Oración por la protección cubre la masonería

Pongamos por intercesor al Príncipe de los Angeles del cielo, San Miguel, que arrojó al abismo a los enemigos infernales; a San José, esposo de la Virgen Santísima, celestial patrono de la Iglesia Católica; los grandes Apóstoles, San Pedro y San Pablo, sembradores de la fe cristiana y sus invictos defensores. En su patrocinio y en la perseverancia de todos en la oración, confiamos que Dios acuda oportuna y benignamente al género humano, expuesto a tan enormes peligros. Y en prenda de los dones celestiales y de Nuestra benevolencia, con el mayor amor os damos la bendición Apostólica en el Señor, a vosotros, Venerables Hermanos, y al Clero y pueblo todo confiado a vuestro cuidado.

Dado en Roma, junto a San Pedro, el 20 de abril de 1884, año séptimo de Nuestro Pontificado. LEÓN PAPA XIII

ENCÍCLICA «HUMANUM GENUS» (20-IV-1884
ACERCA DE LA. MASONERÍA Y OTRAS SECTAS LEÓN PP. XIII

La abolición de la mujer



Judith Butler considera que no existe la materia como sustancia sólida en sí misma. Invierte la relación de referencia convencional entre gęnėrø social y biológico. El gęnėrø biológico no es una expresión del gęnėrø social, sino más bien al revés: El gęnėrø biológico se produce como una expresión del gęnėrø social. Este es probablemente el punto esencial de la teoría de Butler, en el que también se basa la teoría actual de la trąnsversalïzación de gęnėrø, como se desprende de las declaraciones de los expertos del Centro de Competencia de gęnėrø de Berlín: No existe un gęnėrø natural, biológico. Roedig aclara: «No es la naturaleza la que nos da nuestras formas, sino la cultura».

En este sentido, Butler también critica al fē minismo, que a través de «su» temática de la mujer produce esta categoría de mujer y solidifica la norma patriarcal. A través de la movilidad de gęnėrø propagada por ella, es posible salir de la matriz heterosexual obligatoria.

La disolución de esta matriz de los dos gęnėrøs es por tanto la democracia radical, que se puede lograr con la parodia, el travē stismo y las prácticas qùēėr. Busca «subvertir y cambiar las nociones naturalizadas y reificadas de la identidad de gęnėrø que sostienen la hegemonía masculina y el poder heterosêxìsta». Es decir, es un intento de incitar a la confusión de gęnėrø»

Así que Judith Butler considera que es un éxito cuando las personas ya no están seguras de lo que son en realidad, de a qué gęnėrø pertenecen, cuando están confundidas sobre sí mismas. ¿Acaso no conoce el destino de Bruce-Brenda-David Reimer?

Judith Butler, Das Unbehagen der Geschlechter Frankfurt am Main 1991,p.8

Las raíces ocultas de la agenda de gènęrø: El plan maestro para una sociedad asêxû@da. Alejandro Kaiser

En el obscuro Medievo



Es que la “Edad Media” construyó cosas tan horripilantes que incluso hasta el día de hoy existe gente que desea despilfarrar sus ahorros y masacrar sus sentidos con las catedrales góticas y románicas, los manuscritos iluminados, los frescos en las paredes de los claustros o iglesias, la poesía medieval, los cantares de gesta, los vitrales, las esculturas que adornan el interior y el exterior de las casas y edificios, los instrumentos, el canto y la polifonía, etc. Es todo esto lo que un turista que viaje a Europa se obstinará una y otra vez por visitar. ¡Qué masoquistas que somos! Ir a visitar la obra de unos brutos “bárbaros”… Pero…

¡Qué genios estos bárbaros!–diría Chesterton.

