación del mundo, en el libro de la vida del Cordero degollado. 9 El que tenga oídos, que oiga. 10 El que ha de ir a la cárcel, a la cárcel irá; el que ha de morir a espada, a espada morirá. Aquí se requiere la paciencia y la fe de los santos

Los proponentes de la educación sęxüal y los filósofos del gênėrô



cometen un gran error al afirmar que el ser varón o mujer es una imposición cultural y que, por lo tanto, no podemos atenernos a distinciones biológicas para explicar realidades que van mucho más allá. Contra esto es necesario afirmar que es una grave equivocación el pensar que la naturaleza es algo estrictamente separado de las construcciones culturales que han emergido con ella. Es decir, incluso si el ser “hombre” o “mujer” fuese una construcción cultural, estas nociones tienen un fundamento en la naturaleza de la persona, un fundamento biológico y genético. En ese sentido, el ser hombre o mujer no es ni siquiera una creación o invento humano, al menos no en el sentido más profundo.

Por el contrario, aquí estamos hablando de un aspecto que pertenece la naturaleza misma. Incluso desde el punto de vista evolucionario, la “naturaleza” es aquello que “selecciona”, de tal manera que sobreviven solo aquellos seres que tienen más probabilidades de propagar la propia especie, es decir sus propios genes, en el tiempo. Por eso se dice que “es la aptitud la que selecciona”. Esa aptitud física hace referencia a la correspondencia entre el atributo de un determinado organismo y la demanda natural. Si el lobo no tuviese la piel que tiene no sobreviviría al duro y largo invierno canadiense y lo mismo se puede decir del cerebro humano con relación a la realidad que nos rodea: el cerebro, por definición, está adaptado a la realidad y por eso es que hablamos del conocimiento como “realidad conceptualizada”


Fabro, Cornelio. L’Anima: Introduzione al problema dell’uomo, ed. Christian Ferraro, Segni, Roma, EDIVI, 2005; Fabro, Cornelio. La fenomenologia della percezione, l. ed., Segni (Roma), EDIVI, 2006; Fabro, Cornelio. Percezione e Pensiero, 3 ed., Segni (Roma), EDIVI, 2008

El argumento del pensamiento abstracto


Se observa en el hombre la capacidad de pensamiento abstracto, es decir, la capacidad de realizar en su intelecto interrelaciones inmateriales incluso en base a entes inmateriales: Esta capacidad de pensamiento abstracto del hombre se evidencia básicamente en dos capacidades subyacentes: la de realizar deducciones lógicas y la de lenguaje. Con respecto a la primera tenemos que lo curioso es que, constituyéndose desde ya como una facultad para establecer conexiones ideales entre proposiciones, estas también pueden ser puramente ideales (en el sentido de “abstractas”). En efecto, sean válidas o no, nosotros podemos realizar deducciones en base a conceptos y proposiciones puramente ideales tales como los conceptos filosóficos (“ ser”, “verdad”, “bien”) o las expresiones algebraicas.

En otras palabras, somos capaces de realizar interrelaciones inmateriales incluso con base en entes puramente inmateriales. Y lo mismo se observa en la constitución articulada de nuestro lenguaje, ya que en la misma no solo basta con interrelacionar significados (el referente real) con significantes (la palabra o concepto ideal) sino que también, como explica el gran lingüista Ferdinand de Saussure en su Cours de Linguistique Générale (1916), es necesario interrelacionar significantes entre sí (piénsese, por ejemplo, en nuestro proceso de pensamiento cuando en él estructuramos los días de la semana “lunes”, “martes”,…

¿acaso tenemos a cada instante que referir cada palabra a un ente material específico o más bien establecemos la estructuración con base en una convención puramente mental?)