“¿ Es que no has visto la película ‘El nombre de la rosa’?”–se nos dice al abordar el tema. Ha sido en la década del ’80 cuando se estrenó una de las películas (adaptación de la novela escrita por el escritor italiano, Umberto Eco5) que más ha “formado” a los opinólogos modernos sobre el tema de la Edad Media. De gran tinte anticlerical, narraba de modo apasionante una serie de muertes y asesinatos ocurridos en un monasterio medieval. La obra está situada en un claustro italiano del Medioevo; el clima…: siempre gris; la caracterización de los monjes siempre igual: gordos, afeminados, narices deformes, pelados, ciegos, fanáticos, etc. (todo un programa de la fealdad). Pero también se resaltaban las “virtudes” monacales donde los mendigos se limitaban a comer las sobras que los monjes arrojaban a un basural… El fanatismo, la Inquisición, la hipocresía, nada faltaba… ¿Fue todo tan así?

Hablemos del monacato olvidado

Pero si hay un punto que no puede pasarse por alto en la historia de la Edad Media es en lo referente a los monjes. Fueron ellos los grandes constructores de la civilización occidental y cristiana que, hoy por hoy, intenta negarse desvergonzadamente. La vida monástica es tan antigua como el Cristianismo; ya en el primer siglo de nuestra era encontramos tanto en Oriente como Occidente a hombres y mujeres que se dedicaron por completo a buscar “primero el reino de Dios” confiando en que el resto se les daría por añadidura. En Occidente fue el gran San Benito quien fundó un modo de vida distinto con su ora et labora (“ reza y trabaja”); el monje debía dedicarse no solo al trabajo manual sino también al intelectual para llevar adelante estas dos dimensiones del hombre.

Organizados en comunidades fijas y con un abad a la cabeza los monasterios eran verdaderos centros de espiritualidad y de acción. Levantándose muy de madrugada y rezando varias veces al día por medio del canto del Oficio Divino, los monjes intentaban representar aquí en la tierra lo que será la alabanza perpetua en el Cielo. Mediante la oración de contemplación, en especial por medio de la lectura asidua de las Sagradas Escrituras (lectio divina), marcaron una impronta indeleble en el corazón de la Cristiandad, al punto tal que varios laicos, todavía en el siglo XXI siguen rezando al “estilo monástico”. La oración por medio de las letras sagradas, aparte de elevar el alma, hacía del más simple monje un enamorado de Dios9. El monje era quien se mantenía en vela para orar y trabajar por el resto de la humanidad. Con su plegaria individual y la liturgia llena de cantos que tocaban el cielo, hacía de su vida una oblación agradable a Dios por el bien de todos. Pero en la espiritualidad del monje no solo estaba la oración; el monacato también fundó las bases de Europa con sus artes e industrias. Un ejemplo significativo es la agricultura: “allá donde llegaban transformaban las tierras vírgenes en cultivos, abordaban la cría del ganado y las tareas agrícolas, trabajaban con sus propias manos, drenaban pantanos y desbrozaban bosques. Alemania (por ejemplo) se convirtió, gracias a sus esfuerzos, en un país productivo”.

Es que los monjes asociaban la agricultura a la oración, transformando por medio del trabajo manual, lo arduo en suave. Los pantanos de Southampton, Inglaterra, son un nítido ejemplo del trabajo que los monjes realizaban en bien de la sociedad. Un experto describe así el aspecto que tenía probablemente la región en el siglo VII antes de la fundación de la Abadía de Thorney: Era un enorme páramo (…): un laberinto de cursos de agua serpenteantes y negros, con amplias lagunas, marismas que quedaban sumergidas con las mareas de primavera, grandes extensiones de cañas, juncias y helechos, amplias arboledas de sauces, alisos y álamos arraigados en la turba, que lentamente devoraban, aunque también conservaban, los bosques de abetos y robles, de fresnos y chopos, de avellanos y tejos que en otro tiempo crecían en aquellos bajíos pestilentes. Los árboles arrancados por las crecidas y las tormentas flotaban y terminaban por amontonarse, formando presas que obligaban al agua a regresar a la tierra. Las torrenteras que caían por los bosques cambiaban de curso, arrastrando arena y cieno hasta el terreno negro de la turbera. La naturaleza incontrolada causaba estragos cada vez mayores y sembraba el caos, hasta que el páramo se convirtió en una funesta ciénaga. Cinco siglos más tarde, Guillermo de Malmesbury (c. 1096- 1143) describía así la zona: Es una réplica de Paraíso, en la que parece reflejarse la dulzura y la pureza de los cielos. Crecen en mitad de los páramos bosquecillos que parecen alcanzar las estrellas con sus altas y esbeltas copas; los ojos recorren con embeleso un mar de verdeante hierba y el pie que pisa las amplias praderas no encuentra obstáculo alguno en su camino. Ni un solo palmo de tierra queda sin cultivar hasta allí donde la vista alcanza. Aquí la tierra se halla oculta por los frutales; allí las viñas se arrastran por el suelo o trepan por espalderas. La naturaleza y el arte compiten mutuamente, suministrando la una todo cuanto el otro se olvida de producir. ¡Ah, gratas y profundas soledades! Por Dios habéis sido dadas a los monjes para que su vida mortal pueda acercarse cada día un poco más al cielo. Pero no solo se dedicaban a la tierra; la maestría de los monjes en cuanto a la técnica asombraría a cualquier inventor. “No había actividad alguna, ya se tratara de la extracción o la elaboración de la sal, el plomo, el hierro, el alumbre, el yeso o el mármol, de la cuchillería, de la vidriería o de la forja de planchas de metal, en la que los monjes no desplegaran toda la creatividad y todo su fértil espíritu investigador. Desarrollaron y refinaron su trabajo hasta alcanzar la perfección, y su pericia se extendió por toda Europa”. La maestría de los monjes abarcaba tanto las curiosidades como los asuntos más prácticos.

En los comienzos del siglo XI, un monje llamado Eilmer de Malmesbury voló a más de 90 metros de altura con un planeador, realizando una hazaña por la que sería recordado en los siglos venideros. Hubo también entre los monjes consumados relojeros. El primer reloj del que tenemos noticia fue construido por el futuro papa Silvestre II en el año 996. ¡Qué grandes estos bestias! Pero no todo quedaba en inventos. El monje se caracterizaba principalmente por la nota distintiva del cristianismo: la virtud de la caridad. “Cualquier viajero será recibido como si de Cristo se tratara”, reza la Regla de San Benito; y así era. Los monasterios eran posadas gratuitas que proporcionaban un lugar de descanso seguro y tranquilo a los peregrinos, a los pobres y a los extranjeros.

Un antiguo historiador de la abadía normanda de Bec escribió: “pregunten a españoles yborgoñones o a cualquier viajero cómo fueron recibidos en Bec. Responderán que las puertas del monasterio están siempre abiertas para todos y que su pan es gratis para el mundo entero”. “Dar de comer al hambriento, de beber al sediento, de vestir al desnudo, dar albergue al peregrino…”, eran solo algunas de las obras de misericordia que los monjes se dedicaron a hacer en la Edad Media.

Pero la labor más conocida, quizás, de los monjes es la copia de los manuscritos, tanto sagrados como profanos, según hemos dicho. Fueron los monjes los que salvaron la civilización occidental de la invasión de los bárbaros ya que, de no haber sido por ellos, poco o nada nos habría quedado hoy de la gran cultura occidental. En épocas donde la imprenta aun no existía, los libros se reproducían a fuerza de copiar y copiar… Dicha labor, sacrificada y fruto de la caridad intelectual, implicaba no pocos esfuerzos para quien la ejercitaba. El frío era por momentos extremo y la calefacción no era tan habitual como en nuestros tiempos modernos.