Dante A. Urbina
¿CUÁL ES LA RELIGIÓN VERDADERA?: Demostración racional de en cuál Dios se ha revelado

Batalla cultural



es la presencia de un conflicto cultural de magnitud, bajo el cual lo que está en juego no es el mero reajuste, sino el cambio cultural significativo. Los conflictos culturales ordinarios pueden generar tensiones, pero nunca batallas. En una batalla existe la sensación de que efectivamente se está desarrollando un combate por la cultura y de que, en otras palabras, en una batalla no se disputan pequeñeces, sino cosas relevantes

AGUSTIN LAJE, LA BATALLA CULTURAL REFLEXIONES CRÍTICAS PARA UNA NUEVA DERECHA

¿Dios existe?



5 vias Santo Tomás de Aquino
4 vía, consideración

“Toda perfección limitada, en grado o forma, debe ser causada por otro”.

Una vez que notamos que en los seres de nuestra experiencia se da la perfección en distintos grados y formas, ello solo nos deja dos posibilidades: que tengan esta perfección por sí mismos, es decir, por esencia, o que la reciban de otro ser, es decir, por participación. El problema es que si tomamos la primera posibilidad nos encontramos inmediatamente con una grave dificultad. En efecto, si los seres de nuestra experiencia tuvieran sus perfecciones por esencia, ello implicaría que dichas perfecciones se agotarían en ellos pues no habría ninguna razón de ser particular que lo impida. Pero ello contradice evidentemente nuestras percepciones: la persona más inteligente no agota en sí toda la perfección de la inteligencia porque siempre es posible que haya alguien más inteligente o conozca mejor otras cosas, y la mujer bella no agota toda la perfección de la belleza porque no incluye en sí la belleza propia de la pieza musical o de la construcción arquitectónica. En consecuencia, dado que ninguna perfección puede pertenecer por esencia a los seres de nuestra experiencia ya que siempre la tienen limitada en grado o forma, es necesario aceptar que la tienen por participación, es decir, causada por otro.

“No es posible una cadena infinita de transferencia de perfecciones; por tanto, es necesario llegar a un ser esencial y máximamente Perfecto”. Ahora bien, si todo ser que tiene una determinada perfección, siendo ésta limitada en grado y/ o forma, la tiene recibida de otro, podría darse el caso de que este segundo tenga la suya recibida de un tercero y así sucesivamente ad infinitum. Pero ello es imposible porque si así fuera, dado que tendría que pasar un proceso infinito de transmisión de perfecciones participadas, jamás podríamos encontrar perfección alguna en los seres de nuestra experiencia, lo cual es evidentemente falso. Por tanto, es necesario llegar a un ser esencial y máximamente Perfecto, es decir, que tenga la perfección por sí mismo y sin ninguna limitación. Ilustremos lo anterior por medio de una analogía (aunque imperfecta, claro está): imaginemos que nos estamos calentando con un determinado objeto. Entonces nos planteamos la cuestión de si este tiene el calor por esencia, es decir, en sí mismo, o participado, es decir, recibido de otro. Al instante nos damos cuenta de que recibe su calor de un segundo objeto. Y este segundo objeto de un tercero y así sucesivamente. ¿Pensaremos por ello que la cadena de transmisión de calor es infinita? De ningún modo. Si nos estamos calentando es justamente porque el proceso de transmisión de calor es finito. Por tanto, nos vemos compelidos a pensar (incluso si no lo vemos) que existe un objeto que tiene el calor por sí mismo y no recibido por otro que lo transmite a todos los demás, como el fuego (o el movimiento de las partículas subatómicas que lo generan)

¿DIOS EXISTE?: El libro que todo creyente deberá (y todo ateo temerá) leer. Dante A. Urbina

Hablar de cosas importantes



Evangelio según san Mateo, 5: 1- 3 Y viendo Jesús a las turbas subió a un monte, y después de haberse sentado, se llegaron sus discípulos. Y abriendo su boca, los enseñaba, diciendo: «Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos». (vv. 1- 3)

En esto de predicar sobre un monte y en la soledad, y no en la ciudad ni en el foro, nos enseñó a no hacer nada por ostentación y a separarnos del tumulto, principalmente cuando conviene dialogar de cosas importantes

San Juan Crisóstomo, homiliae in Matthaeum, hom. 15,1