Como muestra tenemos el siguiente pasaje de un monje que, transcribiendo el comentario de san Jerónimo sobre el Libro de Daniel, quiso añadir al margen esta nota para la posteridad: Tengan a bien los lectores que empleen este libro, no olvidar, se lo ruego, a quien se ocupó de copiarlo. Fue un pobre hermano llamado Luis que, mientras transcribía este volumen llegado de un país extranjero, hubo de padecer el frío y de concluir de noche lo que no fuera capaz de escribir a la luz del día. Mas Tú, Señor, serás la recompensa de su esfuerzo14. Las obras clásicas no se habrían conservado sin el monacato; es que no solo las copiaban sino que las usaban con asiduidad. El abad Desiderio, quien en 1086 fue elegido papa con el nombre de Víctor III, supervisó personalmente la transcripción de Horacio y Séneca, así como las de la obra de Cicerón De Natura deorum, y los Fastos de Ovidio.

El gran Gerberto de Aurillac, animaba a sus alumnos a apreciar las obras de Horacio, Juvenal, Lucano, Persio, Terencio, Estatio y Virgilio. Sabemos que, en lugares como Saint Alban’s y Padeborne, se ofrecían conferencias sobre autores clásicos y algunos como el cardenal John Henry Newman, gran conocedor del monaquismo, llegó a afirmar que san Ildeberto se había aprendido al poeta Horacio de memoria. Tal era la afición a la cultura del monaquismo que se decía que “sin estudio y sin libros la vida de un monje es nada”. En parecidos términos se expresaba poéticamente san Hugo de Lincoln, en sus tiempos prior de Witham, primer monasterio cartujo de Inglaterra: “nuestros libros son nuestro deleite y nuestra riqueza en tiempo de paz, nuestras armas ofensivas y defensivas en tiempo de guerra, nuestro alimento cuando tenemos hambre y nuestra medicina cuando enfermamos”. A no olvidarse de ellos, a pesar de las fábulas a las que estamos acostumbrados a oír.

ALEXANDER CLARENCE FLICK, The rise ot the Medieval Church, Burt Franklin, Nueva York 1909, 216; citado por THOMAS E.WOODS, op. cit., 51. 11. HENRY H. GOODELL, “The Influence of the Monks in Agriculture”, discurso pronunciado ante la Massachusetts State Board of
Agriculture, 23 de agosto de 1901, p.7-8.

THOMAS E.WOODS, op. cit., 53. 12. RÉGINALD GRÉGOIRE, LÉO MOULIN y RAYMOND OURSEL, The Monastic Realm, Rizzoli, Nueva York 1985, 275;

CHARLES MONTALEMBERT, The Monks of the West: From Saint Benedict to Saint Bernard, vol. 5, Nimmo, Londres 1896, 208; citado por THOMAS E.WOODS, op. cit., 61.

Las principales religiones del mundo



Cristianismo

Origen histórico
El Cristianismo se inició en el siglo I, en el seno judaico del Imperio Romano, con el ministerio mesiánico de Jesús de Nazareth, llamado “el Cristo” (salvador). Fue condenado a muerte por las autoridades políticas y religiosas de su tiempo bajo los cargos de blasfemia (al proclamarse “Hijo de Dios”) y usurpación del poder (al proclamarse “el Rey de los Judíos”). Según la creencia cristiana resucitó al tercer día y ascendió a los cielos. A partir de allí sus discípulos comenzaron a predicar la doctrina que él les enseñó. Conceptualización de la divinidad

El Cristianismo sostiene un monoteísmo trinitario de acuerdo con el cual hay tres Personas distintas (Padre, Hijo y Espíritu Santo) en un solo Dios. Cada una de estas existe desde toda la eternidad y comparte la misma esencia divina junto con todos los atributos que le son propios.

Principal referente
El personaje central del Cristianismo es Jesús de Nazareth. Se le considera el Cristo, el Salvador, el Mesías esperado por los judíos. Más aún: se lo considera Dios hecho hombre. Nacido de la Virgen María y criado en una cultura judía, Jesucristo llevó a cabo un ministerio de predicación y milagros durante tres años de su vida adulta. Acusado de blasfemia por los líderes judíos, fue condenado a muerte por crucifixión y, de acuerdo con la creencia cristiana, resucitó a los tres días.

Textos sagrados
El texto sagrado de los cristianos es la Biblia, compuesta por Antiguo Testamento y Nuevo Testamento. El Antiguo Testamento corresponde a la “Biblia judía”. El Nuevo Testamento, en cambio, contiene aquello que es específicamente distintivo de la fe cristiana: los Evangelios. Son cuatro (Mateo, Marcos, Lucas y Juan) y en ellos se narra lo esencial del ministerio y enseñanzas de Jesús. También se encuentran en el Nuevo Testamento otros escritos pilares de la fe cristiana como los Hechos de los Apóstoles, que narran los inicios del Cristianismo; las Epístolas apostólicas, que fueron escritas por los apóstoles Pedro, Pablo, Santiago, Juan y Judas para formar e instruir a los creyentes; y el libro de las Revelaciones o Apocalipsis, que narra los hechos concernientes al fin del mundo y el triunfo final de Dios con el regreso de Cristo.

Doctrina básica
El Cristianismo postula que el problema fundamental del hombre es el pecado: el hombre ha elegido voluntariamente rechazar a Dios y se ha alejado de Él. Como consecuencia de ello se halla preso en su propia maldad y no puede llegar a Dios. Pero, de acuerdo con la teología cristiana, es Dios quien va hacia el hombre por medio de la persona de Jesucristo, quien se ofrece como víctima pura e inocente para salvar a la humanidad de sus pecados. Así, es en conexión con Jesucristo que el hombre puede obtener la salvación y acceder a la “vida eterna”.

Sentido ético
El valor fundamental del Cristianismo es el amor. Así, la vida del cristiano debe centrarse en el amor a Dios y al prójimo, en espíritu de sencillez, humildad, caridad, paciencia, compasión, servicio y lucha por la justicia. Viviendo el amor en esta tierra el hombre se prepara para la plenitud del Amor en el cielo, la felicidad eterna en unión con Dios mismo.

Ritos y/ o prácticas importantes
Los ritos básicos del Cristianismo son la oración, la misa y los sacramentos. La oración principal es el Padre Nuestro. En cuanto a la misa o “culto” tenemos que se celebra especialmente los días domingos, en conmemoración de la resurrección de Cristo, y que en ella se realizan comunitariamente actos litúrgicos (cantos, oraciones, etc.) y se comparten lecturas de la Biblia. Respecto de los sacramentos, tenemos que los dos más practicados son el Bautismo (por medio del cual uno se hace hijo de Dios y miembro de la Iglesia) y la Eucaristía (que une al creyente al sacrificio de Cristo en las formas de pan y vino).

Reino de los Cielos



Evangelio según san Mateo, 5: 10- 10 «Bienaventurados los que padecen persecución por la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos». (v. 10)

No te admires, pues, si en cada una de estas bienaventuranzas no oyes la palabra reino, porque cuando dice «serán consolados», «alcanzarán misericordia» y otras cosas por el estilo, está insinuando de una manera oculta, el Reino de los Cielos. Esto es para que ya no esperes cosa alguna sensible, ni tampoco se considere como bienaventurado aquel que es coronado con las cosas que proceden de esta vida

San Juan Crisóstomo, homiliae in Matthaeum, hom. 15,5

Mercantilización de la Economía



Tanto el altruismo como la solidaridad son instintos muy fuertes que guiaron al hombre en un pequeño grupo sirviendo a otras personas conocidas, cuando sus esfuerzos eran dirigidos a las necesidades de gente que eran sus familiares. Ahora hemos crecido y somos tan ricos porque hemos sustituido esto por un sistema en el que ya no se trabaja para las necesidades conocidas de otras personas conocidas, y ya no se utiliza la ayuda de otras personas conocidas, sino donde nuestro esfuerzo está completamente guiado por señales de precios que para el individuo significa que debe usar sus recursos para el máximo éxito del objeto por el que se sacrifican los recursos. […] Por lo tanto lo que ocurre en lo referente a las actividades económicas es que vamos a beneficiar más a nuestros semejantes si nos guiamos exclusivamente por la búsqueda de la ganancia. Entonces luego estaremos en completa libertad de usar lo que hemos ganado, y allí puede aparecer un deseo altruista muy fuerte, pero no en el principio ordenador de la sociedad

Entrevista de Bernard Levin a Friedrich Hayek en la Universidad de Friburgo, 1980, https://www.youtube.com/watch?v=frRu8d0TUWk.

La fatal arrogancia, p. 137

Hipótesis multiverso (2)




Otro gran problema de la teoría M es que se basa en una interpretación sumamente arbitraria (por no decir evidentemente errónea) del indeterminismo cuántico. Para demostrarlo examinaremos la propuesta multiverso de Susskind y también la de Hawking y Mlodinow. Comencemos por la de Susskind. En su libro El Paisaje Cósmico (2006) parte del ejemplo del decaimiento del neutrón. La desviación estándar alrededor del tiempo promedio de decaimiento del neutrón permite generar una función probabilística, en este caso una curva normal que tiene, precisamente, la forma de una onda; siendo que esta “función de onda es un conjunto de probabilidades de todos los posibles resultados de todas las posibles observaciones en el sistema en consideración”.

Dicha definición es acertada. Pero a partir de allí Susskind se desliza hacia la confusión de la escuela de Copenhague sobre el indeterminismo cuántico y la lleva a niveles nunca antes imaginados. Critica a Bohr por afirmar, “conservadoramente”, que una vez “colapsada” la onda, todas las demás probabilidades o “ramificaciones” se desvanecen y dejan de ser posibilidades reales; y propone, más “progresistamente”, que “rescatemos” estas otras probabilidades, no tanto como posibilidades de una situación experimental repetible, sino más bien como ya realizadas en alguna parte del escenario de “muchos mundos” de Everett.

De este modo, aplicando dicha interpretación a su teoría sobre el inicio del Cosmos, deriva los famosos multiversos: “Según los partidarios de la interpretación de “muchos mundos”, todas las ramificaciones de la función de onda son igualmente reales. En cada cruce el mundo se escinde en dos o más universos, que viven para siempre, uno al lado del otro… de tal manera que las diferentes ramas nunca interactúan una con la otra después de haberse escindido”.

Obviamente se trata de una interpretación arbitraria. Susskind simplemente dice que la función de onda genera “muchos mundos” realmente existentes a partir de sus probabilidades pero no especifica cuál es el mecanismo físico que los genera. Es más, al decir que “las diferentes ramas (de universos) nunca interactúan una con la otra después de haberse escindido” convierte a su teoría en pseudocientífica ya que la existencia de sus pretendidos universos paralelos jamás podría ser contrastada. De ahí que el destacado cosmólogo Lawrence Kraus llame a la teoría de Susskind “Teoría de Nada” y que el premio Nobel David Gross señale que “dado que no podemos refutarla, no es ciencia”.

Pasemos ahora a examinar la propuesta de Hawking y Mlodinow. En su obra El Gran Diseño (2010) estos autores se basan en el teorema matemático de “suma de historias” propuesto por Richard Feynman para derivar su hipótesis multiverso. Según explican Hawking y Mlodinow “el universo no tiene una sola historia sino todas las historias posibles” de modo que “nuestro universo no es el único, sino que muchísimos otros universos fueron creados de la nada”.

La arbitrariedad de la tesis de Hawking y Mlodinow es mucho más evidente que la de Susskind. Y es que el teorema de “suma de historias” de Feynman no es un teorema físico sino solamente un teorema matemático que utilizan los físicos para calcular la trayectoria más probable de una determinada partícula subatómica sacando el promedio estadístico de todos sus caminos posibles. El hecho de que Hawking y Mlodinow interpreten este artificio matemático de modo ontológico y postulen que todos esos caminos son igualmente reales, no implica que también tengamos que hacerlo. Dicha interpretación es gratuita y no hay motivo para aceptarla. Incluso más, se trata de una interpretación completamente caprichosa y anticientífica. En efecto, es como si Hawking y Mlodinow nos dijeran que para poder predecir el camino por el que irá una determinada persona de un punto A a un punto B debemos sacar el promedio estadístico de todos los caminos posibles y luego nos dijeran que esta persona realmente ha ido por todos los caminos posibles, solo que en otros universos paralelos que no podemos observar. Absurdo a todas luces. Así, pues, pareciera que el recurso al multiverso como explicación del orden y regularidad que observamos en el universo no es más que una salida desesperada con tal de rechazar el planteamiento teísta sobre la existencia de un Diseñador Cósmico. Es como si nos encontráramos con un majestuoso castillo de arena en la playa y en lugar de pensar que fue hecho por alguien, dijéramos que en realidad existe una cantidad inmensa de playas (inobservables, claro está) en las que el viento da diferentes formas a la arena, siendo que por casualidad le dio forma de castillo a la arena de la playa en la que estamos.

Una total necedad… Es obvio, por tanto, que lo que tiene más sentido, más poder explicativo, más plausibilidad y más coherencia es la existencia de un Diseñador Cósmico. En cambio la tesis multiverso en base a la Teoría M, al tener que multiplicar innecesariamente los entes para explicar lo mismo, viola el principio epistémico conocido como navaja de Ockham. Más todavía: en la actualidad no existe consenso entre los científicos sobre si la teoría M implica necesariamente una multitud de universos. Por ejemplo, el físico teórico Michael Duff, del Imperial College de Londres, dice: “Mi opinión personal es que no entendemos la teoría lo suficientemente bien como para poder decir si hay un único universo o una multitud de universos”. Y luego, refiriéndose a la obra de Hawking y Mlodinow, agrega: “Si Stephen (Hawking) quiere meter su cuello, le deseo buena suerte” . Adicionalmente, tenemos que la ya mencionada paradoja de los cerebros de Boltzmann pone directamente en jaque a la hipótesis multiverso.

En efecto, como explica William Lane Craig en su análisis de la propuesta de “multiversos inflacionarios” (con la que ahora especulan Andrei Linde y Alan Guth), si fuera por puro azar “el estado más probable para sustentar nuestras observaciones ordenadas es un incluso más pequeño ´ universo ´ compuesto de un solo cerebro el cual surge del desorden vía fluctuación térmica. Con toda probabilidad, entonces, existirías solo, y todo lo que observas a tu alrededor, incluso tu cuerpo físico, ¡es ilusorio! (…) Los cerebros de Boltzmann son mucho más abundantes en una colección de universos que los observadores ordinarios, y, por tanto, cada uno de nosotros debería pensar que es un cerebro de Boltzmann si cree que el universo es solo un miembro de una colección de mundos. Dado que esto parece una locura, este hecho desconfirma fuertemente la hipótesis de que hay un multiverso”

John Auping Birch, Una Revisión de las Te0-rias Sobre el Origen la Evolución del Universo,
Universidad Iberoamericana, México, 2009 J p. 395

Peter Woit Not Even Wrong, Basic Books, 2006, p 192 63 Citado por Peter Woit, Not Even Wrong, op. cit., P. . 260

Leonard Susskind, , The Cosmic Landscape, Ed Little Brown, New York, 2006, P. 317 67 Leonard Susskind The Cosmic Landscape, op. cit., p. 320.

Geoff Brumfiel, «Our Universe: Outrageous Fortune’ Nature, no 439 2006 Pp 10-12

Stephen Hawking and Leonard Mlodinow The Great Design, Ed. . Bantam Books, 2010, P. . 7

«M-theory: Doubts Linger Over God- less Multiverse» New Scientist September 14, 2010

Oración

Hemos experimentado, ¡oh Dios!, tu misericordia

Evangelio

San Juan 17:11-19
Yo ya no estoy en el mundo, pero ellos sí están en el mundo, y yo voy a ti. Padre santo, cuida en tu nombre a los que me has dado, para que sean uno como nosotros. Cuando estaba yo con ellos, yo cuidaba en tu nombre a los que me habías dado. He velado por ellos y ninguno se ha perdido, salvo el hijo de perdición, para que se cumpliera la Escritura. Pero ahora voy a ti, y digo estas cosas en el mundo para que tengan en sí mismos mi alegría colmada. Yo les he dado tu palabra, y el mundo los ha odiado, porque no son del mundo, como yo no soy del mundo. No te pido que los retires del mundo, sino que los guardes del Maligno. Ellos no son del mundo, como yo no soy del mundo. Santifícalos en la verdad: tu palabra es verdad. Como tú me has enviado al mundo, yo también los he enviado al mundo. Y por ellos me santifico a mí mismo, para que ellos también sean santificados en la verdad.

Palabra del Señor

¿de qué manera ejerce Cristo Cabeza su influjo vital en sus miembros vivos que permanecen unidos a El en esta vida por la gracia y la caridad?



POR LA FE.—San Pablo tiene en una de sus epístolas una expresión misteriosa. Dice que Cristo habita por la fe en nuestros corazones: Christum habitare per fidem ir. cordibus vestris (Eph. 3,17). ¿Qué significan esas palabras? ¿Se trata de una inhabitación física de la humanidad de Cristo en iiuestras almas, a la manera de la inhabitación de la Trinidad Beatísima en toda alma en gracia? Error grande sería pensarlo así.

La humanidad de Cristo viene precisamente a nuestras almas en el sacramento de la Eucaristía, pero su presencia real, física, está vinculada de tal manera a las especies sacramentales, que, cuando ellas se alteran substancialmente, desaparese en absoluto, quedando únicamente en el alma su divinidad (con el Padre y el Espíritu Santo) y el influjo de su gracia.

Y, sin embargo, es un hecho—consta expresamente por las palabras de San Pablo—que Cristo, de alguna manera, habita por la fe en nuestros corazones.

Santo Tomás, comentando las palabras del Apóstol, no vacila en interpretarlas tal como suenan: «Por la fe Cristo habita en nosotros, como se nos dice en Eph. 3,17. Y por lo mismo la virtud de Cristo se une a nosotros por la fe».

Estas últimas palabras del Angélico nos ofrecen la verdadera solución. Es la virtud de Cristo la que habita propiamente en nuestros corazones por la fe. Cada vez que nos dirigimos a El por el contacto de nuestra fe vivificada por la carida, sale de Cristo una virtud santificante que tiene sobre nuestras almas una influencia bienhechora.

El Cristo de hoy es el mismo del Evangelio, y todos los que se acercaban a El con fe y con amor participaban de aquella virtud que salía de El y sanaba las enfermedades de los cuerpos y de las almas: «virtus de illo exibat, et sanabat omnes» (Le. 6,19).

«¿Cómo, pues, podríamos dudar de que cuando nos acercamos a El, aunque sea fuera de los sacramentos, por la fe, con humildad y confianza, sale de El un poder divino que nos ilumina, nos fortalece, nos ayuda y nos auxilia? Nadie se acercó jamás a Cristo con fe y con amor sin recibir los rayos bienhechores que brotan sin cesar de ese íbeo de luz y de calor: virtus de illo exibat…».

El alma, pues, que quiera santificarse ha de multiplicar e intensificar cada vez más este contacto con Cristo a través de una fe ardiente vivificada por el amor. Este ejercicio altamente santificador puede repetirse a cada momento, infinitas veces al día; a diferencia del contacto sacramental con Cristo, que sólo puede establecerse una sola vez al día.

TEOLOGÍA DE LA PERFECCIÓN CRISTIANA POR EL RVDO. P. FR. ANTONIO ROYO MARÍN, O. P